17 Jan 2019 - 3:00 a. m.

Desigualdad en Colombia: el avance no es suficiente

Colombia ha tenido resultados significativos en reducción de pobreza y de brechas. Sin embargo, sigue siendo de los más desiguales entre los más desiguales.

María Alejandra Medina C. / @alejandra_mdn

Cristian Garavito - El Espectador
Cristian Garavito - El Espectador

En América Latina, el 30,2 % de la población, es decir, 184 millones de habitantes, vive en la pobreza y 10,2 % —62 millones— lo hace en la pobreza extrema. Los datos, que hacen referencia al año 2017, forman parte del informe “Panorama social de América Latina”, presentado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) esta semana.

Si bien es positivo que la pobreza medida por ingresos haya dejado de crecer —como ocurrió en 2015 y 2016—, quizás el dato más desalentador es el aumento de la pobreza extrema, aquella que se caracteriza por no dejar costear una canasta básica de alimentos y que aumentó desde el 9,9 % registrado la vez anterior.

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Sobre la desigualdad —la concentración de la riqueza— el resultado tampoco es el mejor. Aunque la Cepal reconoce avances en los últimos 15 años, también señala que el ritmo de la reducción de brechas se ha vuelto más lento: pasó de caer en promedio 1,3 % al año entre 2002 y 2008 a apenas 0,3 % entre 2014 y 2017.

El índice de desigualdad, medido entre 0 y 1, y mientras más cerca de 1 se entiende que hay más desigualdad, es de 0,46 en promedio para la región. Colombia y Brasil están entre los más desiguales, con números que rondan el 0,50, mientras que otros como Argentina, El Salvador y Uruguay están por debajo de 0,40.

No obstante, la Cepal reconoce a Colombia como parte del grupo de países que han logrado reducciones superiores al 1 % al año, junto con Paraguay y El Salvador. El aumento en los ingresos laborales de los más pobres y una caída en los de los más ricos son las razones que encontró la entidad para explicar el comportamiento en Colombia.

“Los altos niveles de desigualdad traban el desarrollo y son una barrera a la erradicación de la pobreza, la ampliación de la ciudadanía, el ejercicio de los derechos y la gobernabilidad democrática”, señala la Comisión.

Las particularidades de la pobreza

La Cepal resalta en su informe que entre 2016 y 2017 la pobreza cayó más de un punto porcentual en cinco de los 12 países que tenían información disponible para hacer el análisis. Ese fue el caso de Argentina, Costa Rica, El Salvador, Paraguay y Colombia. En efecto, el último reporte del DANE sobre pobreza en términos de ingresos registró una caída de 1,1 puntos, mientras que el índice que mide factores como el acceso a salud, educación y vivienda cayó 0,8 puntos.

La Cepal llamó la atención sobre la mayor incidencia de la pobreza que hay en las zonas rurales de América Latina, superior en cerca de 20 puntos porcentuales con respecto a la pobreza urbana. Asimismo, reconoce que es un flagelo que golpea con más fuerza a los más jóvenes, a las mujeres y a indígenas y afros.

El informe dedica todo un componente de género para llamar la atención sobre hechos como el estancamiento de la participación laboral de las mujeres: 50,2 % de ellas están en el mercado laboral, frente a 74,4 % de hombres, lo que se puede traducir, por ejemplo, en la imposibilidad de acceder a ingresos propios y, en consecuencia, a independencia económica.

La Cepal resalta que la mayor participación laboral de las mujeres de las últimas décadas no ha tenido como “corolario” una mayor participación de los hombres en las actividades de trabajo no remunerado, es decir, en el trabajo del hogar y el cuidado de niños, ancianos o enfermos. Así, dice el informe, las mujeres han absorbido, “mediante su trabajo no remunerado, el principal impacto” de los ajustes fiscales que han hecho los países a raíz de la descaleración económica de los últimos años y que han reducido la provisión de servicios públicos.

“La sobrecarga de trabajo no remunerado opera como una barrera para la inclusión plena de las mujeres en trabajos decentes y profundiza las brechas existentes”, por supuesto, con impactos en el desempeño de las economías como un todo.

¿Y ahora qué?

Según las proyecciones de la Comisión, en 2018 la pobreza bajaría a 29,6 % de la población, mientras que la pobreza extrema se mantendría en 10,2 %. “Para 2018 se espera que el crecimiento del PIB contribuya a una ligera reducción de la tasa de pobreza y una mantención de la tasa de pobreza extrema”, explica el documento.

Ante “el magro desempeño de la región en los años recientes, sumado al débil ciclo económico”, la Cepal llama a “desarrollar y fortalecer las políticas públicas de protección social y en el ámbito del mercado de trabajo, abarcando fundamentalmente medidas de inclusión social y laboral, y políticas redistributivas en materia de ingresos”. Empleos de calidad, así como la construcción y expansión de sistemas de protección social integrales y efectivos, están entre las recomendaciones.

La lucha contra la pobreza estuvo entre lo que más resaltó el gobierno de Juan Manuel Santos y será un componente del Plan Nacional de Desarrollo de la nueva administración.

De lo que se conoce hasta el momento, las bases del plan reconocen los impactos positivos de programas como Más Familias en Acción (como mejor desarrollo físico, menor desnutrición, menos enfermedades), pero hablan de la necesidad de rediseñarlo, ajustando su cobertura y focalización con el nuevo Sisbén.

Este último debe estar implementado en 2020 para que “con sus mejoras metodológicas, tecnológicas y operativas, sea la base para el ajuste en la focalización de programas sociales y una fuente de información para los programas que requieren rediseño”, dice el documento de Planeación Nacional. Asimismo, se reconoce la necesidad de intervenciones particulares en los territorios más rezagados, como La Guajira y Chocó.

En Colombia, en términos monetarios, 27 de cada 100 colombianos son pobres, mientras que entre 7 y 8 de cada 100 son considerados dentro de la pobreza extrema. Colombia tiene todavía mucho trabajo por hacer para cumplir con el objetivo que el mundo se ha trazado para 2030: eliminar la pobreza en todas sus formas. Ser uno de los países más desiguales en América Latina, la región más desigual del mundo, por encima de África Subsahariana, hace del desafío algo mucho más complejo.

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