Desde mediados del año pasado se viene cocinando un negocio que podría marcar un antes y un después en la industria de las telecomunicaciones en el país: la multinacional Millicom se quiere quedar con la totalidad de Coltel (Movistar) y UNE EPM Telecomunicaciones (Tigo).
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Hace poco se supo que Millicom logró firmar un acuerdo definitivo de compraventa con quienes hoy tienen la mayor participación accionaria de Movistar en Colombia (Telefónica). Esta eventual transacción rondaría los US$400 millones y sería por el 67,5 % de las acciones, ya que el 32,5 % restante le pertenece a la nación (y a un muy pequeño grupo de accionistas que tiene el 0,001 % de los títulos).
Al país también se le ofreció la misma cantidad por acción que se acordó con Telefónica, lo que implicaría unos US$192 millones (poco menos de $800.000 millones). Sin embargo, el Ministerio de Hacienda podría rechazar la oferta o contraofertar. Aún no se conoce una postura oficial al respecto.
Algunas fuentes consultadas por este medio consideran que no tiene sentido que la nación venda por ese valor su participación, pues no hay que perder de vista que Movistar es el segundo operador más grande del país; mientras que otras coinciden en que, por la presión fiscal que experimenta el Gobierno, es altamente probable que ceda y acepte el negocio (y más cuando el sector de las telecomunicaciones viene consolidando años de complejidad financiera, en donde sostener una compañía como estas, en el corto plazo, es más un gasto que un ingreso).
Para entender el negocio con Tigo hay que tener en cuenta que la mitad de las acciones las tiene Millicom, mientras que la otra mitad la tiene Empresas Públicas de Medellín (EPM). Lo que busca la multinacional es comprarle la participación accionaria a su socio, para así quedarse con la totalidad. Aún no se conoce el monto que ofrecería por esta compra, pero en su más reciente comunicado precisó que el precio por acción resultaría de “aplicar un múltiplo de valoración comparable al que implica la adquisición de Coltel”. En otras palabras, se emplearía una fórmula similar a la que usaron para valorar a Movistar Colombia.
En suma, Millicom planea quedarse con la totalidad de Movistar y Tigo, fusionarlas y crear un gran operador.
El negocio depende de la SIC
Aun si todos estos astros se alinean y Millicom recibe una respuesta positiva a sus intenciones de compra, la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) tiene la última palabra para autorizar o impedir este negocio. Esto es clave, pues parte de la misionalidad de la SIC es garantizar que este tipo de fusiones no generen prácticas monopólicas ni perjudiquen la libre competencia. Ese proceso ya está andando, pues el 19 de diciembre de 2024 se le presentó la solicitud a la SIC, pero el 9 de enero de este año la autoridad informó que no había podido avanzar con la evaluación por una demora en el trámite en el que han incurrido Tigo y Movistar.
“La Superintendencia, al hacer el estudio formal del escrito de preevaluación y de sus anexos, identificó que la información presentada no estaba completa. Por esta razón, el 24 de diciembre de 2024, la entidad formuló requerimiento de información a las empresas intervinientes”, comunicó en su momento el ente de supervisión. La información requerida incluyó aspectos como el detalle de la operación planteada y los mercados relevantes, entre otros necesarios para hacer un análisis adecuado de la solicitud. El plazo para presentar esa documentación venció el 24 de febrero, por lo que se entiende que se logró superar dicho trámite, dado que el proceso de evaluación continúa, a la espera de que se publique el inicio del procedimiento, para que terceros puedan aportar las pruebas o elementos de juicio que se consideren relevantes para ser analizados.
La recomposición del mercado
Claro es, de lejos, el operador con mayor cantidad de usuarios en Colombia. Según cifras de la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC), con corte a septiembre del año pasado, tenía 40,59 millones de líneas en el segmento de telefonía móvil, lo que implica un 45 % de participación del mercado. Tal es el protagonismo de Claro, que la CRC lo ha declarado operador dominante. Su poder es tan significativo en el mercado, que podría influir en los precios y condiciones del servicio, así como en la operación de su competencia. Por eso es objeto de una mayor supervisión de la autoridad para que no abuse de esa posición.
