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Infantino: ¿sí o no? El Mundial llegó y la postura del presidente de la FIFA sobre los cuestionamientos a Catar pareció no definirse. Hace unas semanas instó a las selecciones a centrarse en el fútbol y dejar de lado la política, luego hizo un llamado para frenar la guerra entre Ucrania y Rusia mientras se desarrollaba el campeonato y hace unas horas afirmó que Europa debería mirar primero su doble moral antes de juzgar las creencias y las costumbres del pueblo catarí.
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No es la primera vez que un Mundial se realiza bajo la presión del contexto político o social. Pasó en 1934 con el Mundial de Italia bajo la dictadura de Benito Mussolini, también en el de Argentina 1978 con la dictadura de Jorge Videla. Más allá de regímenes, cada uno de estos torneos ha tenido escándalos relacionados con corrupción que dejan entrever que el dicho de “El fin justifica los medios” se convierte en premisa para realizar un campeonato de esta envergadura.
Un Mundial con denuncias por muertes de trabajadores migrantes, por violaciones de Derechos Humanos, por discriminación contra la comunidad LGBTI y contra las mujeres. A Catar le sobran críticas y cuestionamientos por sus creencias y sus costumbres, por todos los escándalos que se han intentado tapar en nombre del fútbol. ¿La pelota manchada? Parece que sí. Las negociaciones también entre los dirigentes de la FIFA y los mandatarios de Rusia y Catar también dejan ver que la designación de estos países como sedes tuvo compromisos que traspasaron al deporte e incluyeron intereses políticos y económicos.
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“Desde mi punto de vista, atribuir el Mundial a Catar fue simplemente un error. Para mí, el país era demasiado pequeño, es tan grande como un cantón acá, en Suiza. El primer problema que apareció entonces fue el clima”, reconoció Joseph Blatter, que fue presidente de la FIFA cuando se designó a Catar como sede para el Mundial de este año, y quien fue protagonista del FIFAgate, el caso de corrupción más grande hasta ahora en el máximo ente del fútbol internacional.
La FIFA concedió la organización de los Mundiales de Rusia 2018 y Catar 2022 el 2 de diciembre de 2010, “para tratar de asociar a Rusia y Estados Unidos”, recuerda Blatter, presidente del ente de 1998 a 2015. “Había un consenso en el seno del comité ejecutivo de la FIFA”.
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A medida que se fue acercando el Mundial, los cuestionamientos sobre su realización fueron creciendo. ONG’s, dirigentes, futbolistas y aficionados del fútbol se pronunciaron a lo largo y ancho del planeta para rechazar a Catar. Protestas de todo tipo se vieron en las ligas del mundo. Banderas de hinchadas llamando a un boicot, declaraciones de jugadores y selecciones que hacían un llamado a defender los Derechos Humanos se vieron en los últimos meses. Tras esa avalancha de contradictores y rechazos, la FIFA publicó hace dos semanas una carta en la que decía: “Portan sobre sus hombros las esperanzas y los sueños de su nación y de sus habitantes (...) Así que, por favor, centrémonos en el fútbol ahora”, instaron Gianni Infantino y Fatma Samoura, presidente y secretaria general de la institución, respectivamente.
“Sabemos que el fútbol no vive en el vacío y todos somos también conscientes de los numerosos retos y dificultades de naturaleza política en el mundo. (...) Pero, por favor, no permitan que el fútbol sea arrastrado en cada batalla ideológica o política”, decía el documento.
Sin embargo, dos semanas para acá las declaraciones de Infantino fueron cambiando. Lejos del llamado que hizo a las selecciones, el presidente de la FIFA parece que decidió cambiar de opinión. Primero, invitó a las naciones de Rusia y Ucrania a frenar la guerra que está cerca de cumplir un año. “Mi llamado a todos ustedes es que valoren un alto al fuego temporal de un mes mientras dure la Copa del Mundo”, declaró durante un almuerzo con los dirigentes del G20. “No somos tan ingenuos como para pensar que el fútbol puede resolver los problemas del mundo”, sentenció.
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Y ayer, en rueda de prensa, sus afirmaciones subieron de tono: “Las críticas por el Mundial son hipócritas. Por lo que los europeos hemos hecho durante los últimos 3.000 años deberíamos estar pidiendo perdón los próximos 3.000 antes de dar lecciones de moral a los otros. Estas lecciones de moral son simplemente hipocresía”.
A los señalamientos por los trabajadores migrantes, respondió diciendo que: “Hoy me siento catarí, hoy me siento árabe, hoy me siento africano, hoy me siento gay, hoy me siento discapacitado, hoy me siento un trabajador migrante. (...) Esto me recuerda mi historia personal porque soy hijo de trabajadores migrantes. Sé lo que quiere decir ser discriminado, ser acosado como extranjero. Como niño fui discriminado (en Suiza) porque era pelirrojo, porque tenía pecas, era italiano, hablaba mal el alemán”.
También agregó: “Entre las grandes empresas que ganan miles de millones en Catar, ¿cuántas se han preocupado por la suerte de los trabajadores migrantes? Ninguna, porque un cambio en la legislación quiere decir menos ingresos. Nosotros lo hemos hecho”, señaló. “¿Por qué nadie reconoce este progreso?”.
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“La política es dinámica”, dicen algunos. Y la vida incluso también lo es. Infantino está en su derecho de cambiar de opinión, pero no deja de ser interesante el cambio de discurso de unas semanas para acá. Negar la relación de la política con el fútbol parece ser terquedad. Al ser tan popular, el fútbol suele ser una tentación para el poder, para legitimar en medio de su euforia decisiones que benefician económica y políticamente a una nación. Ignorar los problemas que eso puede traer es hacerle daño al deporte, es manchar la pelota y de paso seguir sumando escepticismo a la política actual, que si de algo carece es de apoyo y de confianza por parte de los ciudadanos del mundo.
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