Libra del grano continúa por debajo del dólar

Café: replanteando el libre mercado

La medida que rige desde los noventa tiene en jaque a la caficultura. La Federación consultaría a los productores para adoptar un precio de referencia fuera de la Bolsa de Nueva York.

Sostenibilidad ambiental, social y económica es el compromiso que la FNC dice que se debe asumir. Cristian Garavito - El Espectador.

En un año, los precios del café en la Bolsa de Nueva York han caído más de 22 %. Hoy la libra se cotiza alrededor de los 91 centavos de dólar, mientras para esta misma época en 2017 era cercano a los US$1,17. Eso ha hecho que la carga interna de 125 kilos, que se les paga a los productores teniendo en cuenta el precio de Nueva York, un diferencial para el café colombiano (25 centavos) y la tasa de cambio, bordee los $670.000, casi $200.000 menos de lo que la Federación Nacional de Cafeteros (FNC) calcula como mínimo para que el negocio sea rentable.

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El asunto es preocupante por donde se mire. En Colombia, más de 500.000 familias viven del café, al igual que cerca de 25 millones de hogares en el mundo, afectados también por la bajísima cotización en la bolsa. El consumo del grano a nivel global se ha duplicado en las últimas décadas (algunos hablan de 20, 30 o 40 años). Sin embargo, organizaciones como la FNC han llamado la atención sobre que, si la actividad cafetera sigue con pérdidas, los cultivadores la abandonarán y las industrias se quedarán sin materia prima o dependiendo de muy pocos mercados.

Se refieren, palabras más, palabras menos, a Brasil, el mayor productor de café en el mundo. Sus cosechas han contribuido a empujar los precios hacia abajo, al tiempo que la devaluación del real en los últimos años ha hecho de la caficultura un negocio de todas formas atractivo para los brasileños, explica Roberto Vélez, gerente de la FNC. Él mismo ha expresado en diferentes escenarios su propuesta para hacer frente a la crisis: dejar de tomar como referencia el precio de la Bolsa de Nueva York y reemplazarlo por “el costo de producción más algo de rentabilidad”, en palabras del gerente del gremio.

Para él, haber aprobado en 2010 la incorporación de los cafés lavados de Brasil a la canasta de productos en la que se basa el precio en Nueva York (en el llamado Contrato C) hizo que la cotización empezara a “reflejar el precio del café de Brasil y no el de los otros cafés finos suaves (como el de Colombia)”, que tradicionalmente habían compuesto el Contrato C. Brasil empezó a entregar su grano en ese mercado en 2013, en medio de una devaluación del real que hizo atractiva la estrategia.

Del modelo de cuotas al libre mercado

Por supuesto, esta no es la primera vez que el sector atraviesa una crisis de precios. En 2006, el Contrato C llegó a los 95 centavos, como lo recordó el gremio en septiembre pasado, cuando comenzó la caída libre de la cotización en el mercado de futuros (lo que se comercializa son contratos de futuros, instrumentos financieros que apuestan por los precios del café de los próximos meses e incluso semestres). Crítica también fue la situación a comienzos de los años noventa, justo después de que terminara el pacto de cuotas, vigente desde 1962.

“El 4 de julio de 1989, los representantes de la Organización Internacional del Café, liderados por países consumidores en cabeza de Estados Unidos y apoyados por países europeos, como Alemania, y otros tantos centroamericanos, decidieron finiquitar el AIC (Acuerdo Internacional del Café) (…) que permitía mantener una oferta y garantizaba precios razonables para los agricultores en todo el planeta”, escribió el profesor José Roberto Álvarez en el libro publicado a propósito de los 90 años de la FNC en 2017.

Al dejarlo todo al libre mercado, cuando casi al tiempo estaba cayendo el muro de Berlín, “rápidamente el café colombiano perdió valor en las cotizaciones internacionales, y para inicios de 1990, su precio externo estaba por debajo de un dólar la libra y en caída, los peores precios de los tres lustros previos”, agrega Álvarez. El choque obligó a pensar en competitividad como nunca y a que desde la gerencia de la FNC se impulsaran estrategias como la creación de Juan Valdez para agregar valor, posicionar el producto colombiano y estimular el consumo externo e interno.

Sin embargo, en medio de la coyuntura actual, Vélez afirma que “el mercado libre también ha demostrado que hay distorsiones que no necesariamente son las más convenientes”. Por eso su propuesta consiste en presentar el asunto de una forma “distinta”. “No vernos como compradores y vendedores, sino como parte de una misma cadena que practica algo que el mundo está buscando: la sostenibilidad”.

¿Cómo funcionaría una nueva referencia de precio?

