De la banca, el baile y los sueños

Clemencia Vargas es la directora y fundadora de Vive Bailando, un emprendimiento social que busca mejorar la calidad de vida de los jóvenes. Ella hace parte de los finalistas del Premio de Liderazgo de El Espectador.

Clemencia Vargas es la directora y fundadora de Vive Bailando, un emprendimiento social que busca mejorar la calidad de vida de los jóvenes. / Cortesía

Clemencia Vargas es administradora de empresas con énfasis en Finanzas y Economía de Babson College. Trabajó en Deloitte and Touche, para el área de asesoramiento financiero, y en Merrill Lynch, para la banca privada. Desde niña ha sido una enamorada del baile y esa pasión fue el motor para crear la Fundación Vive Bailando, un emprendimiento social con un propósito claro: alejar a los jóvenes del embarazo adolescente, la delincuencia o las adicciones.

Esta iniciativa es finalista del Premio de Liderazgo de El Espectador, en la categoría Líder revelación. Vive Bailando se ejecuta desde hace tres años y medio en Colombia, se gestó en la universidad y fue la propuesta que formuló en Babson College. “Siempre lo tuve en mi cabeza y tenía que desarrollarlo en Colombia. Este es un país que baila y para mí significa que tengo una oportunidad y una herramienta de transformación social para acompañar a los jóvenes a crear un propósito de vida”.

El proyecto consiste en que, a través de técnicas corporales, musicales, desarrollo de habilidades de liderazgo y empoderamiento los jóvenes empiecen a descubrir y entender sus cuerpos, que se acepten y puedan danzar. Es una metodología que creó con la asesoría de Fernando Bernal, un amigo sociólogo. Antes de implementarla en alguna región, primero, investigan cada comunidad y así diseñan la hoja de ruta a seguir. Todo el país es el escenario para bailar. No importa la región, la idea es que sea inclusivo y que se genere una transformación que trascienda en el tiempo.

“Vive Bailando ha hecho en mí un proyecto de vida. Además de baile, ellos nos educan a través de los valores y nos enseñan el respeto hacia uno mismo y los otras personas”, resalta Jonathan Villada Valderrama, un joven que vive en la ciudad de Cali, en la comuna 21 y uno de los alumnos de la fundación. Lleva dos años en el proceso y se está entrenando para ser uno de los futuros profesores para llevar esta experiencia a otras comunas que viven en escenarios de violencia.

El baile se convierte en un instrumento de reconciliación determinante para la transición de una Colombia en guerra hacia un camino de paz. Y es que, Clemencia Vargas, al regresar al país encontró un lugar con nuevas oportunidades y el reto de construir tejido social. Para alcanzar este objetivo, todos los días un equipo de 44 personas, en todo el territorio nacional, ejecutan el proyecto para que sea sostenible. La emprendedora social se encarga de fusionar las fianzas con el baile y así seguir edificando un proyecto cargado de amor, vida, fe y determinación.

Los caminos serán de altos y bajos, y aunque las frustraciones aún no han tocado la puerta, Clemencia Vargas sabe que el mayor reto es crecer orgánicamente, estandarizar procesos y poder llevar el baile como una excusa para crear un mejor país, más justo, equitativo y que le permita a sus habitantes cumplir sueños como por ejemplo, Jonathan Villada Valderrama que encontró una dirección y un apoyo para ser enfermero, ampliar sus horizontes y contagiar a muchos jóvenes de la alegría que produce el baile.