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6 Dec 2020 - 2:00 a. m.

Desempleo femenino: un problema transversal

La pandemia ha afectado de forma particular el trabajo remunerado y no remunerado de las mujeres. Tras ocho meses de esta realidad, hacemos un corte de cuentas sobre las estrategias que ha implementado el Gobierno y lo que falta por hacer.
María Alejandra Medina

María Alejandra Medina

Editora Sección Mundo
La brecha de desempleo entre hombres y mujeres ha aumentado: está casi en 10 puntos.
La brecha de desempleo entre hombres y mujeres ha aumentado: está casi en 10 puntos.
Foto: getty images

Muchos padres y madres, al decidir entre enviar a sus hijos de vuelta al colegio o no, se enfrentan a una especie de dilema: por un lado, el temor de un posible contagio y, por otro, la necesidad de retomar la cotidianidad, la educación presencial, la socialización y, con frecuencia, liberar tiempo o sobrecarga de trabajo de cuidado. Esto último es particularmente importante, crítico si se quiere, para las mujeres, quienes antes de la pandemia ya dedicaban, al día, casi cuatro horas más que los hombres a labores domésticas y de cuidado de menores de edad, personas enfermas o adultas mayores. La pandemia solo agravó la situación.

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Según los analistas, durante los últimos meses esa sobrecarga ha sido una de las principales razones e incluso consecuencias del aumento de la brecha de desempleo e inactividad entre hombres y mujeres. Por un lado, varios de los sectores que en gran medida emplean mano de obra femenina fueron de los más afectados por el confinamiento: turismo, comercio, restaurantes y entretenimiento, entre otros. Muchas mujeres pasaron, entonces, a la llamada “inactividad” (no participación “activa” en la economía) para dedicarse a los oficios del hogar. Otras tuvieron que decidir entre salir a generar ingresos o quedarse en la casa cuidando.

Para hacerse una idea de lo que esto significa, es preciso considerar que las mujeres son más del 40 % de la fuerza laboral del país. Entre enero y marzo (es decir, antes del confinamiento) la diferencia en la tasa de desempleo entre hombres y mujeres era cercana a seis puntos (9,8 % y 16,4 %, respectivamente). Entre julio y septiembre, la brecha se amplió casi a diez puntos (13,9 % vs. 22,8 %). Con un deterioro del mercado laboral particularmente fuerte para las mujeres, vale la pena insistir en la pregunta sobre qué se está haciendo frente a una situación que muchos no dudan en calificar de tragedia (por las consecuencias en la pobreza de los hogares, principalmente de los que tienen jefatura femenina).

La pregunta cobra más relevancia aun cuando en grandes foros empresariales y discusiones sobre la reactivación y la recuperación económica ocasionalmente se escuchan palabras como “mujeres” o “desempleo femenino”. Asimismo, al ver que se avanza en la reapertura de sectores que emplean en su mayoría mano de obra masculina, que, por cierto, también debe darse; el punto es que nadie debería quedarse atrás. Entre algunos incentivos que ha dado el Gobierno para que las empresas promuevan el empleo femenino está un mayor subsidio a la nómina para las empresas por cada mujer empleada.

Por sectores, en su estrategia de reactivación, el Gobierno ha priorizado la infraestructura, la construcción de vivienda y el sector minero-energético, entre otros; actividades tradicionalmente masculinizadas. Teniendo en cuenta eso, la Presidencia de la República expidió la Directiva 011, del 13 de octubre pasado, con “las medidas para atender el grave impacto económico del COVID-19 sobre las mujeres”. Adopta compromisos para su empleabilidad y reconoce que “las mujeres se han visto especialmente afectadas en términos de pérdida de empleos y acceso a oportunidades económicas, así como por su mayor compromiso en el cuidado de su familia y el acompañamiento a los hijos en la educación virtual”.

De acuerdo con la Consejería para la Equidad de la Mujer, el objetivo es llevar esta estrategia a las regiones “teniendo en cuenta la heterogeneidad de los departamentos en tejido productivo y oportunidades económicas”, lo que requiere articulación con “actores principales” y un cronograma de trabajo. Según la Consejería, la estrategia ya está en marcha y hace algunos días fue presentada, en Neiva, Huila, en donde la tasa de desempleo femenino llega al 40 %. En el encuentro estuvo presente el gobernador, Luis Enrique Dussán, y, como acción concreta, se lanzó un programa de capacitación en habilidades digitales para 500 mujeres del departamento durante un año.

