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Todos debieron haberlo previsto desde 1991 cuando, en llave con su padre, Jaime Gilinski, de 36 años para ese entonces, apostó por salvar la filial colombiana del Banco Internacional de Crédito y Comercio (BCCI, por sus siglas en inglés). La movida que dejó en pie a la última representación en el mundo de esa entidad sobre la que pesó un escándalo de corrupción, para la que incluso la revista Time agotó superlativos, era un anticipo para el mundo financiero de que el que entraba a jugar sabía perfectamente cómo mover las fichas.
Esta semana, Gilinski lo hizo de nuevo: se convirtió en el mayor accionista del Banco Sabadell de España, con el 7,5% de participación, dos y medio puntos más que la que tuvo inicialmente, el año pasado. Con esta operación, avaluada en 700 millones de euros, Jaime Gilinski Bacal suma un elemento más a su lista de sagaces actos de fe, pues demuestra no temerle a aumentar la inversión en un país sobre el que pesan varios años de crisis financiera.
Este caleño, de ascendencia lituana, tiene 56 años, es considerado el tercer hombre más rico del país y el número 542 del mundo, según la revista Forbes, con una fortuna que asciende a US$3.100 millones, 700 más que cuando entró al escalafón de la revista en 2013.
En 1980 obtuvo un MBA de la Universidad de Harvard y regresó al país a hacer negocios, emporios, con su papá, Isaac Gilinski. El barranquillero fue la primera generación colombiana de esta familia judía procedente de Lituania, que se estableció en el país a principios del siglo XX.
Gilinski padre, quien recientemente se desempeñó como embajador de Colombia en Israel, tenía ya toda una industria establecida en el Valle del Cauca para la época en que su hijo regresó, con empresas como Bon Bril, Rimax y Yupi. Juntos hicieron la primera jugada en el mundo financiero, con la recuperación de la filial del BCCI, que pasaría a ser el Banco Andino y uno de los más eficientes del país luego de prácticamente haber caído en bancarrota.
En 1994, los Gilinski hicieron la mejor oferta para comprar el Banco de Colombia y así lo hicieron por US$375 millones. Pero para ello tuvieron que conseguir inversionistas, y los hallaron nada menos que en entidades como Barclays de Inglaterra e ING de Holanda. Luego, en 1998, venderían el banco al Sindicato Antioqueño, de lo que se desprendió una controversia que se resolvió en 2010, sin mayores detalles hechos públicos.
En 2003, Jaime Gilinski compró la participación en el Banco Sudameris del grupo italiano Intesa San Paolo y adquirió el banco Tequendama, del grupo bancario más grande de Perú. Los juntó y creó una entidad que lleva nada menos que su nombre: Gilinski National Bank Sudameris, más conocido como el GNB Sudameris.
A la operación se sumó la adquisición de una de la redes más grandes de cajeros en el país, Servibanca. En el GNB Sudameris, por demás, se han condensado las operaciones en Latinoamérica de HSBC, a las que Gilinski se ha hecho.
Ayer se anunció que la participación de Jaime Gilinski en el Sabadell, el cuarto grupo bancario de capital privado de España, pasó del 5% al 7,5%, con lo que se consolida como accionista mayoritario. Gilinski dijo al medio español Expansión que la decisión es muestra de su confianza en la recuperación de la economía de ese país y que la participación por el momento seguirá siendo financiera. No se descarta, sin embargo, que Gilinski pase a ser parte del consejo de la entidad.
Lo que hay que tener por seguro es que no será esta la última movida del magnate de bajo perfil que sigue demostrando que asumir retos y confiar es su estilo de mover las fichas.
mmedina@elespectador.com
@alejandra_mdn