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Contundencia

Los bajos volúmenes de transacciones de la semana pasada, tanto en el mercado cambiario como en el accionario, evidenció la falta de perspectiva de largo plazo de analistas y operadores en una dependencia, casi narcótica, al accionar del Banco de la República que decidió aumentar 0,25% sus tasas de interés para ubicarlas al 10% anual, en una contundente señal restrictiva de liquidez, que más que frenar el crecimiento como sus detractores subrayan, busca obstaculizar la galopante inflación que ya está descuadernando presupuestos empresariales y mermando los ingresos familiares.

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José Roberto Acosta
25 de julio de 2008 - 10:01 p. m.
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Con la medida del Banco Central, tanto las acciones como el dólar no se recuperarán fácilmente, haciendo recomendable incrementar la proporción de activos de renta fija de corto plazo como CDT y TES en los portafolios. Tener liquidez será un privilegio y los activos no monetarios como inmuebles, acciones y automóviles tendrán más oferta que demanda en este segundo semestre que comienza, situación que favorecerá a quien no esté endeudado, debido a la posibilidad que tendrá de aprovechar gangas, pero afectará negativamente a los que ya tienen créditos cuya tasa de interés incrementa sus deudas a ritmos entre el 20 y 30% anual, mientras que los activos comprados con dichos créditos se estancan o se deprecian, poniendo en riesgo la solvencia de muchos colombianos.

En tan difícil escenario, la acción de Ecopetrol tendrá dos incentivos la próxima semana, por un lado la liquidez proveniente del pago de dividendos que en alguna proporción pujarán por su demanda, y de otro lado, la publicación del resultado financiero en pesos del mes de junio, que sin duda será muy bueno, especialmente por el empujón que recibió por la alta cotización que tuvo el dólar al cierre de ese mes, pero que a la fecha ya se esfumó, al tiempo que el barril de petróleo redujo su precio en casi 16% desde su máximo, enrareciendo para el segundo semestre el desempeño de la acción, salvo que encuentre crudo.

La época de vacas flacas llegó para quedarse y el rebalanceo de portafolios debe priorizar la disponibilidad de efectivo por encima de la rentabilidad; la seguridad por encima de posiciones riesgosas aunque aparentemente rentables y la promesa de mantener el capital en términos reales por encima de las promesas de duplicarlo.

Por José Roberto Acosta

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