El segundo operador más grande en Colombia es Movistar, con una base de 20,79 millones de líneas en telefonía móvil, lo cual le da una participación cercana al 23 %. El tercero es Tigo, con 15,98 millones de líneas, lo que se traduce en un pedazo de la torta del 18 %. Si se integran exitosamente Movistar y Tigo, la suma de sus usuarios resultaría en más de 36 millones de líneas, lo que implicaría una participación en el mercado de poco más del 40 %, muy cerca de Claro. En otras palabras, si este nuevo operador logra quitarle más de cuatro millones de usuarios a su principal competidor se consolidaría como el nuevo líder de las telecomunicaciones en Colombia.
¿Buenas noticias para los usuarios?
Más allá de lo que pase con este juego de tronos, lo que les importa a los usuarios es si esto los beneficiará o no. Esa evaluación le compete a la CRC, pues mientras la SIC evalúa si esta integración puede afectar al mercado, a esta entidad le corresponde hacer ese ejercicio con los usuarios. Según lo explicado a El Espectador por Lina María Duque, directora de la CRC, el hecho de que prácticamente 90 % del mercado quede en manos de dos compañías (Claro y la que resultaría de la fusión entre Movistar y Tigo) podría configurar un caso de dominancia conjunta, lo que, a su vez, enciende las alarmas sobre la eventual conformación de un duopolio. En ese hipotético escenario (cuya determinación depende del análisis que hagan las autoridades), estas dos empresas podrían afectar el mercado de forma negativa para los usuarios, pues se podrían experimentar alzas en las tarifas, vulneraciones en los derechos de los consumidores y una pérdida de estímulos para que compitan con innovaciones y calidad en el servicio.
Este trabajo es importante, pues mediante las reglas de juego que establece la CRC se generan lineamientos para llevarnos a un estado de competencia en el mercado, corrigiendo las fallas cuando la industria no lo hace. Por ejemplo, en 2024 se publicó una resolución mediante la cual se obliga a los operadores a publicar sus planes de fidelización (los descuentos que activan cada vez que una persona advierte que quiere cambiar de operador). Al hacer pública esta información, la competencia también puede diseñar una contraoferta y aumentar la posibilidad de ganar a ese usuario.
“Este año también fortaleceremos los canales digitales para que los usuarios puedan cancelar o modificar sus planes, porque encontramos que es muy fácil aumentar sus capacidades (más minutos o gigas), pero es muy difícil cancelar o modificar los planes hacia abajo”, dijo Duque, al señalar que se está actualizando la información asociada a los usuarios prepago para que sepan quiénes son los agentes y sus ofertas, facilitando así los procesos de portabilidad.
Otro eventual escenario es el que plantea Danilo Romero, experto en telecomunicaciones y socio de la firma Holland & Knight, para quien el tener una competencia tan reñida por el liderazgo del negocio de las telecomunicaciones en la nación puede ser una oportunidad de dinamismo e innovación. Es decir, que la actitud que adopten los líderes sea la de ofrecer mejores servicios y precios con la intención de fidelizar a sus actuales clientes o ganarse a otros. Romero considera que este escenario también estimularía la llegada de otros competidores a Colombia, como los operadores virtuales.
De todas formas, con el tablero como está planteado habría un evidente desequilibrio, pues el tercer operador más grande en Colombia pasaría a ser WOM, el cual tiene una base de 7,20 millones de líneas de telefonía móvil, con una participación que apenas supera el 8 %. Hay que recordar que WOM sigue en proceso de reorganización tras los problemas financieros que experimentó el año pasado, del que se espera salga pronto gracias a la inyeción de nuevos recursos que están haciendo su nuevo dueño: SUR Holdings.
Aún así, es complejo que una empresa que notablemente tiene menos abonados que su competencia deba cumplir con las mismas exigencias, pues las billonarias inversiones en el despliegue de infraestructura continúan, a lo que se suman los compromisos adquiridos con la nación tras la subasta del espectro para poder operar con la red 5G, y sus respectivas obligaciones de llevar internet a zonas rurales y ampliar la cobertura de la red 4G en carreteras secundarias.
En suma, lo que pase con el negocio de Millicom, Movistar y Tigo tiene el potencial de impactar a millones de colombianos, por lo que más que nunca es importante que las autoridades le pongan la lupa a la recomposición que tendrá el mercado de cara a los beneficios para usuarios en un sector que es fundamental en el mundo actual.
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