La determinación de Caterine Ibargüen

La atleta colombiana logró su primera medalla de oro en la prueba de salto triple en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.

aterine Ibargüen se coronó campeona de salto triple en los Juegos Olímpicos. Foto: EFE

Después de salir de Londres con la medalla de plata en la prueba de salto triple la ilusión de Caterine Ibargüen fue una sola. Ganar el oro en Río de Janeiro. Para eso se preparó. Lo demostró en los últimos cuatro años, en los que tuvo una seguidilla de 34 victorias consecutivas en sus competencias. Ganó Liga Diamante y se coronó campeona en los Mundiales de Atletismo de Moscú 2013 y Beijing 2015. De a poco se fue consolidando. Su determinación fue tan grande, que se convirtió en la mejor en salto triple. No tuvo rival.

Su entrenamiento fue duro. En San Juan, Puerto Rico, junto a su entrenador, Ubaldo Duany, se fortaleció tanto mental como físicamente. Siete horas de entrenamientos diarios con un solo objetivo: mejorar su técnica en cada salto para superarse. “Compito contra mí misma”, repitió constantemente en las diferentes entrevistas que le hicieron. Y así fue. Cuando estuvo en todo su potencial nadie pudo vencerla. Solamente no ganó en una de las 38 pruebas en las que compitió desde los Juegos Olímpicos de Londres. La parada de Birmingham de la Liga Diamante.

Pero más que la derrota, esa competencia le sirvió a Caterine Ibargüen para aprender. Para saber que es humana, que también puede perder en el salto triple. Pero eso sí, nunca hubo preocupación por ese resultado, según Duany la antioqueña “saltó lo que tenía proyectado y perdió. Lo que hicimos después de la competencia fue analizar lo ocurrido y aprender de los errores para no cometerlos en el futuro”. Así mismo lo comprendió Ibargüen. “He aprendido tanto de las victorias como de las derrotas, cada competencia deja nuevas enseñanzas. Todo esto lo aplico en los entrenamientos para ir mejorando día a día. Lo que pasó en Birmingham me da motivos para seguir mejorando y darme cuenta que Caterine Ibargüen no es invencible”, dijo.

Y así llegó a Río de Janeiro, con una mentalidad dorada. No quería nada más, sino irse con la única victoria que le hacía falta a su carrera. Era para lo que se había preparado. Tanta fue su concentración que no habló con los medios antes de la prueba. “Hablaré todo lo que quieran después de la prueba”, dijo a los periodistas a su llegada al aeropuerto Santos Dummond. El estadio olímpico Joao Havelange, que se colmó para ver coronar a Usain Bolt en la final de la prueba reina del atletismo en los Juegos Olímpicos: los 100 metros. Tuvo un plato de entrada de lujo en el que la colombiana fue protagonista.

Se impuso con un salto de 15.17 metros. Con la última gota de energía. Con un grito se sacudió los nervios y después de ocho pasos lentos inició su carrera. Los tres saltos fueron perfectos para lograr superar la marca de los 15 metros, algo que no se lograba desde Beijing 2008 cuando la camerunés Francoise Mbango Etone impuso récord olímpico (15.39). La competencia la inició liderando la campeona olímpica de la prueba en Londres 2012, la kazaja Olga Rypakova con un registro de 14.73, pero no se mantuvo allí por mucho tiempo. En el segundo intento, Ibargüen la destronó con un inalcanzable 15.03. Aunque la venezolana Yulimar Rojas metió presión con un salto de 14.98, Caterine respondió con su mejor marca de 2016 (15.17m), que bañó de oro las ilusiones de una deportista que ha dominado a placer el salto triple. 

El oro de Caterine, el primero que obtiene Colombia en una prueba de atletismo en unos Juegos Olímpicos, es producto de ese plan y de la determinación que caracterizó a la colombiana en los últimos años. Esa misma que la llevó a superarse como persona y como deportista. Su palmarés es inigualable. Sólo tiene pendiente un récord que no la trasnocha. “El oro olímpico sería la cereza en el pastel para mi carrera”, le dijo a El Espectador la atleta, nacida en Apartadó el 12 de febrero de 1984. Ese sueño lo cumplió en Río de Janeiro, donde hoy se ubicó en el olimpo del salto triple.