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29 Jun 2020 - 7:00 p. m.

La Trocha: productos amigables con el medio ambiente, de la tierra al plato

Este emprendimiento ayuda a más de 90 cultivadores de frutas y verduras de Cundinamarca y Boyacá con la distribución de sus productos agroecológicos sin intermediarios. También tienen productos de cuidado personal libres de químicos y conservantes, fabricados con elementos naturales.
La Trocha es un emprendimiento que ofrece productos orgánicos de más de 90 cultivadores.
La Trocha es un emprendimiento que ofrece productos orgánicos de más de 90 cultivadores.

En 1999, la Comisión del Codex Alimentarius definió la agricultura orgánica como “un sistema holístico de gestión de la producción que fomenta y mejora la salud del agroecosistema, y en particular la biodiversidad, los ciclos biológicos, y la actividad biológica del suelo. Hace hincapié en el empleo de prácticas de gestión prefiriéndolas respecto al empleo de insumos externos a la finca, teniendo en cuenta que las condiciones regionales requerirán sistemas adaptados localmente. Esto se consigue empleando, siempre que sea posible, métodos culturales, biológicos y mecánicos, en contraposición al uso de materiales sintéticos, para cumplir cada función específica dentro del sistema”.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) asegura que la oferta de alimentos orgánicos es limitada con relación a la demanda de los mismos, así como los costos de producción de los alimentos orgánicos suelen ser más elevados porque requieren más mano de obra por unidad de producción y, ya que la mayor diversidad de las empresas impide hacer economías de escala.

En Colombia existen alrededor de 55.000 hectáreas sembradas con cultivos orgánicos, según Fedeorgánicos, asociación que agrupa a productores y comercializadores de productos orgánicos de Colombia. De este mercado han surgido nuevas formas de negocios, que buscan ayudar a los pequeños productores del campo, ese es el caso de La trocha Bogotá, un emprendimiento que promueve la circulación y comercialización de productos orgánicos de pequeños agricultores y artesanos locales.

“Nace hace tres años y surge un poco de la necesidad de generar nuevos espacios que nos permitan unir el campo y la ciudad, además para realizar una compra más consciente, es decir que el consumidor pueda saber que está comprando y quién está detrás de todo el proyecto”, dice Natalia Peris, una de las fundadoras.

La OMS recomienda consumir más de 400 gramos de frutas y verduras al día para mejorar la salud general y reducir el riesgo de determinadas enfermedades no transmisibles y una dieta baja en grasas, azúcares y sodio. El alma de este proyecto son los más de 90 productores, que proveen a La Trocha, que trabajan con productos colombianos y sobretodo en los municipios más cercanos a Bogotá y localidades como Usme. Las fincas con las que trabajan son agroecológicas.

“Es un trabajo de mucho tiempo en el que hacemos una investigación previa de cada uno de nuestros proveedores y por lo general suelen ser agricultores que trabajan con certificados de garantías participativas. Tenemos una selección bastante grande a granel de granos, lácteos, miel, entre otros”, explica Peris.

Para que los alimentos llegan al cliente de manera casi inmediata, sin intermediarios y frescos, lo que hace es realizar las entregas en las tardes, los días lunes, miércoles y viernes, ya que las frutas y verduras se recogen en la mañana y son recogidos por los cultivadores el mismo día y entregados en la tienda de La Trocha Bogotá, en donde se ejecuta la labor de revisión.

“En lo que insistimos mucho es que todo llega recién cosechado y no dejamos los alimentos para el siguiente día, por eso las entregas las estamos realizando en la tarde noche. Para nosotras también es importante que nuestros consumidores conozcan quiénes están detrás de los vegetales que se están comiendo”, cuenta Peris.

Entre sus proveedores se encuentra Naturadli, una pequeña empresa dedicada a la elaboración de lácteos artesanales, sin químicos ni azúcar, envases retornables, amigables con el medio ambiente y libres de crueldad animal, adicionalmente la elaboración se hace tres horas antes de ser entregado al cliente.

Además, para Sandra Priori y Natalia Peris, fundadoras de La Trocha es muy importante poder hacer una vista previa a las fincas para conocer las prácticas agroecológicas que están aplicando y para entender todo el proceso que hay detrás. En el caso de productos elaborados de cosméticas y demás, piden a sus proveedores un recuento detallado de la fabricación y los utensilios que usan con el objetivo de seguir con los lineamientos de sostenibilidad y conservación del medio ambiente.

A lo que se suma que en este emprendimiento tratan de no utilizar plásticos de un solo uso, por eso tiene la opción de traer su propio recipiente para llevar productos de limpieza. Todos lo que venden está empacado en bolsas de papel reciclado, bolsas hechas en maíz y tienen la opción de que el cliente devuelva las vasijas de bebidas como el yogurt, que se comercializan en botellas de vidrio, que son regresadas a los fabricantes. “Estamos tratando de reducir la utilización de plástico, no lo hemos logrado al 100 % todavía, pero ese es el objetivo”, manifiesta Peris.

No solo tienen comida, también una amplia línea de elementos para el cuidado personal, que son naturales como jabones, desodorantes, copas menstruales, cremas de diente, shampoo, toallitas de tela, esponjas marinas menstruales, que son sostenibles. Es de destacar que según Acoplásticos, un colombiano puede consumir 27 kilos de este material anualmente, una cifra que refleja la cantidad abrumadora de plástico que se produce en el país.

En Colombia se producen 12 millones de toneladas de residuos sólidos al año y solo se recicla el 17 %, además se estima que se generan 1′250.000 toneladas de este material, con la industria de empaques y envases para alimentos.

No solo venden los productos, sino que también tiene una parte de educación no formal y desde que iniciaron comenzaron a realizar charlas relacionadas con el autocuidado, agroecología, cultura y medio ambiente. Ha sido un lugar de encuentro y cuentan las historias de los cultivadores en sus redes sociales.

“Cuando uno compra un tomate anónimo en cualquier gran superficie no tiene ninguna conexión y no sabemos de donde proviene el alimento, pero lo queremos es generar conciencia de lo que nos comemos y servimos en nuestras mesas, que tiene una historia atrás”, relata Peris.

Actualmente vincularon un proyecto productivo de excombatientes del Chocó, en el que elaboran aceite de coco y cocadas.

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