El último baile de Kobe Bryant

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Hace un año, como premonición de una terrible temporada para el deporte mundial, falleció en un accidente aéreo la leyenda del baloncesto junto con su hija Gianna y siete personas más. Así fue su partido del adiós.

Balón al aire: juegan Los Ángeles Lakers contra Utah Jazz. Es el último encuentro de la temporada regular antes de los Playoffs de la NBA en 2016. No hay nada importante en juego, los Lakers están eliminados, pero el estadio está a reventar para ver el último partido de su gran estrella: Kobe Bean Bryant, la Mamba Negra”.

Kobe toma el balón, el público enloquece. Avanza el reloj, pero Bryant no consigue anotar, todos están ansiosos. Minuto cinco: Mamba, en una excelente jugada defensiva, realiza un tapón y en la vuelta al campo contrario hace su primera canasta de la noche. Después llegan otras cinco seguidas. Entró en una buena racha.

Una tendencia que lo acompañó durante toda su carrera con un saldo de cinco títulos de la NBA, dos medallas de oro olímpicas, 18 veces all-star, 11 veces incluido en el mejor quinteto de la Liga y nueve veces en el mejor quinteto defensivo. Cuarto jugador con más puntos de la NBA (33.643) y mejor basquetbolista de la Liga (MVP) en 2008.

Termina el primer cuarto. Después de las primeras canastas, Bryant empezó a fallar todos sus tiros. El comentarista Hubie Brown dice: “Probablemente no meta 50 puntos esta noche, pero lo intentará 50 veces, eso es seguro”.

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Todos saben de lo que es capaz porque es una leyenda del deporte. Antes de empezar el encuentro, sobre la mitad de campo de juego, del techo cayó una tela gigante y blanca. En ella, se reprodujo un video de las mejores jugadas de Mamba y al terminar apareció en el escenario Earvin “Magic” Johnson, uno de los mejores jugadores de la historia de la NBA.

Johnson dijo que había venido a homenajear a la estrella más grande que ha vestido la camiseta de Los Ángeles Lakers, por encima de Kareem Abdul-Jabbar, e incluso, de él mismo. Kobe Bryant se apena y tapa su rostro con la toalla mientras sonríe en el banco.

“Les voy a decir un dato increíble: Kobe ha anotado 25 veces más de 50 puntos, cinco veces más de 60 y todos sabíamos dónde estábamos ese día en que anotó 81 puntos”, culminó Johnson. El público aplaudió de pie y las dos estrellas se abrazaron.

De vuelta al partido. Comienzan los segundos doce 12 minutos. Kobe no está en cancha, tiene que descansar porque viene de una lesión que no lo dejó jugar regularmente en los últimos tiempos. Se prepara para entrar al minuto 6:38 y los fanáticos lo ovacionan de pie.

Bryant no se rinde, así fue toda su vida, trabajador y obsesionado por el baloncesto. El escolta de los Lakers cuenta que a los tres años su padre le puso una pelota en sus manos y le dijo: “Ahora depende de ti”. Y a partir de ese momento entendió que tenía que esforzarse para ser el mejor. Desde su infancia, en su natal Filadelfia (Estados Unidos), nunca soltó el baloncesto. Con seis años grababa en VHS las mejores jugadas y partidos de los Lakers, el equipo de sus sueños.

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No cambió ni cuando su familia se mudó a Italia antes de su adolescencia. Allá todos los niños jugaban al fútbol, él incluido porque le gustaba, pero cuando sus amigos se iban, Mamba se quedaba cinco o cuatro horas jugando al basquetbol, que siempre que fue la gran razón que motivó su existencia.

Cuando terminó la secundaria no fue a la universidad. Era un talento tan puro, que sin ser mayor de edad lo llamaron para estar en el draft de la Liga y fue escogido en la decimotercera posición. Lo eligieron los Charlotte Hornets, pero allá solo jugó un partido porque el entrenador Dave Cowens no lo quería en el equipo y lo traspasó de inmediato a los Lakers, cuadro que no dejaría nunca en sus 20 años de carrera. El lugar en donde se convirtió en uno de los más grandes de la historia.

