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¿Cómo podrá Colombia convertirse en una potencia agroindustrial?

El embajador de Chile en Colombia, Ricardo Navarrete, responde esta pregunta y se refiere a las múltiples oportunidades de desarrollo que traerá consigo el posconflicto.

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Juan Miguel Hernández Bonilla
17 de septiembre de 2016 - 03:43 a. m.
Ricardo Navarrete, embajador de Chile en Colombia. / Cortesía
Ricardo Navarrete, embajador de Chile en Colombia. / Cortesía
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Ricardo Navarrete establece una analogía entre el referendo que vivió su país en 1988 y el plebiscito que enfrentará Colombia el próximo 2 de octubre. El antiguo senador socialdemócrata asegura que la votación que terminó con la dictadura militar de Augusto Pinochet fue decisiva para que Chile se convirtiera en el primer exportador mundial de frutas frescas y reconoce que si los colombianos le dan una oportunidad a la paz y cambian de mentalidad, el país será una de las cinco despensas alimentarias más grandes del mundo.

¿Cómo ve el futuro de la economía colombiana en agroindustria?

Colombia tiene hoy todos los recursos para convertirse en una verdadera potencia agroindustrial exportadora. Hay estudios internacionales que indican que en la medida en que el país integre la tierra agrícola subutilizada y promueva el desarrollo rural, podrá constituirse en la quinta o sexta potencia mundial en producción de alimentos. Incluso, un reciente informe de la FAO asegura que por sus condiciones climáticas y por su ubicación, en diez años Colombia será uno de los diez países más importantes en materia de producción alimentaria.

¿Cómo lograrlo?

Estoy seguro de que este proceso no se dará de un día para otro, pero creo que Colombia está pasando por una oportunidad histórica inmejorable. Los acuerdos de paz de La Habana traen consigo todo tipo de oportunidades. Desde la inversión extranjera y la diversificación de la economía, hasta la promoción y el fomento de áreas de desarrollo históricamente olvidadas por el Estado, como la agricultura.

 

Hablemos de paz. ¿Cómo, desde su experiencia, podría Colombia aprovechar este momento?

Los acuerdos de paz constituyen en sí mismos un mérito histórico, trascendente. La paz más imperfecta es mejor que la guerra más justa. No solo es el Derecho Internacional Humanitario, sino la salvaguarda de la vida humana. El principio de la muerte entre personas es absurdo. La paz trae consigo la oportunidad para potenciar una serie de áreas que a causa del conflicto han estado reprimidas o ausentes de la economía formal. Es hora de incorporar la explotación minera y sacarla de su informalidad. Es hora de impulsar el sector turístico y descubrir nuevos destinos, antes imposibles por la violencia. Es hora de apalancar la agricultura y empezar a sembrar los 20 millones de hectáreas disponibles para la industria alimentaria.

Entiendo que después de la dictadura Chile estaba pasando por una situación similar. ¿Qué hicieron para cambiar esa amarga página y desarrollar la agroindustria?

Hace 28 años, en octubre de 1988, cuando terminó la dictadura y se restableció la democracia, los empresarios vinculados al sector productivo descubrieron que el reencuentro con las instituciones democráticas y con la comunidad internacional traería consigo oportunidades sin precedentes para el país. Nos dimos cuenta de que Chile era absolutamente dependiente de la actividad minera, nuestro mayor producto de exportación era el cobre. Descubrimos que teníamos otras oportunidades de mercado rezagadas, esperando desarrollo e inversión. Miramos el mar, miramos los bosques, miramos el campo y decidimos incursionar en nuevos productos, como el salmón, el vino, las hortalizas y las frutas.

¿Cómo fue ese proceso?

El primer paso fue reconocer que podíamos abrir nuevos mercados, desarrollar nuevas industrias. A eso tuvimos que agregarle industrialización, infraestructura, innovación, tecnología, inversión y, sobre todo, políticas públicas a tono con las nuevas necesidades de la producción emergente. Todo esto, sumado al cambio de mentalidad, generó unos resultados sorprendentes. Hoy somos el principal exportador mundial de uva, cereza, arándano y ciruela, y exportamos casi 5.000 millones de productos que provienen de la actividad agrofrutícola.

¿Qué elementos podría aprender nuestro país?

Vivimos en un mundo interconectado, interdependiente, globalizado; las miradas autárquicas ya no tienen sentido ni espacio. Hoy en día hay que compartir, asociarse, complementarse, sumar esfuerzos. Nosotros nos sentimos socios estratégicos de Colombia. Tenemos acuerdos de cooperación internacional, tratados de libre comercio y trabajamos juntos en la Alianza del Pacífico. En esa medida, creo que lo que podemos hacer para contribuir al desarrollo del agro colombiano es muy importante.

En concreto, ¿cómo nos pueden ayudar?

Una de las claves del éxito del desarrollo agroindustrial de Chile ha sido el uso de nuevas tecnologías. Como nuestra capacidad territorial es limitada, hemos desarrollado una serie de innovaciones, provenientes de la ciencia y la investigación, que nos han permitido aumentar la producción y mejorar la calidad y la competitividad, toda esa experiencia está al servicio de los colombianos.

¿Cómo cuáles?

Está Instacroops, una plataforma tecnológica que permite medir y alertar parámetros de clima, suelo e irrigación mediante un novedoso sistema de sensores. Esta herramienta evita el impacto de las heladas tardías, enviando información concreta a los productores en tiempo real, a través de un smartphone, lo que determina cuándo y cómo regar sus cultivos para aumentar la producción al doble, Además, genera un ahorro de hasta el 50 % de agua; y según los cultivadores, un ahorro en gastos operacionales de hasta un 30 %.

 

Por Juan Miguel Hernández Bonilla

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