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Y ese precisamente fue el sello que dejó Gustavo Pulecio Gómez en la Fundación Compartir, no sólo a sus compañeros de equipo, sino a todos aquellos colombianos a los que, a través de su gestión como gerente durante 22 años, ayudó a mejorar su calidad de vida, bajo la premisa de la responsabilidad social.
Al cumplirse un mes de su trágica desaparición en un absurdo accidente, su razón de vida está presente en cada uno de los proyectos que lideró y que arrojan resultados visibles como la construcción de 30 mil viviendas con servicios básicos en Bogotá, Medellín, Cali, Anapoima, Pereira, Quindío, Risaralda y Cucunubá, algunas de ellas con servicios complementarios como colegios, centros de salud y guarderías infantiles.
La construcción de 30 colegios; el apoyo a los microempresarios; y la creación del Premio Compartir al Maestro, que ha movilizado no sólo a cerca de 17 mil docentes en torno a la consolidación de sus propuestas pedagógicas sino a todo el país en el reconocimiento público a la excelencia de 150 maestros.
Pulecio Gómez fue más allá de la tarea encomendada, tomando las ideas de muchos, entre ellas las de Don Pedro Gómez Barrero, el constructor y Presidente de la Fundación, y volviéndolas acción.
Su labor como ejecutor de políticas, tuvo su expresión en actos de solidaridad como la atención oportuna de poblaciones afectadas por desastres naturales como la reconstrucción del municipio de Montenegro, Quindío, después del terremoto de 1999; o la administración del proyecto Colombiatón que dio vivienda a 962 familias en uno de los sectores más deprimidos de Cartagena, y que tendrá además un colegio próximamente.
Como gerente de la Fundación puso en evidencia su especial cercanía y compromiso con el Premio Compartir, convirtiéndose no sólo en vocero del trabajo de los maestros en todos los escenarios posibles sino también en uno de sus más fervientes admiradores.
A través de su visión de la educación como motor de desarrollo del país, le transmitió a su equipo la idea de que a partir de ella, se podía generar bienestar y una vida digna y justa en oportunidades para los colombianos.
Gracias a su experiencia como empresario y a su formación como economista, fue posible la consolidación de una institución sólida y transparente que cuenta con la credibilidad y la confianza pública para liderar proyectos sociales.
Su lema era el mismo de la Institución: Compartir, administrar, optimizar los recursos y orientarlos hacia el favorecimiento de los sectores más vulnerables; y generar alianzas con otras asociaciones, fundaciones, corporaciones, empresas, entidades públicas y privadas y personas, conscientes de su responsabilidad en la construcción de un mejor país y dispuestos a trabajar de manera conjunta para lograrlo.
A su labor en la Fundación, le agregó tiempo y disposición para trabajar por otras causas como las de las Asociaciones Corazón Verde, Corpomixta y Corpoeducación.
Gustavo Pulecio cumplió a cabalidad con su misión y dejó como legado, una red, una institución y un equipo que tiene clara su visión de compartir como razón de vida.