Estudio del BID

¿El comercio electrónico como salvación de la economía latinoamericana?

La institución argumenta que este es uno de los renglones que más pueden aportar al crecimiento económico de la región en donde, sin embargo, hay que ponerse al día en regulación para mejorar la operación de este sector entre países.

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A medida que los precios del petróleo se han recuperado y que Latinoamérica sale, en conjunto, de uno de los períodos de recesión comercial más largos de su historia reciente, autoridades económicas, académicos y hasta políticos miran cómo evitar una debacle similar.

Una de las respuestas obvias, aunque no resulta fácil de tragar, es alejarse de la dependencia del modelo minero-energético y, en general, impulsar el crecimiento industrial y la productividad más allá del reino de las materias primas. Eduardo Sarmiento lo resumió de esta forma en una columna publicada recientemente por este diario: “La caída de la economía colombiana fue el resultado del agotamiento del modelo minero-petrolero (…) La solución al estancamiento no es sólo la reactivación de la economía, sino el cambio de las estructuras que lo causaron”.

Y en este punto hay que mirar hacia varios sectores que pueden agregar valor, ayudar en la creación de empleos y otorgar ventajas competitivas a las economías de la región.

De acuerdo con un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), uno de los sectores que deberían explorarse más es el comercio electrónico, entendido en una forma mucho más amplia de la compra de ropa o dispositivos electrónicos a través de internet.

“De cara al futuro, y en un contexto de crecimiento frágil y baja competitividad, el comercio electrónico emerge como una potencial fuerza revitalizante (…) América Latina y el Caribe tienen el potencial de expandir su presencia en el comercio electrónico (e-commerce) transfronterizo, particularmente en los segmentos empresa a empresa y empresa a consumidor, que crecen a tasas sustancialmente por encima de las del comercio mundial de bienes”.

Para Paolo Giordano, economista principal del sector de Integración y Comercio del BID y coordinador del reporte, sin embargo, hay retos importantes para expandir el alcance y la profundidad del comercio electrónico en la región. Uno de estos tiene que ver con la regulación que hay en este panorama. El experto hablará de este tema en el Primer Congreso Integrado de Zonas Francas y Puertos, que se realizará en Cartagena este mes.

“Es fundamental resolver las asimetrías de regulación sobre el tema que hay entre los países porque, de no hacerse, comienzan a surgir problemas que impiden el avance del comercio electrónico transfronterizo, que tiene enorme potencial de crecimiento”, dice Giordano.

En un estudio del BID se tomó como marco de referencia el TPP, uno de los pactos comerciales que mejor tienen diseñado el panorama regulatorio para comercio electrónico. En contraste con este documento, la regulación en Latinoamérica apenas llega al 13 % del espacio regulatorio que cubre lo establecido por el TPP.

“Esto nivela el campo de juego para que el comercio transfronterizo pueda operar sin problema. ¿De qué hablamos? De asuntos como flujos de información entre los países, localización de servidores en los que se almacenan los datos de los usuarios”.

Hay varios niveles de análisis del comercio electrónico, dependiendo de hacia dónde fluyen las transacciones, entre personas, negocios entre ambos… La modalidad más común en el mundo es entre negocios (conocido como B2B), que representa poco más de US$11 billones anuales, seguida de negocios con usuarios (B2C), que llega a unos US$2,7 billones anuales.

De acuerdo con Giordano, en Latinoamérica la modalidad B2C registró unos US$47.000 millones en transacciones en 2015. Entre ese año y 2014, el renglón se expandió 24 %, uno de los que más creció en este tema.

Giordano destaca que una futura expansión del comercio electrónico también podría generar ventajas en los negocios tradicionales. “Si bien es una porción pequeña del comercio total, las transacciones en línea están creciendo mucho y pueden tener un gran impacto en todo el comercio. Se trata de un cambio de modelo de negocios general, que llega de la mano de nuevas tecnologías. Por ejemplo, la aplicación de blockchain (el método de registro de las transacciones de una criptodivisa) en comercio internacional tiene un enorme potencial y puede modificar el papeleo”.

Este tipo de cruces entre tecnología y logística puede acelerar los tiempos de entrega de mercancía y de manejo en las aduanas, que a su vez son dos de las pesadillas en comercio internacional en América Latina. A nivel global, Maersk, el gigante naviero danés, trabaja en un proyecto de blockchain con IBM para “hacerles seguimiento a los contenedores que mueve globalmente y así no sólo saber su ubicación, sino su estado: si están completamente cargados, si no, en dónde no los llenaron al tope; un contenedor a medias es dinero que pierde la empresa. Blockchain permite establecer esta cadena con total confianza y transparencia”, según Nitir Gaur, director del laboratorio de blockchain de IBM.

“El comercio electrónico transfronterizo es un segmento en expansión en la región. América Latina cuenta con el mayor porcentaje de consumidores electrónicos (15 %) que realizan compras en línea exclusivamente en el extranjero. En Asia esta cifra es sólo 4%. Adicionalmente, 42 % de los consumidores electrónicos en América Latina realizan compras tanto en el ámbito nacional como en el internacional. En un contexto de bajas tasas de crecimiento tanto del PIB de la región como del comercio mundial, el comercio electrónico emerge como una potencial fuerza revitalizante”, concluye el informe del BID.

 

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