María Camila Osorio, la joya del tenis colombiano

Con 16 años, esta nortesantandereana es una de las jugadoras con más proyección en nuestro país. En lo que va de la temporada ya ha ganado tres títulos juveniles.

María Camila Osorio, tenista colombiana. / Cortesía

La vida de María Camila Osorio Serrano es una suma de momentos. Unos trascendentales, otros imperceptibles. Por ejemplo: no querer practicar patinaje luego de ver a una niña llorando en el patinódromo de Cúcuta tras una caída. “Huy, no, papi, yo no quiero ese deporte”. Más adelante aprendería que ese verbo, caer, está presente en cualquier actividad física, hasta en la competencia de alto rendimiento. Y ese día apareció otro momento, el fundante, el que cambió todo. “Vimos una pancarta de la academia de Édgar Muñoz y, como él había sido el entrenador de Fabiola Zuluaga, fuimos a inscribir a la niña”, rememora Adriana, mamá de la jugadora que el fin de semana pasado ganó el Asunción Bowl, torneo ITF que se llevó a cabo en Paraguay.

Tenía seis años y sus papás le compraron una raqueta gris, sin marca, sencilla, funcional, pesada. Y en menos de cinco meses ganó su primer torneo, la Copa Masters Kids en Medellín, frente a niñas mayores que ella, con las ganas de participar y, después, con la satisfacción de ganar. “No se quedaba quieta y, como en la familia somos deportistas, creímos que era la mejor manera de canalizar la energía”. (Lea aquí: Título por partida doble para Colombia)

La anterior respuesta toma más fuerza al saber que María Camila es nieta de Rolando Serrano, uno de los 22 jugadores que hizo parte de la selección de Colombia dirigida por Adolfo Pedernera en el Mundial de Chile 1962; que su papá, Juan Carlos, estuvo en las divisiones inferiores del Cúcuta, y que su hermano, Juan Sebastián, es el capitán de Fortaleza F.C., equipo de la segunda división del fútbol nacional.  “Así concebimos la vida, así se vive mejor”, dice Adriana, que en esta ocasión la acompañó al sur del continente durante todo el torneo. Porque mientras su hija le pega a la pelota en la cancha, ella tiene que camuflar sus emociones, evitar que su rostro divulgue lo que está sintiendo y conservar la calma, la mirada serena. “Ella me toma como punto fijo y luego de cada punto me busca con los ojos. Creo que eso le da seguridad y si no me ve firme, se desespera”.

Pero así como María Camila encontró el tenis siendo muy pequeña, también hay otras cosas que aprendió tarde, como montar en bicicleta. “Practicó con mi esposo un par de días en un parque que queda al frente de nuestra casa, y luego de la segunda vez, le quitamos las ruedas auxiliares y pudo mantener el equilibrio”. Osorio es una joven afable, calmada, de ritmos mansos, alegre, amistosa y extrovertida. El temperamento lo expresa cuando tiene que correr en la cancha, cuando debe ser agresiva, tomar la iniciativa, impactar la bola en el punto más alto y asfixiar a la rival.

“Mucha gente piensa que por ser de Cúcuta es brava, malgeniada, terca, pero no. Es todo lo contrario, una persona muy dulce, cálida y muy respetuosa”. A Adriana le cuesta recordar qué le saca el mal genio. De hecho, hace una pausa prolongada y solo retoma la charla con un “es que solo se la pasa sonriendo”. Más adelante hay clarividencia. “Cuando le prohíben comer chocolate. Ahí sí se pone brava. Pero no refuta porque sabe que tiene que cuidar su dieta para poder estar en forma”.

Osorio ha entendido que en un deporte individual, en el que la comunión consigo misma es vital para sobrevivir a la disputa, valga la redundancia, con ella misma, no hay que tenerle miedo a perder para merecer ganar. Las derrotas de años anteriores curtieron el carácter, transformaron su juego y por eso hoy en día es la número seis del mundo en el escalafón ITF, con 804,38 puntos, la mejor latinoamericana en el ranquin juvenil. “Se lo merece por hacer del tenis su opción de vida”, concluye Adriana, de manera delicada para hablar sobre alguien aún más tierna: María Camila Osorio.

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