Importó 1.112 toneladas entre enero y junio

El primer semestre ganadero pierde peso

Mientras la producción del agro creció 4,4 % al término del segundo trimestre, la actividad ganadera cayó 6,1 %. De otro lado, aumentan las importaciones, según la Federación Colombiana de Ganaderos, por el alto precio interno de la carne. El inventario ganadero ha disminuido a cerca de 22 millones de cabezas en el país.

Según Fedegán, los fenómenos climáticos y la crisis con Venezuela han incidido en la disminución del inventario ganadero. / Bloomberg

Mientras algunos ven aún con preocupación el crecimiento de 1,3 % que tuvo la economía colombiana en el segundo trimestre del año, el Gobierno celebra el repunte de 4,4 % que registró el agro en el mismo período. La cifra va de la mano con la meta que el Ministerio de Agricultura cumplió con anticipación: superar un millón de hectáreas nuevas sembradas en el país, como estrategia para sustituir importaciones. El objetivo, que se enmarcó en el plan Colombia Siembra, se planteó en 2015, con miras a lograrlo en 2018.

En particular, los arroceros han dicho que, en efecto, la producción aumentó y Colombia, de hecho, hoy es autosuficiente en ese cereal. Sin embargo, señalan, los precios para el productor han bajado por la sobreoferta y las voces de paro se han vuelto a escuchar. El panorama fue distinto para el sector ganadero, que vio su producción de bovinos disminuida en 6,1 % en el segundo trimestre. En cambio, aumentan las importaciones. ¿Qué pasa, entonces, con esta actividad de la que dependen más de 500.000 familias en el país?

Según las cifras oficiales del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), las compras externas de carnes y preparados se incrementaron casi 70 % en junio, frente al mismo mes de 2016, y 54,2 % entre enero y junio, con respecto al primer semestre del año pasado. Son números que contemplan las importaciones de carne de res, de cerdo y de pollo. En plata blanca, Colombia compró en el exterior 1.112 toneladas de bovino entre enero y junio de 2017, frente a un poco más de 200 en el primer semestre del año pasado. Es un crecimiento superior a 400 %.

Para Óscar Cubillos, coordinador de la oficina de planeación de Fedegán, la cifra llama a estar a atentos, pero “no es preocupante”, pues, frente a la producción del país, casi un millón de toneladas, las importaciones tienen poco peso, menos del 1 %. Según él, el comportamiento se debe a los importadores que están aprovechando los precios de la carne, que han venido subiendo durante los últimos años en el país —en 2016, la carne y sus derivados subieron 12,98 %—. Es decir, están comprando el producto en el exterior para venderlo al precio interno y aumentar el margen de ganancia, señala Cubillos.

Lo que preocupa a este gremio, en cambio, es la caída en el sacrificio y, por ende, en la producción. Al ver las cifras que tiene el Ministerio de Agricultura, al comparar los primeros seis meses de 2016 y el mismo período de este año, es evidente que hubo una caída superior a 200.000 cabezas de ganado sacrificadas, hasta llegar a los 1,4 millones.

Cubillos apunta: “Esa caída indica que los frigoríficos llevaron a sus instalaciones menos animales para sacrificio, pero la gente sigue consumiendo carne. Es decir, al sacrificio formal lo está reemplazando el sacrificio clandestino”.

De acuerdo con el Ministerio de Agricultura, el cierre de algunos mataderos municipales y el aumento de la demanda por cuenta de las exportaciones a países como Jordania y Líbano han jalonado los precios al alza. Sin embargo, reconoce también la problemática de la ilegalidad. En una ciudad como Cúcuta, por ejemplo, se consumen 450 animales diarios, pero sólo se registran oficialmente 80.

El inventario ganadero ha disminuido a cerca de 22 millones de cabezas en todo el país. Según Fedegán, los fenómenos climáticos y la crisis con Venezuela han incidido. “Entre 2014 y 2015 mejoraron los precios, pero había menos hembras. Hasta ahora se está reponiendo el inventario de hembras. Esa escasez de animales produce altos precios”. Eso ha beneficiado a sectores como el avícola y el porcicultor. Este último espera superar, en menos de cinco años, a la carne de res como la segunda proteína más consumida, después del pollo.

Tanto el Ministerio como los ganaderos coinciden en que en las últimas cifras del DANE poco o nada se alcanzan a reflejar los efectos del brote de fiebre aftosa que se habría presentado precisamente a causa del contrabando entre Colombia y el país vecino. Esto se debe a que la reaparición de la enfermedad ocurrió a finales de junio. La semana pasada, justamente, la cartera agropecuaria informó que los casos que se presentaron en Tame (Arauca), en zona rural de Cúcuta y en Yacopí y Tibacuy (Cundinamarca) concluyeron con el sacrificio de 3.325 animales.

Si bien el Gobierno se ha mostrado confiado en que Colombia recuperará el estado sanitario libre de aftosa por vacunación que perdió a causa del brote, Fedegán tiene sus reservas, debido a que países como Uruguay y Paraguay han tardado dos años o más. “Valoramos, para el 2017, pérdidas en US$207 millones, teniendo en cuenta la caída del precio en el mercado interno de animales, la caída en el consumo de carne, de exportaciones, entre otros”, apunta Cubillos. Para 2018, serían más de US$300 millones.

Por lo pronto, este sector se prepara para el próximo ciclo de vacunación, que se financia con los recursos de la cuenta parafiscal a la que aportan los productores. La licitación de ese fondo, administrado por el Ministerio, se encuentra detenida, mientras el Consejo de Estado se pronuncia sobre la viabilidad de que Fedegán pueda pujar por ostentar una responsabilidad que perdió a finales de 2015. Este proceso ha enfrentado a los dirigentes del gremio con el saliente ministro de Agricultura, Aurelio Iragorri, quien dejará el cargo en los próximos días.