Otra de las iniciativas visibles es la del Ministerio de Transporte. Según la jefa de esa cartera, Ángela María Orozco, una de las principales falencias que encontró al llegar al despacho fue la falta de cifras, razón por la cual emprendieron una caracterización del sector, que dio un primer resultado: la participación de las mujeres en los proyectos de concesión es del 43 % (en todas las etapas de los proyectos), una cifra “alentadora”, al estar por encima del 15 % a escala global (en transporte y construcción). La ministra le explicó a este diario no solo que esa caracterización continuará con otras entidades, como la Aerocivil y el Invías, para tener una visión completa del sector, sino que para los proyectos de vías 5G se exigirá mínimo 10 % de empleos para mujeres en las etapas de preconstrucción y construcción, y 30 % en operación y mantenimiento. En los proyectos del Invías también se exigirá el 10 %.

El Ministerio de Vivienda, otra de las carteras llamadas a asumir este esfuerzo, afirma que “trabaja de la mano con las empresas del sector constructor y sabemos que las mismas vienen adelantando diversas estrategias para aumentar la participación de las mujeres en la industria, estrategias que apoyamos y complementamos con nuestras acciones para que más mujeres no solo puedan acceder a los subsidios de vivienda que otorga el Gobierno nacional, sino que se fomenten espacios laborales para más mujeres en los diversos espectros de la construcción”.

El Ministerio de Minas, por su parte, asegura que está “formulando una estrategia en la reactivación del empleo para las mujeres”, junto con el sector privado. “Se espera que a mediados de diciembre esta estrategia quede aprobada, en coordinación con la Consejería para la Equidad de la Mujer, para avanzar en la implementación, teniendo en cuenta la importancia del sector minero-energético en la reactivación sostenible de la economía del país y el rol fundamental de las mujeres en este contexto”, sostiene la cartera.

“La Directiva Presidencial 11 del 13 de octubre de 2020, que propone medidas para atender el impacto económico del COVID-19 sobre las mujeres, es un paso acertado, pero que requiere de un riguroso seguimiento para que las instituciones del Ejecutivo nacional la ejecuten. Para esto, es necesario que cada entidad identifique las barreras de género en su respectivo sector y adopte estrategias y planes de acción que conlleven a una inclusión real”, menciona la organización CoreWoman en un documento de noviembre pasado dirigido a la reactivación económica con “enfoque de género en tiempos de COVID-19”.

Desde el sector privado, el Consejo Gremial propuso “un programa en pro de la igualdad de género”, con gran énfasis en el emprendimiento femenino, como una de las cinco ideas para el fortalecimiento institucional, que es, a su vez, uno de siete puntos transversales considerados necesarios para la reactivación. El mismo documento cita un texto de CoreWoman: “Los trabajos de las mujeres son 1,8 veces más vulnerables a la crisis que los de los hombres y los sectores altamente feminizados, como servicios domésticos, hoteles, restaurantes y comercio al por menor, entre otros, que han sido los más afectados por la crisis en términos de ocupación y generación de valor agregado”.

El documento de CoreWoman sobre reactivación hace un llamado, entre otras estrategias, a “fortalecer la inclusión y las habilidades digitales de las mujeres y crear oportunidades en áreas de STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus siglas en inglés) entre las mujeres más jóvenes”, como consecuencia, por supuesto, de las transformaciones en la producción y el consumo que está dejando la pandemia. En eso coincide Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), quien señala que la conectividad rural es clave para que los niños puedan seguir estudiando, pero también para dar oportunidades de formación y emprendimiento —lo que también requiere apoyo en recursos de capital semilla y crédito— a 5,8 millones de mujeres rurales.

El regreso a los colegios o la reapertura de servicios de cuidado parece ser uno de los llamados más frecuentes en este contexto. “Abrir los colegios y promover la reactivación de los servicios de cuidado tendría efectos positivos para las mujeres en dos vías: aumentaría el empleo de las mujeres en estas actividades y permitiría que las mujeres que han dejado de trabajar o de buscar trabajo por el aumento en las cargas de cuidado puedan volver a participar en el mercado laboral”, explicó a este diario Paula Herrera, profesora de Economía de la Universidad Javeriana.

Una estrategia pública de cuidado que promueva en condiciones adecuadas la participación de las mujeres en el mercado laboral también es un punto que señala Martha Elena Delgado, directora de análisis macroeconómico y sectorial de Fedesarrollo. Según ella, toda esta discusión para la política pública “no debería ser un tema de género, sino un tema de empleo; por supuesto hay diferencias que hay que tener en cuenta, pero la política pública tiene que darse cuenta de que el empleo femenino es empleo. A veces parece que no es evidente, y las cifras de desempleo lo hacen evidente: el desempleo de las mujeres es el que jala en buena parte las cifras”.

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