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Todo comenzó con una tendencia mundial ampliamente difundida por los medios de comunicación: si las mujeres se deprimían, comían helado y chocolates; y la tendencia logró su máximo punto con la posición de los estudiantes de la Universidad de Michigan cuando se hizo un plebiscito para no comprar más Coca Cola por sus malas prácticas.
El consumidor lleva sus emociones a su decisión de compra, al punto de llevar sus posiciones políticas, ambientales, emocionales y hasta climáticas. Por esto he querido acuñar el termino de consumooder o consumoodor, ya que son las emociones las que nos hacen comprar, decidir qué comprar y cuándo comprar.
Por ejemplo, mire la gráfica, la gente que se siente feliz compra un nivel de alimentos del 36% dentro del total de sus compras, pero aquellos que no lo están, compran más; lo mismo pasa con el vestuario, siendo este grupo de consumo quizá el más interesante, y lo podemos apreciar en la ropa que nos ponemos.
El mejor ejemplo del vínculo emocional del consumidor, es la ropa. La mujer se viste según lo que vaya a hacer ese día, quizá sea sensual y provocativa, informando que quiere tener sociabilidad, o todo lo contrario; y en el caso de la ropa interior, esto es mucho más claro, su ropa o pijama muestran si no desea, si desea y si desea ¡ya!
Todos somos parte del promedio todos los días, no nos vestimos, nos uniformamos; pero cuando nos sentimos diferentes, cuando nuestras emociones pasan a los extremos, lo reflejamos en el vestuario. ¿Cuando usted sale a rumbear de noche lo hace con la ropa que tenía durante la semana? ¿Cuando quiere celebrar un triunfo va al mismo restaurante de siempre? ¿Cuando lo echa su novia pone música de moda? No, no y no. Consumimos según el estado de ánimo y ese es uno de los secretos del mercadeo del futuro.