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Aunque el gravamen a la inversión extranjera de portafolio impuesto en Brasil devaluó inicialmente su moneda de 1,71 a 1,755 por dólar, su cotización volvió a 1,71, dejando en claro que la tendencia mundial de debilitamiento de la divisa americana es una corriente contra la que difícilmente un esfuerzo individual de cualquier banco central o gobierno puede luchar.
En Colombia, el Gobierno prometió no vender más dólares provenientes de Ecopetrol ni hacer el reintegro de recursos del exterior para su plan de prefinanciación fiscal en lo que falta del año. A esta medida el Banco de la República se sumó este viernes con el anuncio de compras puntuales de dólares en el mercado cambiario y de títulos TES, que sirvan de canal para suministrar la liquidez para final del año, por cerca de $3 billones y mantuvo inalteradas sus tasas de interés (4%), las cuales ya están en mínimos históricos. Estableció que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de 2009 estaría alrededor del 3% y que la inflación de 2010, en una rango entre 2 y 4%.
Pero la recesión requerirá rebalancear los desajustes que están profundizándose en la economía norteamericana, y el resto del mundo deberá reducir su ahorro y apreciar sus monedas.
Los déficit fiscal y comercial de EE.UU. son financiados principalmente por China y otras economías asiáticas, que si dejaran de comprar los títulos del gobierno estadounidense debilitarían más el dólar, obligando a que las tasas de interés de ese país se dispararan, con consecuencias catastróficas sobre la tenue recuperación económica.
Este desestímulo mundial al ahorro por fuera de EE.UU. se ha visto acompañado por un descenso en la inflación, pero ello no implica que en otros índices de precios gocen de esa tranquilidad, como los de las acciones, que este año muestran valorizaciones casi del 50%, mientras la economía crece cero, en el mejor de los casos, al tiempo que también sube el precio del petróleo y el oro.
El sistema financiero norteamericano evidencia limitaciones en sus mercados, ya no se presentan tan líquidos, profundos y seguros. Y sus autoridades parecieran cómodas con la devaluación de su moneda, tal vez recordando la experiencia de Gran Bretaña después de la Segunda Guerra Mundial al tratar de mantener fuerte su moneda, lo que le acarreó elevados sacrificios.
En Colombia la única autoridad económica con pólvora seca para moderar la crisis sigue siendo el Banco de la República, sin embargo, se le puede acabar.