Opinión

¿Cuál debe ser la estrategia de Estados Unidos para Latinoamérica?

James Stavridis, almirante y exjefe del Comando Sur militar de Estados Unidos, elabora una lista de seis pasos para estrechar lazos económicos y políticos entre ambos polos del continente.

Rex Tillerson durante su visita a Colombia.EFE

El Secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, es un tejano pragmático con mucha experiencia en América Latina, adquirida durante décadas en el negocio del petróleo. Mientras concluye una gira de cinco días por el vibrante mundo del sur, haría bien en recordar las palabras de Jorge Ramos, el perspicaz y mordaz periodista de Univisión, quien dijo de sus contribuciones a la literatura: "No es ninguna coincidencia que el realismo mágico ocurra en América Latina, porque para nosotros, los sueños y aspiraciones son parte de la vida". Encontrar el equilibrio adecuado entre el realismo y el idealismo es fundamental a la hora de desarrollar una estrategia, y Estados Unidos necesita desesperadamente una para América Latina y el Caribe.

El viaje de Tillerson se produce en un contexto de circunstancias indudablemente mixto. En el lado positivo, recientes elecciones han resultado en más gobiernos políticamente conservadores pro-estadounidenses en una serie de países, especialmente Argentina y Brasil. Décadas de insurgencia en Colombia están llegando a su fin, y la población de la prisión en la bahía de Guantánamo, Cuba, ha disminuido a solo 41 convictos, frente a un máximo de casi 800. EE.UU. finalmente cuenta con una embajada en La Habana. En términos económicos, la región se está beneficiando del crecimiento de EE.UU. y el crecimiento a nivel global, y finalmente está saliendo de la recesión de 2008.

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Por otro lado, la idea de un muro fronterizo entre EE.UU. y México es un importante factor negativo, que ha molestado profundamente a toda la región en general y especialmente a México (noticia de última hora: los mexicanos no pagarán el muro). Las decisiones del presidente Donald Trump de mantener abierta la prisión de la bahía de Guantánamo y de frenar la apertura a Cuba son mal vistas. México y otros países de la región continúan encontrando completamente ofensivas las declaraciones de Trump sobre "hombres malos" y su descripción de inmigrantes latinoamericanos y caribeños como criminales. El mercado estadounidense de drogas es considerado como la causa de la violencia incitada por narcóticos. Y las decisiones de EE.UU. de retirarse del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica y el acuerdo climático de París son extremadamente impopulares.

Con todo eso en mente, ¿cuál es la mejor estrategia para EE.UU.? ¿Dónde debería poner el Secretario Tillerson un énfasis estratégico? En primer lugar, debemos reconocer cuán importante es la región para EE.UU. y desarrollar una estrategia interinstitucional, involucrando a los departamentos de Estado, Defensa y Seguridad Nacional, además de la Agencia Central de Inteligencia y otras partes interesadas. Los países de América Latina y el Caribe tienen grandes poblaciones con fuertes vínculos culturales y religiosos con EE.UU., son casi todos democráticos, disfrutan de vastos recursos naturales y representan la única región del mundo que evitó la guerra en el siglo XX y está en paz hoy. Somos afortunados de ser parte de las Américas con socios como estos. En segundo lugar, debemos priorizar nuestras relaciones con México y Brasil. México, porque comparte una frontera de 2.000 millas (unos 3.220 kilómetros) con nosotros, está culturalmente ligado con los estados vecinos y es uno de nuestros principales socios comerciales. Brasil, debido a su enorme tamaño y potencial global. Las elecciones en ambos países este año impulsarán nuestras relaciones estratégicas, pero deberíamos alentar visitas de alto nivel, la coordinación diplomática sobre asuntos regionales, intercambios académicos y culturales, e incluso ejercicios entre milicias.

Respecto de nuestra relación con México, debemos trabajar arduamente para preservar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), en parte para garantizar que Canadá permanezca fuertemente comprometida con América Latina y el Caribe. El TLCAN necesita una renegociación, pero nuestro enfoque debe valorar la idea del tratado y encontrar compromisos razonables. La mayoría de los expertos cree que la probabilidad de lograrlo con éxito es menor al 50%. Debemos darnos cuenta de que, además de los elementos económicos del acuerdo, es una herramienta estratégica crucial.

En tercer lugar, nuestra relación de largo plazo con Colombia es fundamental. El éxito del bipartidista Plan Colombia en el término del conflicto armado es notable, y la nación representa un socio económico y de seguridad tremendamente importante para EE.UU. Deberíamos trabajar con Colombia y México para abordar los problemas de drogas en América Central. Los niveles de violencia en algunos países son sobrecogedores (son mucho más altos que en Afganistán, por ejemplo). Eso afecta directamente a EE.UU. y México a través de la migración ilegal.

En cuarto lugar, debemos elevar las relaciones entre EE.UU. y el Caribe, empezando, por supuesto, con la forma en que Washington trata a Puerto Rico. Tenemos que ayudar a nuestros conciudadanos proporcionándoles asistencia real en la recuperación tras los devastadores huracanes. China se está trasladando no solo a Centroamérica y Sudamérica, sino también a las islas del Caribe. Por eso este compromiso, de relativamente bajo costo, debe ser un componente de nuestra estrategia.

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En quinto lugar, nuestro mejor movimiento estratégico en Cuba es continuar comprometiéndonos. Con el tiempo, el deteriorado régimen de Castro caerá debido al atractivo del capitalismo, la influencia del turismo y el acceso al mundo en general a través de internet. Como sucedió en Europa Oriental y Ucrania –y está sucediendo hoy en Venezuela–, la resistencia no violenta puede vencer incluso a las dictaduras más arraigadas.

Finalmente, en Venezuela, tenemos que hablar en voz baja y dejar que nuestros aliados y socios en la región tomen la iniciativa de golpear visiblemente el odioso régimen de Nicolás Maduro. Ciertamente deberíamos unirnos a las sanciones, alentándolas silenciosamente y preparándonos para la posibilidad de una guerra civil y una oleada de refugiados venezolanos. El enfoque de coalición internacional ha funcionado bien para EE.UU. en los Balcanes y contra el Estado Islámico. Necesitamos usar este rumbo estratégico aquí en este hemisferio.

Cuando era líder en el Comando Sur de EE.UU., la gente solía decirme: "usted está a cargo de una parte importante del mundo, almirante; después de todo, ese es el patio trasero de EE.UU.".

Sin embargo, esa expresión es errónea en muchas dimensiones y perpetúa la sensación de que América Latina y el Caribe son socios menores que nuestros aliados al otro lado del Atlántico o del Pacífico. En lugar de una actitud condescendiente, necesitamos una estrategia progresista que reconozca el poder en este vasto hemisferio, desde el Círculo Polar Ártico hasta la punta de Tierra del Fuego. El viaje del secretario Tillerson es un buen comienzo, pero tenemos un largo camino por recorrer.