Tercer cuarto, los Lakers pierden 57 a 42, pero Mamba ha despertado. Empieza a driblar rivales y anotar cestas de tres y de dos puntos. Sobre el minuto 10 anota seis puntos en menos de 53 segundos. Está desquiciado, roba pelotas, intercepta balones y hace varias canastas; todo lo que le pasan. Hubie Brown rectifica su comentario: “Dije que iba a intentarlo, pero ahora creo que en serio va a conseguir los 50 puntos esta noche”.

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Último cuarto. Hasta el momento la figura de los Lakers ha anotado 37 puntos y el resto del equipo 29, pero todavía quedan los últimos 12 minutos de Kobe en cancha, los últimos de su carrera. La cámara apunta todo el tiempo a su familia. A su esposa Vanessa y a sus hijas Natalia y Gianna, la más emocionada de todas. Su padre dijo en una entrevista que a ella le encanta el básquet: es evidente porque con cada punto de Mamba se enloquece.

Los Lakers están abajo por 11 puntos y empieza un nuevo show de Bryant, el final. 9:32: hace un triple para 40 puntos. El cronómetro marca 8:59 y sale con otro para 43. En su partido de despedida, Jordan Crawford hizo 41 puntos y tenía el récord, pero Kobe se lo acaba de quitar. Gianna lo festeja a rabiar.

Tiempo muerto, el entrenador le pregunta a Kobe: “¿todavía tienes siete minutos en las piernas?”, y Mamba le responde que por supuesto. Quedan cinco en el cronómetro, logra una cesta. Quedan tres, hace otra. Quedan dos, vuelve y encesta. Queda 1:45, necesita una más para superar los 50 y, por supuesto, la logra.

La gente no para de gritar. Mamba sigue de largo. Los Lakers igualan el partido después de ir perdiendo en todos los cuartos. Bryant no se esconde, en su último minuto de NBA hace nueve puntos y logra una marca de 60. Los Lakers ganan 101-96. En su última noche, Kobe Bryant hace historia.

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El estadio se tambalea de los saltos y festejos de los aficionados. Los compañeros de Kobe corren para abrazarlo. El cronómetro se detuvo faltando cuatro segundos, pero ya solo importaba festejar la leyenda de Bryant. El homenajeado tomó el micrófono y le agradeció a la gente de Los Ángeles. Dice que no puede creer que hayan pasado 20 años y que en todo ese tiempo estuvo en el equipo de sus sueños. “¡No puedes escribir algo mejor que eso!”, dice Bryant y se despide besando sus dedos, elevándolos al aire y diciendo: “Mamba out (Mamba fuera)”.

En su discurso también le agradeció a su familia por aguantar, y a su esposa por sostenerlos a todos. En los últimos años de su vida, precisamente, a eso se dedicó Kobe, a sus hijas. En especial a Gianna, que quería seguir sus pasos y jugar al baloncesto. Fue de camino a un partido en el que ella iba a jugar cuando se estrelló el helicóptero que los transportaba. Murieron ellos, el piloto, el entrenador del equipo, las compañeras de Gianna y sus familiares.

El accidente ocurrió porque quien manejaba el aparato no evaluó las condiciones climáticas de ese 26 enero y la niebla que había impedía la visual.

Esa última noche en 2016, cuando el partido terminó, Kobe se acercó a su hija y la miró a la cara. Ambos se gruñeron, chocaron sus dos puños, se mandaron cada uno las manos a la boca y lanzaron un beso al aire. Era un saludo particular que tenían y que quedó consignado en las imágenes de esa noche.

Antes del juego, la televisión emitió una entrevista con Kobe Bryant. Al final le preguntaron qué sentiría después de su retiro del baloncesto. Y la Mamba Negra respondió que tranquilidad, paz y alegría del trabajo que había hecho durante 20 años, pero antes de terminar la frase se tomó un momento, pensó, sonrió y dijo: “Sentiré que estoy listo para partir”.

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