
A comienzos de marzo, Claro radicó ante la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) una solicitud de preevaluación para una eventual integración empresarial con Azteca Comunicaciones. En términos simples, el operador de telecomunicaciones busca que la autoridad revise la operación y determine si puede avanzar con la integración de ambas compañías.
Azteca, aunque comercialmente no es tan conocida, es un importante jugador en el negocio de las telecomunicaciones en Colombia. En 2011, la empresa (perteneciente al Grupo Salinas), ganó una licitación del Ministerio de las TIC y asumió el desafío de desplegar, en 30 meses, cerca de 15.000 kilómetros de fibra óptica para conectar a más de 400 municipios y llevar internet a 2.000 instituciones educativas. El reto no era menor, pues para entonces apenas 200 municipios tenían acceso a internet. La compañía destinó USD 300 millones a lo que se convertiría en la red troncal de fibra óptica más grande de Colombia, la cual hoy supera los 32.000 kilómetros de extensión y llega a cerca de 900 municipios.
Sin embargo, hoy Azteca pasa por una compleja situación financiera que la llevó a entrar en reorganización empresarial para evitar caer en la bancarrota.
Entre las alternativas que se han explorado está la venta de sus negocios. Un primer candidato apareció en marzo de 2024, Ufinet (firma de infraestructura de telecomunicaciones). Para entonces también radicó ante la SIC una solicitud para adquirir los activos y negocios de Azteca. Sin embargo, hacia finales de abril de 2025 se conoció que desistió de esta idea, sin que diera a conocer una razón o explicación oficial.
El segundo interesado, como ya se mencionó, es Claro. En su momento, el operador dijo que “la evaluación de esta integración responde principalmente a la posibilidad de generar sinergias operativas que permitan estabilizar y mantener esta infraestructura, la cual hoy presenta fallas que impactan la calidad del servicio. Aunque no se trata de un activo atractivo desde el ámbito comercial, su adecuada operación resulta clave para garantizar la continuidad de la conectividad en territorios donde actualmente no existen alternativas de red”.
Entender este contexto es clave, pues el negocio de Azteca no puede quedar en manos de cualquier oferente. Solo para hacerse una idea, si hipotéticamente esta compañía desaparece mañana se desconectaría el 80 % de la red fija en Colombia.
La advertencia de la CRC
Es clave que la SIC evalúe muy bien la posible integración, pues esta puede generar riesgos para la competencia o los usuarios, dado que la misma implicaría una amplia concentración de mercado a cargo de Claro.
Ante este escenario, la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) radicó ante la SIC sus consideraciones. Se trata de un documento de 136 páginas en el que se analiza las implicaciones de esta eventual integración y las consideraciones que la superintendencia debería tener presentes ante cualquier decisión.
Si bien el regulador reconoce que la integración entre Claro y Azteca puede llegar a fortalecer la conectividad en Colombia (especialmente en cobertura, capacidad y calidad de las redes), es necesario que se adopten una consideraciones (o salvaguardas) para preservar la competencia.
“La operación podría permitir a Claro incorporar una red de aproximadamente 32.000 kilómetros de fibra óptica, con presencia en 893 municipios y utilizada para soportar los servicios de más de 250 operadores, entre proveedores mayoristas, operadores minoristas y pequeños proveedores de internet. Para la CRC, el principal asunto que debe evaluarse es el efecto que tendría el control de esta infraestructura sobre las condiciones de acceso y competencia en los mercados de comunicaciones”, señala.
Para la CRC es claro que más conectividad no se puede traducir en menos competencia, pues Claro pasaría a ser el único operador de conectividad de fibra óptica en 778 rutas.
“Esta situación podría incrementar la dependencia de operadores que utilizan esa infraestructura y que, al mismo tiempo, compiten con Claro en los mercados minoristas de servicios fijos y móviles”, advierte.
En cuanto al mercado portador, el Índice Herfindahl-Hirschman, utilizado para medir la concentración, aumentaría en más de 200 puntos en 78 municipios.
“La operación puede reducir costos y mejorar las condiciones de prestación de los servicios de Claro. Sin embargo, las simulaciones realizadas por la CRC muestran que esas eficiencias no necesariamente se trasladarían a menores precios para los usuarios. En los grupos de municipios analizados, bajo los escenarios evaluados, los precios podrían incluso aumentar”, puntualiza el regulador.
En el mercado móvil, la bandera roja que se levanta es que pasa a ser un mercado vertical (Claro sería a la vez su proveedor).
“Claro podría pasar a controlar un insumo mayorista relevante para operadores con los que compite posteriormente por los usuarios. Por esta razón, el concepto advierte sobre el posible estrechamiento de márgenes si las condiciones de acceso a la infraestructura se deterioran o el insumo mayorista se encarece para otros operadores mientras Claro fortalece su posición en el mercado minorista”, concluye.
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