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¿Alguien imaginó alguna vez que en un punto de venta del Baloto se pudiese retirar dinero de la cuenta corriente o de ahorros, cobrar la pensión o retirar la nómina mensual?
Estos desarrollos no son ciencia ficción. A partir de mediados de 2009, cuando inicie operaciones la fase II de la red informática del Baloto, cualquiera de sus 8.000 terminales (en más de 420 municipios nacionales) podrá convertirse en un centro de pagos y transacciones único en el mercado, donde, además, continuarán vendiéndose juegos de azar, especialidad mundial de GTech, la compañía dueña de la marca.
¿Por qué ese giro?
“Compramos un Jumbo, sin percatarnos de las dificultades derivadas del fraccionamiento nacional del chance y las loterías y del monopolio ejercido en este campo por el Estado”, confiesa Álvaro Gómez Muñoz, presidente de GTech-Colombia. “Por eso, durante buena parte de cinco años, casi todas nuestras sillas estuvieron vacías. Por eso, desde hace dos años, nos tocó idearnos la manera de llenarlas con nuevos productos y servicios”.
En las terminales del Baloto se pueden comprar, ahora, desde tarjetas prepago de todos los operadores de telefonía móvil, hasta adquirir pines de energía de EPM, navegar en internet, hacer llamadas nacionales e internacionales, cancelar las facturas de servicios públicos y de comunicaciones, abonar a microcréditos, cancelar pedidos a los sistemas de ventas multinivel y realizar transacciones bancarias básicas para las cuentas del Citibank.
Esta descomunal evolución fue, en realidad, un resultado de las circunstancias. Mirando alrededor en busca de salvavidas, Gómez estudió los casos de recaudo de la red de GTech en Brasil y Chile y, literalmente, utilizó dichas acciones para desarrollar su propio proyecto. Primero incorporó a Codensa y a Comcel, y luego trajo otros clientes interesados en masificar sus operaciones de compra, venta y recaudo. El resultado fue dramático: en los últimos dos años, GTech ha duplicado la cantidad de transacciones realizadas mediante su red.
Gómez tiene, entonces, varios motivos para celebrar.
En nuestro encuentro, acordado en el restaurante Matiz, al norte de Bogotá, señaló que la experiencia colombiana está siendo cuidadosamente analizada por la casa matriz, perteneciente al grupo italiano D’Agostini.