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“El aeropuerto Eldorado será tan eficiente como el Gobierno lo decida. Y es un cuento chino pensar que el tamaño del terminal lo hace más o menos eficiente, cuando es el sistema de aeronavegación el que permite que más aviones estén en el aire que en tierra”.
Eso dice Juan Pulido, gerente de la concesión Opaín, un paisa que desde la puja por la licitación de Eldorado ha estado con las botas puestas al frente de la modernización del terminal más importante del país, y quien abrió las puertas de esta megaobra para permitir escudriñar cada uno de los rincones de los 180 mil metros cuadrados que tendrá el T2 y de esta forma mostrar que el aeropuerto no es tan “pichurria” como lo han querido encasillar.
Lo dice porque, como él mismo aclara, hay que desmitificar la preocupación de los “expertos sin título” que han advertido al país de que el aeropuerto de Bogotá se quedará pequeño antes de que esté concluido en 2014, teniendo en cuenta que deberá ser entregado el 29 de junio próximo a la Aeronáutica Civil.
Las obras de esta primera fase, en la que trabaja un ejército de obreros día y noche, incluido Pulido, persiguen un solo objetivo: tener a punto el terminal que deberá iniciar operaciones el 5 de agosto y que hoy se encuentra en un 70%. “Si bien todo el mundo está esperando el 29 de junio, cuando contractualmente se deben entregar las obras del hito 6, para que se solucionen los problemas del caos aéreo que vive Eldorado, quiero señalar que esto no depende de la concesión, sino que se encadenan cinco elementos en los que deben participar varios actores, entre ellos nosotros”, señaló.
El primer elemento al que se refiere Pulido es el tráfico aéreo, responsabilidad de la Aerocivil. Para solucionar este obstáculo se requiere de tecnología de punta que permita disminuir los tiempos de decolaje y aterrizaje, que sólo la torre de control está autorizada a resolver. Aparecen las pistas, aquellas que tienen entre 38 y 50 operaciones por hora, de las mil que se realizan a diario en Eldorado, pero que deberían funcionar las 24 horas del día.
Las plataformas hacen parte de este engranaje, porque deberán estar listas en 2014. “Para esa fecha serán 69 posiciones las que tendrá el aeropuerto, de las cuales 33 serán de contacto (con muelles de abordaje) y las otras remotas (que requieren de una escalera portátil) y más espacio para que los aviones pernocten”, cuenta el directivo.
Los terminales son pieza clave para brindar confort a los viajeros y por eso se dispondrá de 60 quioscos de autochecking, 68 posiciones de chequeo, 45 puestos de emigración y 15 puestos de control de seguridad. “A esto se suma el reto de mantener operativo Eldorado, un aeropuerto que está en obra, y una adecuada transición de las aerolíneas, comerciantes, autoridades y pasajeros al nuevo terminal”, añadió Pulido.
Así, el aeropuerto dividirá la operación de llegada y salida a través de un viaducto, el cual podría estar concluido antes del 29 de junio, reduciría el flujo de pasajeros y descongestionaría la operación diaria.
Los objetivos aéreos
Con las obras de Eldorado, que se estiman en US$1.000 millones, el país busca escalar posiciones, es decir, repuntar la estadística mundial que lo sitúa en el puesto 69. En movimiento de pasajeros, está en el lugar 63, mientras que en carga aparece en la posición 30, teniendo en cuenta que es el primero en carga y el tercero en pasajeros en la región.
Advirtiendo que no quiere usar el retrovisor, Pulido señala que en los cinco años que Opaín lleva frente a la concesión ha puesto al día al aeropuerto y al país en mantenimiento, infraestructura y operación, más de lo que hicieron anteriores administraciones en 30 o 40 años. Hoy tenemos un reto que irá hasta el final de la concesión en 2027.
En la estructuración y montaje de las bandas transportadoras y posiciones de chequeo, la concesión no escatimó en gastos y contrató a las mejores empresas para el desarrollo de estos procesos, sostuvo el gerente de la concesión. Y desvirtuando a los que creen que Eldorado requiere una tercera pista, Pulido considera que lo que el país necesita es que se pueda avanzar en la búsqueda de una licencia ambiental que permita la operación de las dos pistas durante las 24 horas del día, lo que pondría al terminal en condiciones similares a las del aeropuerto Heathrow de Londres.
Pulido recalca que los aviones son más silenciosos cada día. Prueba de ello es el A380. Quienes han tenido la oportunidad de ver despegar un monstruo de estos han comprobado que el ruido en las cabeceras de las pistas, cerca a las viviendas, es cada vez menor.
Pero mientras llega el momento de entregar las obras a la Aerocivil, el batallón de trabajadores tendrá 116 días con sus noches para dar los últimos detalles al nuevo T2, el cual reemplazará al actual terminal, que deberá ser demolido en octubre de 2013. “Ese 29 de junio sólo será el punto de partida de un proceso de transición para llegar de la mejor forma al 5 de agosto, cuando tenemos proyectado iniciar las operaciones en el nuevo terminal internacional”, señala.
Los incrédulos pueden estar tranquilos: el aeropuerto no se quedará pequeño. Para ello hay que actuar de inmediato y mejorar la aeronavegación y las radio ayudas, puntualizó Pulido.