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Comunicaciones 5G, ¿una promesa lejana?

De acuerdo con la asociación global de operadores móviles, el verdadero potencial de la conectividad depende de la operación en conjunto de redes 5G y una variedad de tecnologías. También se requiere un enorme trabajo de coordinación entre gobiernos y empresas. En Latinoamérica aún hay camino por recorrer.

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Hoy en el mundo hay 3.600 millones de usuarios de internet móvil, y se calcula que en cinco años la cifra llegará a los 5.000 millones. Es fácil pensar en cientos de miles de personas que accederán por primera vez a Google, redes sociales o servicios en línea del Estado. Sin embargo, la asociación global de operadores y compañías del ecosistema móvil, la GSMA, ve algo un poco más ambicioso: un crecimiento en la conectividad que se dará en medio de lo que llaman la “conectividad inteligente avanzada”. 

Esto es la combinación de la próxima generación de comunicaciones (5G), inteligencia artificial, internet de las cosas (prácticamente cualquier dispositivo conectado a la red) y big data (grandes cantidades de información susceptibles de ser analizadas para la toma de decisiones). Será, según la asociación, una mezcla de tecnología que cambiará la forma en que vivimos. Así lo expusieron en el marco del Mobile World Congress que se celebra hasta este jueves, 24 de octubre, en Los Ángeles, Estados Unidos. 

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Como explica Alejandro Adamowicz, director de tecnología y estrategia de GSMA para América Latina, la experiencia de esa conectividad no se materializará necesariamente en un entorno 100 % integrado (la ciudad, la casa, la oficina), sino que es más probable que se experimente a través de lo que llama “verticales”: el hogar conectado, por un lado; las ciudades inteligentes (o smart cities), por otro; o sectores específicos como la minería o agricultura, dependiendo de lo que sea más importante para la economía de cada país. 

Esto, dice, estará determinado también por el enfoque que tengan las políticas públicas y las inversiones de los operadores. En ese sentido, es claro que hay elementos necesarios antes de siquiera pensar en que la fusión de estas tecnologías sea una realidad para todos. Por ejemplo, el acuerdo de estándares para que los dispositivos (de fabricantes distintos) sean interoperables, así como la disponibilidad de espectro radioeléctrico. 

Estados Unidos y Corea del Sur son algunos de los países a la vanguardia de estos desarrollos. Quizá en la base de todo está 5G, pues es la conectividad misma. La GSMA ha destacado de EE. UU., por ejemplo, ser uno de los primeros países en asignar espectro en altas frecuencias para redes de 5G. El panorama de subastas (mecanismo a través del cual se dan esos permisos de uso para los operadores) ha estado movido, con procesos abiertos todos los años desde 2016. 

Las perspectivas para América Latina

En América Latina, la asociación de operadores ha señalado las demoras y los altos costos de la asignación de espectro, como lo reportaron a través de un estudio hace un par de años. Según Lucas Gallitto, director de políticas públicas de GSMA en la región, hasta el momento, a pesar de que Brasil y Colombia han iniciado nuevos procesos para dar permisos de uso de espectro, no hay suficientes elementos para decir que el “camino” ha mejorado sustancialmente.

Colombia se prepara para subastar espectro para servicios 4G, el próximo 12 de diciembre, en las bandas de 1.900 MHz, 2.500 MHz y la más esperada: la banda de 700 MHz. Para Gallitto es positivo que para ese proceso se hayan acogido recomendaciones como revelar la cantidad de espectro que se subastará en cada banda (algo que en las versiones iniciales de los documentos no estaba). Según el vocero de GSMA, la mayor cantidad de datos posible ayuda a dar certidumbre a las inversiones en una industria que requiere mucho capital, principalmente en dólares. Según la GSMA, la industria a nivel global ha invertido US$2.700 billones desde el año 2000.

En ese sentido, Gallitto afirma que el actual entorno para la inversión en América Latina muestra factores de inestabilidad o incertidumbre para tener en cuenta, por ejemplo, las protestas en Chile y Ecuador, las próximas elecciones en Argentina, la crisis venezolana, la devaluación de las monedas, entre otros. “Es una realidad compleja”, dice, y agrega: “Es importante tratar de minimizar la incertidumbre jurídica en la medida de lo posible”.

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A los ojos de esa asociación, la recientemente aprobada Ley TIC en Colombia tiene elementos positivos, como la extensión del periodo de permiso de uso de espectro, de 10 a 20 años (aunque inicialmente el gobierno pretendió que fueran 30). Eso, según el vocero, permite a las empresas contar con un periodo para recuperar las inversiones hechas.

En cuanto a espectro para 5G, en entrevista con este diario en septiembre pasado, Miguel Anzola, director de la Agencia Nacional del Espectro (ANE), aseguró que actualmente “se está trabajando en la preparación de las frecuencias para 5G. Tenemos espectro disponible en la banda de 2,3 GHz y en la banda de 3,5 GHz (…)”. Habló también de la expectativa que hay por la Conferencia Mundial de Radiocomunicaciones, que se llevará a cabo desde la próxima semana en Egipto, en donde habrá una “discusión a nivel mundial de otras bandas que se van a emplear para tecnologías de 5G, bandas medias y bandas altas”.

La realidad de América Latina hoy

De acuerdo con Adamowicz, en la región aún no se han llevado a cabo subastas para espectro para 5G, por lo que hacer realidad la “conectividad inteligente” puede tomar más tiempo que en otros lugares. Sin embargo, cree que en la cotidianidad ya están presentes varias de las tecnologías que componen ese concepto, como la inteligencia artificial, hoy incorporada en los teléfonos inteligentes, o incluso en los bots que prestan servicio al cliente. 

Por otro lado, considera que, a pesar de los lanzamientos que ha habido en países como Argentina, Colombia o Brasil, la adopción de internet de las cosas (IoT) aún es incipiente. A la pregunta de por qué IoT no ha penetrado más en la región, teniendo en cuenta que puede implementarse usando espectro no licenciado (es decir, que no se necesita un permiso asignado por el Estado), afirma que un factor determinante es la seguridad que pueden ofrecer ese tipo de conexiones. 

“Permiten un bajo costo, pero no garantizan ni seguridad ni la velocidad para ciertas aplicaciones”, dice. Cree que pueden ser una solución para monitorear a través de la red actividades o infraestructura de poco tráfico, como un medidor doméstico de consumo de agua o energía eléctrica o una máquina expendedora de alimentos. “Pero cuando se trata de actividades industriales, por ejemplo, necesitas más robustez y seguridad”, como en el caso de un gasoducto, explica. 

Según la firma de consultoría Frost & Sullivan, la seguridad es el asunto que más preocupa a la hora de pensar en implementar internet de las cosas (el 54 % de los consultados así lo dijeron). Aun así, proyecta que para 2023 habrá más de 50.000 millones de cosas conectadas a internet, frente a los cerca de 15.000 millones calculados en 2017. 

*Artículo posible por invitación de la GSMA

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María Alejandra Medina C. / @Alejandra_mdn

Economía

Comunicaciones 5G, ¿una promesa lejana?

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