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Dos marcas tradicionales de leche ya no estarán en la mesa de los colombianos

El grupo empresarial peruano encargado de su producción anunció que suspenderá el negocio de la leche para concentrar su portafolio en la categoría de bebidas. La decisión abre interrogantes sobre el momento que atraviesa la industria lechera.

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Diego Ojeda
16 de marzo de 2026 - 02:19 p. m.
Hasta el viernes la planta en Coga dejó de procesar la leche. En ese lugar, en este momento, solo trabajan 20 personas.
Hasta el viernes la planta en Coga dejó de procesar la leche. En ese lugar, en este momento, solo trabajan 20 personas.
Foto: Pixabay
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El Grupo Gloria es un conglomerado empresarial de origen peruano que cuenta con más de 16 años de presencia en el mercado colombiano. Es reconocida por ser la fabricante de los productos Algarra, Lechesan y jugos California.

Recientemente anunció que, tras revisar la estrategia de su portafolio en América Latina, decidió enfocar su operación en Colombia en la categoría de bebidas, lo que implica la suspensión de sus operaciones en el negocio de lácteos.

Gloria Foods, la empresa con la que opera el mencionado grupo en Colombia, precisó que esta decisión implica el cierre parcial de la planta de Cogua, así como la suspensión de otras actividades vinculadas a esta línea de negocio en el país.

Algarra es una marca que ha estado en la mesa de los colombianos desde el año 1955, cuando se fundó por la familia Vargas Acosta, en Zipaquirá. Lechesan, por su parte, está desde el año 1971 y surgió como uno de los productos de esta categoría mejor posicionados en Santander.

Así las cosas, los esfuerzos de esta empresa se concentrarán en los jugos California, fundada en Barranquilla en el año 1956, por el empresario Emilio Faillace.

Según explicó Fredy García, representante del sindicato de la empresa, en entrevista con Blu Radio, hasta el viernes operó la maquinaria destinada a la producción de leche en la planta de Cogua.

“En este momento estamos operando 20 personas, antes éramos cerca de 80”, señaló. De momento no está claro si esta empresa contó con el aval del Ministerio de Trabajo para adelantar despidos masivos.

En la planta de Simijaca se producen los jugos California. Allá, según lo manifestado por García, no se han adelantado despidos y se opera con normalidad.

¿El negocio de la leche pasa por un mal momento?

El sector lácteo es estratégico para el país. De acuerdo con el más reciente análisis de la Bolsa Mercantil de Colombia, en la nación se producen anualmente más de 7.000 millones de litros de leche, volumen destinado principalmente a abastecer la demanda interna, estimada en cerca de 147 litros por persona al año.

Datos del DANE reflejan que, en 2022, este sector generó más de 20.500 empleos, entre directos e indirectos (el grueso de ellos en las comunidades rurales), mientras que en 2023 aportó el 9,3 % de la producción de la industria alimentaria, así como el 0,3 % del producto interno bruto.

Por tratarse de un producto altamente perecedero, el negocio de la leche enfrenta importantes complejidades. Como se explica en el análisis mencionado, en las etapas iniciales de la cadena productiva se registran pérdidas significativas, derivadas de fallas en los procesos de recolección, almacenamiento y transporte. Esta situación se agrava en regiones del país que carecen de la infraestructura necesaria para garantizar un procesamiento oportuno tras la obtención del producto.

La decisión de este grupo empresarial deja dudas sobre el momento económico por el que pasa la leche en Colombia.

Según lo informado por la Asociación Nacional de Productores de Leche de Colombia (Analac), en lo que va del año el precio del litro de leche al productor ha subido un 1,3 %, mientras que los costos del campo han crecido un 23,7 %, una cifra elevada si se tiene en cuenta que la inflación anual fue del 5,1 %.

