Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Unas flores color violeta y la mención de propiedades maravillosas en los libros sobre la Expedición Botánica, fueron los primeros indicios que Martha Neira tenía del árbol que iba a cambiarle la vida.
“Decían que si se colocaban parches con su extracto se regeneraban las cicatrices”, comenta Neira, ingeniera farmacéutica quien, para mediados de la década pasada, se puso como objetivo verificar si las bondades del árbol de la Tibouchina lepidota, el famoso sietecueros, eran tan verdaderas como los botánicos criollos y chapetones del siglo XIX habían descrito.
Por los relatos que los mismos indígenas le habían pasado a los españoles, sabían que el sietecueros estaba sembrado en climas entre los 2.200 y los 2.700 metros sobre el nivel del mar. Con esa información, su equipo comenzó a realizar pequeñas expediciones que los llevaron a San Francisco de Sales, Cundinamarca, en donde encontraron varios árboles de hojas gruesas y flores de un violeta vívido.
Con las muestras que recogieron, y la ayuda de la Universidad Nacional, el equipo de Neira realizó la clasificación taxonómica de la planta, sacaron extractos y también hicieron análisis de metabolitos. Los resultados arrojaron que entre sus manos estaba un elemento que no contenía sustancias tóxicas potenciales, que podía emplearse como protector cutáneo y que prevenía a las células del envejecimiento oxidativo.
En ese momento, Martha Neira y sus socios comprendieron que tenían entre manos el elemento diferencial con el que podían iniciar la tan ansiada producción de cosméticos del Colombian Beauty Group (CB Group).
Unión, la clave del negocio
Doce años atrás la vida cotidiana de Neira estaba muy lejos de la investigación. Como gerente general de los Laboratorios M&N y cabeza de la Asociación de Ciencia y Tecnología Cosmética, que agrupaba a las pymes del sector, acudía a las primeras reuniones del Gobierno que intentaba poner todo en línea para un eventual Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.
Y como estrategia para el sector cosmético, el Ministerio de Comercio Exterior ideó el esquema de cluster (la unión de varios laboratorios). De las 42 empresas que se presentaron, sólo nueve persistieron en el proceso. “Entonces, nos volvimos cadena y nos involucramos con la Andi”, recuerda Neira.
El siguiente paso fue una terapia psicológica. Con la ayuda de la Universidad del Rosario, los gerentes de las nueve empresas participantes (Productos de Belleza Ana María, Cosméticos Marlioü Paris, Total Protection y los laboratorios Brisse, Pal Pluss, Yoquire y Esko, Tecser y M&N) participaron en un taller que tenía como objetivo eliminar las pequeñas rencillas entre ellos y generar cooperación para el nuevo proyecto.
La experiencia les sirvió para crear comités técnicos de sus fortalezas (en las áreas técnica, financiera, de desarrollo de productos y prácticas comerciales) y para confiar su rumbo en un gerente, responsabilidad que tras varios intentos y una intensa búsqueda recayó en Hilda Bernal. “El hecho de que la compañía esté conformada por una red de empresarios hizo que pudiera presentarse ante proyectos internacionales de apoyo financiero”, dice.
Tras ganar el concurso de la Corporación Andina de Fomento (CAF), la nueva empresa recibió los fondos necesarios para realizar un gigantesco estudio de mercados donde aprendieron que México, Argentina y Brasil serían los destinos clave para sus productos, y que el segmento de hombres crecía entre 3,5 y 3,8% al año. Lo único que necesitaban era un ingrediente propio que le diera valor agregado a la línea cosmética que tenían en mente.
Pioneros en Colombia
Los funcionaron del Invima no pudieron ocultar su cara de asombro con las más de 50 páginas de estudios que CB Group realizó al estracto de la tibouchina. Nunca un colombiano había registrado un ingrediente cosmético en el CCSA, el libro que deben seguir todas las casas cosméticas para fabricar sus productos.
El cortocircuito en la entidad obligó a los empresarios colombianos a pedirle al Gobierno ayuda para acelerar el trámite, al tiempo que acudieron a la Comunidad Andina y a la Cosmetic, Toiletry and Fragance Association, la autoridad mundial en el tema, para obtener el visto bueno. “Era un comité de aproximadamente 15 personas, entre funcionarios y académicos, contándole al Invima por qué habíamos sido capaces de crear un ingrediente natural en Colombia”, recuerda Bernal.
Y por esas cosas del destino, la autorización internacional llegó primero. “Lo que hicimos fue ponerle una marca a ese extracto. Hoy se conoce mundialmente como Tibou Red”, revela Neira, y agrega que su investigación se convirtió en el modelo de registro para futuros productos.
En menos de un año, el equipo de CB Group diseñó la línea cosmética Thibou, que hoy cuenta con bálsamo para después de la afeitada, loción hidratante, protector solar, control de brillo facial y gel antiedad, cada uno con su producto estrella: el extracto de tibouchina.
A la hora de la comercialización, la compañía debió enfrentar varias barreras paraarancelarias. En México debieron abrir operación propia y esperar que las distribuidoras locales los acepten. Las enormes cifras hacen que el sueño siga vivo. “Mientras en Colombia hablas de lotes de producción de 10.000 unidades, allá tienes que hablar de mínimo 100.000 unidades”, comenta Bernal.
En 2010 esperan conquistar un mercado clave como el centroamericano y el de las Bahamas, además de reforzar su presencia en Panamá y en Colombia, donde desde diciembre comenzaron a comercializar su línea en las tiendas Fedco bajo un contrato de exclusividad. Mientras las primeras cifras de ventas se oficializan, el crecimiento del 8% en el segmento masculino los hace pensar en ampliar la línea hasta 20 productos.