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La dosis de expansión monetaria y fiscal de los diferentes gobiernos pareciera haber llegado a las venas de la economía real que empieza a ver menos dramático el futuro económico; sin embargo, este doping de última instancia para evitar el colapso, pasará su cuenta de cobro como sucede con cualquier deportista que recurra a esas artimañas para mejorar su rendimiento.
Mientras tanto, con bajas tasas de interés y precios de materias primas debilitados, las acciones parecen atraer a los inversionistas que hace un año no imaginaban los niveles actuales.
En Colombia también mejoraron las acciones. La liquidez que suministró la oferta pública de adquisición por acciones de Colivers se irrigó a un mercado con bajos volúmenes y mediocre desempeño. Resultados empresariales atrajeron a inversionistas desmotivados por las decrecientes tasas de interés y un mercado del dólar desgastado por la alta volatilidad.
A futuro, las tasas de interés confirman su tendencia bajista, de la mano de las agresivas reducciones del Emisor que dejó el jueves en 6% anual su tasa de referencia, dando un parte de confianza de que la inflación seguirá bajando, por una decaída demanda que se puede debilitar aún más con la pérdida de empleo. El doping monetario y fiscal también empezará a tener efecto en Colombia e igual que en el mundo, ya veremos qué cuenta de cobro nos pasará.
La lección fue aprendida: los mercados necesitan al Estado tanto como el Estado los necesita a ellos. Ni liberales ni socialistas tienen la verdad absoluta. El actual tercio de la faena lo torea el Estado y aunque tiene manga ancha para inyectar altas dosis de dopaje fiscal y monetario a los mercados, la cuenta de cobro será pasada por la inflación, aunque no se vea aún en la distancia.