Si se toma como referencia un precio promedio cercano a los COP 2.000 por litro pagados al productor, este incremento del 1,3 % apenas implica COP 26 adicionales. Sin embargo, para mantener el poder adquisitivo frente a la inflación anual, el precio debió haber aumentado en cerca de COP 102 por litro. Para Analac, el productor está perdiendo aproximadamente COP 76 por cada litro de leche producido.

El golpe se ve con más claridad si se tiene en cuenta que una finca que produce 1.000 litros diarios estaría recibiendo COP 76.000 menos al día, es decir, más de COP 27 millones al año.

“Aunque el Índice de Precios del Productor (IPP) nacional registró una variación negativa cercana al -2,6% en 2025, este indicador no refleja la realidad de los costos del sector lechero, donde variables determinantes como el salario mínimo, el transporte rural y los insumos agropecuarios continúan aumentando por encima del precio pagado al productor”, detalla Analac.

La asociación informó que esta información y preocupaciones le fueron manifestadas al Consejo Nacional Lácteo, pero el Ministerio de Agricultura, asegura, decidió apartarse de la recomendación de este órgano asesor.

“Para los productores, esta diferencia genera una brecha creciente entre los ingresos que reciben y los costos que deben asumir para producir, lo que reduce los márgenes de la actividad lechera”, explica.

Los productores advierten que si esta tendencia continúa, podrían generarse efectos importantes para la producción nacional de leche:

  • Deterioro de la rentabilidad de las fincas lecheras, reducción de la inversión en productividad y calidad
  • Mayor presión sobre el abastecimiento nacional de leche, incremento de la importación de leche, teniendo como consecuencia la pérdida de la soberanía alimentaria.

En entrevista con El Espectador (realizada hacia finales del año pasado), Rafael Álvarez Escobar, CEO de Alquería, detalló que una de las grandes complejidades de esta industria es la capacidad de predecir la oferta y la demanda, pues cualquier desequilibrio en estas puede impactar tanto a productores como a consumidores.

Ante este desafío, Alquería ha encontrado en la inteligencia artificial una herramienta que, bien abastecida con modelos, datos y algoritmos, les ha permitido llegar a unos niveles de predicción bastante acertados, lo cual les ha permitido tomar mejores decisiones basadas en esa información, así como anticiparse a escenarios claves para su negocio.

“El impacto ha sido grande en los resultados de la empresa y nos ha permitido ofrecer a nuestros consumidores un mejor producto, porque en la medida en que seamos capaces de predecir la oferta y la demanda, vamos a poder estar siempre presente en sus mesas, ya que se reducen las posibilidades de que nuestro producto esté agotado”, puntualiza.

La inteligencia artificial también está siendo usada en esta industria para temas de mercadeo, análisis y predictibilidad. Esto le ha permitido a empresas como Alquería testear productos y estrategias con los consumidores, lo que se traduce en acciones más impactantes y efectivas.

Para Álvarez, aunque esta es una industria tradicional y consolidada en Colombia, aún hay mucho espacio para crecer, si se tiene en cuenta que para la Organización Mundial de la Salud, el consumo per cápita recomendado está entre los 180 y 184 litros al año, por lo que todavía hay una brecha por cerrar de por lo menos 33 litros por persona.

Este empresario también es consciente de que el sector lácteo enfrenta un futuro de sostenibilidad, no solo ambiental ni económico, sino más generacional, ya que hoy muchos jóvenes no están viendo un futuro en el campo.

Tan cruda es esta realidad que actualmente el promedio de edad de los ganaderos o de los campesinos en Colombia está pasando los 60 años.

“Parte de lo que estamos trabajando en esto lo hacemos con el programa de Vaca Madrina (con el que se busca fortalecer las capacidades de gestión de los productores en sus sistemas), así como un trabajo que se hace con el SENA y el programa Herederos de Tradición, con el que también se apunta a mejorar la competitividad”, detalla Álvarez.

En suma, la demanda de talento tecnológico y la oportunidad para que más jóvenes vuelvan su mirada al campo, es un escenario que podría potenciar esta industria que todavía tiene mucho terreno para crecer.

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