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En sus planes no está convertirse en jugadores de la talla de Camilo Villegas. Pero sí relajarse y generar espacios para conocer gente y de golpe hacer algún negocio.
Son los ejecutivos que juegan golf, que crecen en el país como la afición a este deporte. Son personas ocupadas, pero que incluso se aguantan un regaño de la familia por madrugar un sábado o un domingo para encontrase con su grupo de amigos o con un potencial cliente que pueda representar una oportunidad interesante.
Ya lo dice Donald Trump en su libro Cómo hacerse rico: “Fui a jugar golf a uno de mis campos, algunos creerán que estoy perdiendo el tiempo, pero lo tomo como un trabajo y disfruto mucho haciéndolo. Un día jugando se me acercaron cuatro personas que deseaban formar parte del club de golf. Les dije que la membresía costaba US$250.000 y ellos me hicieron un cheque cada uno. Esa tarde volví a mi casa con US$1 millón y todo por haber ido a jugar golf”.
Lo cierto es que en Colombia son cada vez más los ejecutivos que se dejan contagiar por la fiebre del golf. En el país hay 52 campos avalados por la Federación Colombiana de Golf y más de 15 mil jugadores con handicap registrado.
Carlos Gustavo Cano
La suya la califica como una vocación tardía. Comenzó a jugar golf hace ocho años, luego de dejar el tenis, que practicó por varios años, hasta cuando en un cumpleaños su familia le regaló una talega de golf. El codirector del Banco de la República, que tiene handicap 30, se considera un golfista inconstante, por sus viajes y ocupaciones. Juega en el club Los Lagartos, en un grupo de amigos que se llama Los Tricornios, cuyo nombre se originó en que después de terminar de jugar toman ron Tres Esquinas. “Mis amigos me echan de menos cuando no juego, porque soy de los que más colabora con el marranito donde se consignan las multas por hacer más de dos putts”.
David Bojanini
Siempre ha sido deportista, aunque comenzó a jugar golf hace 10 años, cuando unos amigos lo invitaron. El presidente de Suramericana de Inversiones quedó matriculado entre los gomosos de la pelotica, aunque a juzgar por su hándicap, 18, parece hacerlo bien, a pesar de llevar relativamente poco tiempo en la práctica, en términos golfísticos.
“Y aprendí con mi plata, como dice el chiste de los golfistas ‘los que juegan bien, aprendieron con la plata del papá’ ”. Lo practica en el club El Rodeo de Medellín, pero disfruta mucho cuando lo invitan a jugar en otros campos.
Considera que el golf es una actividad que ayuda en las relaciones sociales, “aunque los negocios no se hacen en el campo, sino después, pero el golf genera una relación positiva y puntos en común”.
Roberto Junguito
El presidente de Aero República es golfista desde los 10 años en el Country Club de Bogotá. Dice que por haber comenzado temprano pudo mejorar mucho, al punto que es handicap 3, aunque hoy juega poco porque sus ocupaciones de trabajo y familia no le dejan mucho espacio. Recuerda una vez hace muchos años cuando jugando con su papá, el ex ministro de Hacienda Roberto Junguito, los jugadores que iban adelante, entre ellos el ex presidente Alfonso López Michelsen, los dejaron pasar y cuando Junguito padre jugó, su bola casi le pega al ex presidente, lo cual le generó una enorme vergüenza.
Jorge Silva
Hace unos días lo visitó un vicepresidente mundial de Microsoft, compañía de la cual es gerente general en Colombia. Con un grupo de colegas se fueron a jugar al club Los Lagartos. Llovió toda la tarde, pero el gusto por el golf es tal, que se aguantaron la mojada. Por lo general juega en el club San Andrés, aunque con su handicap 32, le gusta jugar en campos diferentes. Piensa que jugando golf no se cierran negocios, aunque sí se crea un espacio para establecer relaciones. Se considera inconstante, porque su trabajo le exige viajar con frecuencia y su tiempo de descanso lo comparte con la familia.
Camilo Durán
El golf hace parte de su vida hace 45 años. Desde cuando era adolescente su pasión ha sido este deporte. Y con razón, tiene handicap 5. Aunque sus ocupaciones como presidente de Exxon Mobil en Colombia requieren mucho tiempo y continuos viajes, se las arregla para sacar tiempo y jugar en los clubes El Rincón y San Andrés.