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La directriz del Emisor se dio tras analizar los efectos de la crisis financiera mundial en la economía doméstica, el desplome de la producción industrial y la reducción en el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) durante los últimos meses.
No obstante que los industriales le habían pedido nuevamente a la entidad que hiciera más flexible su política monetaria para no seguir frenando el crecimiento económico del país, el gerente del Banco, José Darío Uribe, sustentó la medida en que si bien la inflación ha cedido en los últimos meses, las presiones en este sentido se mantienen. “La inflación anual al consumidor a septiembre fue de 7,57%, menor a la del mes anterior. Sin embargo, los indicadores de inflación básica aumentaron nuevamente y las expectativas se mantienen estables, pero por encima de las metas”.
Para el director del Colegio de Estudios Superiores de Administración, Mauricio Rodríguez, “es una mala noticia, distinta a la que han tomado los bancos centrales del resto del mundo, y no ayuda a reactivar el crecimiento. Desconoce que la prioridad es la lucha contra la desaceleración y no contra la inflación, porque ésta va a empezar a moderarse, pues los precios de alimentos y combustibles empezaron a bajar. El Banco se equivoca al no dar una señal positiva a la economía”.
Sin embargo, Juan C. Echeverry, ex director de Planeación Nacional, cree que “ante la turbulencia internacional hay que apoyar el empleo y la competitividad: para esto se necesitan más instrumentos que la tasa de interés, que está orientada a combatir las expectativas de inflación”.
El Emisor además decidió reducir el encaje bancario (porcentaje de recursos que deben mantener congelados los intermediarios financieros) de las cuentas corrientes y de ahorro, de 11,5% a 11%, y de los depósitos a término a plazos menores a 18 meses, de 6% a 4,5%. Así se liberarán recursos cercanos a $1 billón en diciembre. Además, se otorgará liquidez transitoria con operaciones repo (compraventa de acciones), de plazos de 14 y 30 días, y compra de TES (título de deuda pública) de manera definitiva por un monto de $500 mil millones. El objetivo es inyectarle al mercado $4 billones de liquidez.