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Después de siete años de batallas legales, Samsung y Apple por fin llegaron a un acuerdo por un caso que, de fondo, trataba de resolver si el fabricante coreano copió aspectos del diseño del iPhone en los primeros días de este dispositivo.
El caso nació luego de una demanda instaurada en 2011, cuando Steve Jobs (quien murió ese mismo año) amenazó con acabar con algunos de los fabricantes que incorporaron Android como su sistema operativo móvil. En ese momento, Jobs aseguró que Samsung “copiaba servilmente” el diseño del iPhone.
La batalla original se ha ramificado y, hasta hoy, ha incluido fallos en todas las instancias judiciales de Estados Unidos. El más reciente de estos fue proferido en mayo de este año, cuando un jurado dictaminó que Samsung debía pagar US$539 millones por copiar algunas de las funciones del iPhone (demanda que se originó en 2012).
Las patentes que Apple disputaba incluían asuntos como la forma de desplegar los íconos en la pantalla principal de un teléfono o el doble toque para hacer zoom sobre una imagen o un documento.
El acuerdo de este miércoles resolvió la última disputa pendiente en una batalla que les costó a ambas compañías millones de dólares en gastos legales, además de un desgaste en su reputación.
Los términos del acuerdo no fueron hecho públicos.
El juicio de 2012 generó apelaciones hasta la Corte Suprema de EE. UU. Las compañías también se enfrentaron en un juicio separado en 2014, en el mismo tribunal, sobre diferentes demandas de infracción de patentes.
Apple dijo después de su victoria en mayo que el caso “siempre ha sido más que dinero” y “es importante que sigamos protegiendo el trabajo duro y la innovación de tanta gente en Apple”.
El fabricante del iPhone llegó previamente a acuerdos separados con Google, que desarrolló Android, y HTC, el fabricante taiwanés de dispositivos móviles.
En 2012, HTC acordó realizar pagos de regalías trimestrales a Apple y se comprometió a no fabricar teléfonos que parecieran copias de los productos de Apple. En el acuerdo de 2014 de Apple con Google, que había empezado Motorola Mobility, las dos partes acordaron simplemente abandonar sus respectivas peleas y trabajar juntas en asuntos políticos relacionados con patentes.
Más allá del dinero, la importancia y extensión del pleito hablan con elocuencia sobre la importancia de los teléfonos inteligentes y, en últimas, de la era en comunicaciones móviles que se abrió con el lanzamiento del iPhone, en 2007.
Hasta ese momento, la forma de diseño y distribución del software estaban más del lado de empresas como Oracle o Microsoft, por ejemplo: grandes piezas pensadas para empresas o usuarios de casa. Y aunque las grandes compañías de software siguen existiendo, y esta oferta se sigue manteniendo, las tiendas de aplicaciones multiplicaron drásticamente las posibilidades creativas de lo que se puede hacer en programación: no sólo sistemas operativos y soluciones para manejo de bases de datos, sino productos que ayuden a regular el sueño de un usuario o conviertan su teléfono en un kit de batería. Muchas veces gratis, aunque en otras ocasiones por un módico precio.
El App Store, la tienda de aplicaciones de Apple, entró en servicio en 2008 con 500 apps. Hoy existen más de dos millones y Google Play, su contraparte para Android, agrupa casi tres millones y medio. Al combinar los ingresos de ambos sitios se tiene que, sólo en el primer trimestre de este año, desarrolladores en todo el mundo generaron US$10.500 millones. Este es dinero que no existiría sin la economía que corre paralela al iPhone y, en general, a los teléfonos inteligentes.
Hoy en día, Android es el sistema operativo presente en más del 80 % de los teléfonos inteligentes del mundo y una plenitud de fabricantes han adoptado el software de Google como principal bandera de sus productos. Apple y Samsung siguen liderando las ventas de estos dispositivos, aunque también con la notable competencia de Huawei.
Y, aunque Apple sigue extrayendo más dinero por cada teléfono que vende, Samsung ha logrado innovar en varios aspectos claves en los teléfonos de alta gama hoy, como la inclusión de pantallas más grandes, resistencia al agua y el uso de tecnología LED en sus pantallas (que iPhone sólo incorporó recientemente en su producto de punta).