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El 20 de julio, una misión comercial encabezada por la presidenta de Procolombia, María Claudia Lacouture, estará en Angola, África, buscando opciones de negocio para sectores como el agroindustrial y el manufacturero, así como para los empresarios que fabrican prendas de vestir.
Más allá de la herencia africana que hay en las costas nacionales y los ritmos que se formaron con la llegada de los afrodescendientes a tierras americanas, Colombia y Angola tienen más cosas en común de lo que cualquiera podría imaginar. Además, los procesos históricos vividos por ambos países dejaron enseñanzas que pueden ser compartidas.
Este país, ubicado en el sur de África, está envuelto en una serie de contrariedades generadas por haber padecido una guerra civil durante más de tres décadas, una de las más extensas de ese continente, generada por una sucesión de choques entre bandos por el control de una nación que se encaminaba hacia la independencia.
En medio del conflicto, según dice el profesor de la Universidad Agostinho Neto, Manuel Nunes Júnior, en un documento realizado por la Embajada de Angola en España, la economía alcanzó un nivel de inflación acumulada anual de 3.000% en 1996, cuando las balas seguían siendo el único medio para solucionar las diferencias políticas.
La añorada paz trajo consigo una recuperación que hoy tiene a ese país con unos índices de crecimiento que la ubican como la tercera economía de África y el importador número 70 del mundo.
Sin embargo, a pesar de ser uno de los mayores productores de petróleo de ese continente después de Nigeria (superó el millón seiscientos mil barriles en abril, según la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP), también anualmente mueren 14 personas por cada mil habitantes, una de las tasas de mortalidad en este nivel más alta en el mundo, registran las cifras del Banco Mundial.
La responsable de nutrición del Ministerio de Salud de Angola, María Futi Tati, le dijo a Bloomberg que el gobierno espera reducir a menos del 10% la desnutrición crónica en niños menores de cinco años, que a 2007, las cifras más recientes, llegaba al 29%.
Similitudes entre ambos países existen: Colombia avanza en un proceso de paz para dar solución a un conflicto de más de 50 años, es el cuarto país con mejores perspectivas de crecimiento (3,4%) en 2015, en Chocó un niño tiene el doble de posibilidades de morir y La Guajira es una de las zonas con los índices más altos de desnutrición global, con una prevalencia del 11,2%, según la última Encuesta Nacional de Salud y Situación Nutricional.
En ese contexto cabe la pregunta: ¿por qué habría que apostarle a exportar productos colombianos a Angola?
Lacouture asegura que “es la puerta de entrada al mercado africano y uno de los países con el mayor crecimiento económico del continente. Entre 2001 y 2010 su Producto Interno Bruto tuvo un crecimiento medio del 11,1%, el primero del mundo. Además, en 2014 el PIB creció un 3,9% y las compras internacionales un 13%, llegando a US$24.963 millones”.
Explica la presidenta de Procolombia que el mercado nacional tiene los productos que demanda la población africana. “Identificamos oportunidades de negocios con herramientas, maquinaria industrial, productos químicos, artículos de dotación de hogar, autopartes y motopartes, tejas, baldosas y losas, envases y empaques plásticos, y medicamentos genéricos”.
Claro está que no solamente es necesario tener los productos que solicita ese mercado, también existen unas metas a cumplir para lograr competir en un país en el que la lista de socios comerciales está encabezada por China, Estados Unidos, Corea del Sur, Brasil y Reino Unido.
El Espectador consultó a los representantes de tres sectores que tienen potencial para ese mercado, el mismo que será visitado el próximo mes por la misión comercial del Gobierno para conocer cuáles son sus perspectivas.
Carlos Eduardo Botero, director de Inexmoda, el centro de pensamiento más importante de la moda en Colombia, considera que “en el caso del sector textil todavía hay muy poca información, pero por la incursión que han hecho otros sectores en los países africanos sabemos que están en crecimiento y aumentando su consumo. No veo como una idea descabellada explorar estos mercados. Creo que esto tomará tiempo y es fundamental establecer cuáles son las barreras arancelarias y no arancelarias para exportar a esos países”.
Cálculos de Procolombia, apoyados en cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), muestran que el sector prendas (en el que están las confecciones, manufacturas de cuero y cueros en bruto y preparados) logró poner, entre 2010 y 2014, más de US$200 millones.
El de autopartes es otro de los que la entidad de promoción ve con grandes posibilidades para participar en Angola. El presidente de Asopartes, Tulio Zuluaga, manifestó que “ese sector está siendo muy bien atendido por Brasil. Además, a ellos les queda más fácil exportar hacia los países africanos. Nosotros estamos comercializando con muchos mercados de una forma competitiva y con un excelente producto. Sabemos de la competencia que vamos a tener allá, pero las baterías, cables de alta, amortiguadores, suspensión y motores forman parte de nuestra gama y podría ser de gran interés allí. Exportar a África no es solamente bueno, sino necesario, porque la industria nacional necesita salir a vender, sería una excelente oportunidad”. Los manufactureros en los últimos cuatro años exportaron US$2.414.661 FOB.
Para el presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), Rafael Mejía, “es necesario tener claras las condiciones del intercambio, porque puede existir la demanda y la oferta pero, por ejemplo, el caso de Venezuela: el manejo financiero que dan los empresarios es que solamente se despacha cuando ha sido consignado el valor de la mercancía. Todos los mercados son importantes porque nosotros todavía tenemos una gran concentración en Estados Unidos y la Unión Europea de los productos agropecuarios”.
El fortalecimiento de un canal comercial, que empezará el otro mes, también debería ser aprovechado para entender por qué dos países con condiciones tan cómodas en materia de recursos naturales y que despiertan el interés en el escenario económico internacional siguen sin resolver el problema más importante de una nación: las necesidades de su gente.
Por Óscar Güesguán Serpa
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