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Toda lesión o accidente laboral es importante. Aunque estos suelen clasificarse como leves, severos, graves y fatales, cada uno es relevante cuando se busca proteger la integridad del trabajador, por lo que deben reportarse y atenderse de forma oportuna.
Se considera que un accidente laboral es leve cuando la herida no implica una hospitalización o incapacidad, ya que puede tratarse con primeros auxilios y cuidados básicos, sin que se requiere una atención médica extensa. Algunos ejemplos son cortes superficiales, golpes o torceduras leves.
Según la información del Sistema General de Riesgos Laborales, en el país se registran cerca de 1.400 accidentes de trabajo cada día, así como miles de enfermedades laborales calificadas y decenas de muertes asociadas a actividades productivas.
Según lo explicado por Heidy Gonzalez, directora del programa virtual de seguridad y salud en el trabajo del Areandina, muchas de estas lesiones leves no son reportadas porque no generan un dolor intenso inmediato para el trabajador. Sin embargo, las mismas pueden evolucionar en pocas semanas hacia incapacidades prolongadas, cirugías o secuelas permanentes.
“La preocupación aumenta en periodos de alta exigencia operativa, cuando se intensifican las cargas físicas, se extienden las jornadas y el agotamiento se acumula. En ese contexto, el cuerpo empieza a dar señales que suelen normalizarse hasta que el daño ya está hecho”, detalla.
Para entender mejor esto, una torcedura, un esfuerzo repetitivo o una caída sin consecuencias inmediatas podría terminar en inflamaciones crónicas y microdesgarros musculares; lesiones de tendones y ligamentos que limitan la movilidad; infecciones derivadas de heridas pequeñas.
También es cierto que muchos no reportan estas lesiones “leves” por pensar que la productividad en la empresa se verá impactada, producto de las eventuales incapacidades o atenciones. Eso es un mito. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se advierte que el subregistro de incidentes no solo afecta la salud del trabajador, sino que reduce la productividad, incrementa los costos operativos y debilita la sostenibilidad de las empresas.
Desde Areandina se precisa que, en Colombia, la normativa establece que todo incidente laboral debe reportarse dentro de las primeras 48 horas. Después de ese tiempo la Administradora de Riesgos Laborales (ARL) podría objetar el origen del evento, lo que limita el acceso oportuno a atención, tratamientos y prestaciones económicas.
Según lo explicado por la mencionada universidad, esto es lo que se debe hacer ante una lesión leve:
● Detener la tarea de inmediato. Continuar trabajando tras un golpe, caída o sobresfuerzo aumenta el riesgo de agravar la lesión. Parar no es una señal de debilidad, es autocuidado.
● Solicitar primeros auxilios y evaluación. El brigadista, supervisor o el área de Seguridad y Salud en el Trabajo deben valorar y registrar el incidente. Lo que no se documenta, no se previene.
● Realizar el reporte formal. Hora, lugar, forma del evento y testigos son claves para garantizar la atención por la ARL y corregir condiciones de riesgo.
● Evitar la automedicación. Analgésicos o antiinflamatorios pueden ocultar señales de alarma. Fiebre, inflamación progresiva, dolor persistente o limitación del movimiento requieren atención médica inmediata.
No hay razón para temer al reporte de este tipo de lesiones: es un derecho del trabajador. Más allá de cumplir con un requisito legal, reportar oportunamente permite prevenir afectaciones que pueden poner en riesgo la integridad física a mediano y largo plazo. Como advierten los expertos, tampoco debe existir el temor de que una eventual ausencia afecte la productividad de la empresa, pues el impacto es mayor cuando una lesión se agrava y deriva en incapacidades prolongadas o secuelas permanentes.
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