Para lograr los $800.000 u $850.000 que necesitan los caficultores para mantener la actividad a flote se requeriría un precio por libra cercano a los US$1,40, dice Vélez, es decir, unos 25 centavos adicionales. Ese sería el monto que podría tomarse como referencia si así lo deciden los productores colombianos. ¿Cómo? Aún no es muy claro. “Haríamos una consulta con los productores. Lo he dicho: yo no tomaría una decisión de ese estilo sin el consentimiento de los cafeteros”, explica el gerente de la FNC.

El dirigente gremial es consciente de las críticas que ha recibido. “Hay quienes dicen que me volví loco, que yo no sé de economía, que desconozco la ley de la oferta y la demanda”. Ante la pregunta de si considera o no que tomar unilateralmente un precio base es contrario a la competencia en el mercado, afirma: “Es simplemente decir que yo no puedo vender por debajo del costo de producción. A mí me enseñaron una regla: que todo negocio que siempre dé pérdida es, a la larga, malo”.

Pero Vélez también ha sido reprochado por quienes consideran que de todas formas no se está exigiendo lo suficiente. Fernando Morales de la Cruz, fundador de la organización Café for Change, sostiene que el precio mínimo que proponen desde la FNC es 58 % más barato que en los años ochenta. Tomando como base 1983, año del último AIC, y ajustando a la inflación, los cálculos de Morales dan que la libra de café se debería estar pagando a US$3,61.

“Eso sería ladrarle a la luna, honestamente. Yo no veo factible que hoy el mercado diga que paga US$3. Por eso pedimos que garantice como mínimo el coste de producción más algo de rentabilidad para poder mantener el negocio”, explica Vélez.

¿Qué más hay por hacer?

Hay quienes consideran que el problema viene desde la FNC misma. Mientras muchos la resaltan como una muestra de cómo deben funcionar las alianzas entre el Estado y los gremios y como un ejemplo de representatividad y democracia, para otros no es el escenario ideal, entre ellos Eduardo Lora, integrante de la Misión Cafetera. Este fue un grupo de expertos liderados por el hoy gerente del Banco de la República, Juan José Echavarría, que en 2015 entregaron un diagnóstico y recomendaciones para resolver problemas estructurales del sector.

Para Lora, sostener la institucionalidad implica altos costos de administración y de programas “que nunca se han evaluado técnicamente”. Añade: “Los problemas estructurales de la caficultura colombiana no se van a resolver cambiando la forma de cotización del café en los mercados internacionales”, al tiempo que lamenta el poco impacto que, considera, tuvo el estudio que realizó la misión.

En contraste, desde Asoexport, el gremio de empresas que exporta más del 70 % del café colombiano, resaltan el papel que ha desempeñado la FNC a nivel internacional para tratar de atajar esta crisis de precios. “Han hecho un buen trabajo de hablar con tostadores y clientes internacionales en diferentes espacios tratando de comprometerlos con esto”, dice Gustavo Gómez, presidente de la asociación, que también se ha visto afectada, pues si bien pueden comprar materia prima a bajos precios, también deben vender barato en el exterior. 

Tanto Vélez como Gómez son conscientes de los riesgos que tendría soltar la actual referencia de la Bolsa de Nueva York. Al vender más caro, los compradores podrían volcarse a oferentes más económicos. “Hay quienes mantienen su línea y están dispuestos a pagar un poco más a cambio de un café de calidad. Hay un segmento muy grande que tiene productos de café 100 % colombiano”, asegura el gerente Vélez.

Acción desde países e industria

En Colombia, por cuenta de la crisis, se han reactivado los apoyos directos al precio por parte del Gobierno, por más de $155.000 millones, incluyendo fondos que habrían sido el capital semilla del fondo de estabilización de precios del café, cuya creación se propuso en la última versión del Plan Nacional de Desarrollo. No obstante, el gremio le ha insistido al Gobierno que el apoyo de $30.000 por carga es insuficiente, teniendo en cuenta que al cafetero le terminarían ingresando $715.000, pero el costo de producción ronda los $782.000.

A finales de marzo, organizaciones de 35 países productores de África, Asia y América Latina hicieron un llamado a los actores de la cadena del café para “actuar con celeridad y responsabilidad en la solución de la actual crisis cafetera internacional”. Mientras tanto, multinacionales como Nestlé, compradoras del café a nivel global, evalúan su respuesta. Según Reuters, Starbucks, que compra cerca del 3 % del café del mundo, se ha comprometido a ayudar con US$20 millones a productores de Centroamérica mientras los precios suben por encima de los costos de producción.

Roberto Vélez afirma que en el diálogo que ha tratado de establecer con la industria para que se comprometa a no pagar por debajo del costo de producción se han “empezado a oír voces tímidas”. Y agrega: “Tenemos nuestro segundo Foro de Países Productores en julio, en Brasil, para seguir puliendo la idea, para tratar de que la industria de verdad se comprometa con los países productores”.

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2019-04-06T21:00:22-05:00

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2019-04-07T11:05:51-05:00

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María Alejandra Medina C. / @alejandra_mdn

Economía

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