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Su nombre es Jaime Orlando Rodríguez y sus días de trabajo comienzan, religiosamente, a las 5 de la mañana.
Sentado en su escritorio Rodríguez habla del nacimiento de Kokoriko, 40 años atrás, en una vieja casona del barrio Chapinero. “Las Colonias”, rezaba un cartel enorme que le daba el nombre a aquel asadero de pollos. “En ese momento el pollo era un lujo, las familias lo consumían sólo en las celebraciones —cuenta Rodríguez—. Nuestra idea era hacerlo más masivo y ayudar al desarrollo de la industria”. Y así fue. En sólo tres años en Bogotá se crearon diez restaurantes de “Las Colonias”, que en los años 70 pasaron a llamarse Kokoriko.
“Hernán Nicholls, uno de los pioneros y más creativos personajes de la publicidad en Colombia, recientemente fallecido, propuso el nombre Kokoriko porque así como suena a rico, es el canto de gallo en idioma francés”.
Hoy, en el aniversario número 40, la compañía tiene 98 puntos en 22 ciudades del país y dos más en Miami. Emplea a 1.900 personas y genera 1.500 trabajos indirectos. Su reto ahora, dice Rodríguez, es la “internacionalización de la marca”. Los objetivos: Estados Unidos y Europa.
Cuando llega al restaurante todos los empleados saludan al señor Rodríguez. Él les da la mano a cada uno y luego pasa a la cocina a inspeccionar cada rincón. “Nunca se cansa”, dice una de las trabajadoras.