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“Nunca fue mi talante imponerme por el poder”: José Alejandro Cortés

La historia del fundador del Grupo Bolívar es una de las obras recomendadas en la Feria Internacional del Libro de Bogotá. “Se vale ser bueno. Cinco principios de vida y liderazgo” fue escrito por la periodista Alejandra de Vengoechea y editado bajo el sello Paidós Empresa. Fragmento.

Alejandra de Vengoechea * / Especial para El Espectador
12 de agosto de 2021 - 04:39 p. m.
Portada del libro sobre José Alejandro Cortés en el que él cuenta sus secretos para el éxito y sus familiares y ejecutivos explican estrategias de liderazgo empresarial. Cortés nació el 21 de diciembre de 1930 en Bogotá y presidió Seguros Bolívar al menos 40 años.
Portada del libro sobre José Alejandro Cortés en el que él cuenta sus secretos para el éxito y sus familiares y ejecutivos explican estrategias de liderazgo empresarial. Cortés nació el 21 de diciembre de 1930 en Bogotá y presidió Seguros Bolívar al menos 40 años.
Foto: Cortesía de Planeta

Colombia: ¿Qué le debe a usted?

No me debe nada. ¿Qué es Colombia? ¿El lugar donde está ubicada en el continente, su geografía? ¿Es qué? Cuando hablas de una empresa como esta, ¿hablas de sus edificios o de su gente? En el mismo sentido es Colombia. Es su gente, es la tierra que me ha permitido tener una vida sana, es el sistema político, es su religión. Colombia me ha permitido ser lo que soy, con sus defectos y virtudes. (Recomendamos: curso gratuito de liderazgo de Crehana, exclusivo para suscriptores prémium, superprémium y del impreso de El Espectador, disponible hasta el 31 de agosto).

Colombia ha tenido un Pablo Escobar. Y usted nunca la abandonó a pesar de las bombas y de las amenazas de secuestro que le hicieron. ¿Por qué?

Uno tiene que trabajar, uno tiene que ganarse la vida. Cuando uno lidera una empresa, sea de calzado, lo que sea, uno se va a enfrentar a todas estas dificultades que mencionas. Escobar, al parecer, hizo una lista de empresarios que quería secuestrar. Ahí estaba incluido yo. ¿Qué puedes hacer? O te vas o te quedas. Opté por quedarme. Y no es decir: «ah, yo me quedo porque soy macho». No. Uno tiene que vivir la vida. Uno no puede vivir asustado. (Recomendamos: Entrevista de El Espectador a José Alejandro Cortés cuando dejó la presidencia de Seguros Bolívar).

Tanto así que dejó una carta. «Si me secuestran, no negocien. No paguen por mi vida».

Mientras más se pague el rescate, más se incrementa el secuestro. Uno no puede estar impulsando eso, ni puede someter a la empresa o a la familia a una extorsión. Uno no puede darles ese poder a otros. Uno puede tener el poder de intentar entender al otro.

Fue a visitar a Tirofijo. ¿Le echó el famoso cuentico que siempre echa cada vez que va a argumentar?

(Risas) ¿Cuál es la razón del «cuentico»? Uno presume que la otra persona va a entenderlo a uno y, la realidad, es que la gente no conoce necesariamente el tema del que uno habla. El «cuentico» es darle un contenido a lo que uno está pretendiendo y sirve para todo: hasta para pedirle a alguien que se retire de la Compañía. En vez de arrancar diciendo: «usted se tiene que ir porque… », uno dice: «ha pasado esto y aquello», y luego le dice por qué se tiene que ir. Cuando varios empresarios estuvimos en el Caguán, dijimos: «lo que nosotros queremos es, en últimas, lo que ustedes también quieren: un país mejor».

¿Qué es el poder?

En la vida me preocupé por ser serio. ¿Qué es ser serio? Todo el mundo tiene un criterio que se ha formado por lo que uno ha vivido, ha aprendido, por lo que uno tiene en la cabeza. ¿Cómo identificar el buen, el mal criterio? Uno sabe que alguien tiene buen criterio cuando emite opiniones acertadas, que te dejan pensando. Nunca fue mi talante imponerme por el poder. Uno tiene que respetar las ideas. Y también es muy importante el tema del reconocimiento. Reconocimiento no es sólo decir: «usted lo hizo bien». Como en el matrimonio, como en la familia, de vez en cuando el marido tiene que decirle a la mujer: «yo te quiero mucho». A los hijos: «yo te amo»…. «Ah, pero es que ellos ya saben que los quiero, ya les dije», dirán. No, eso no está bien. Hoy, por ejemplo, una de mis nietas cumple años. ¿Qué es lo lógico? Que la llamemos, que le digamos «¡felicitaciones!» Esas manifestaciones reiteradas de aprecio y cariño son importantes. Dentro del reconocimiento, y si uno quiere tener una relación buena, durable, a veces uno tiene que tener conversaciones que pueden ser un poquito agresivas, como por ejemplo decirle a la gente: «usted está haciendo esto mal». Porque si no hablas, es como con los hijos: les haces un mal enorme si no los orientas.

¿Pero no es bueno decir, como con los hijos, «porque yo digo. Y punto»?

A veces. Recuerdo que hace muchos años descubrí una fórmula para sacar un título. El que manejaba eso me decía que eso no era así por esto y lo otro. Hasta que un día, ya desesperado le dije «hazlo como te digo». ¿Por qué? Porque él no entendía un concepto matemático que yo sí tenía claro. Cuando estás en una posición de manejar un acorazado, en un momento dado tienes que decir: por aquí. Pero la mayoría de las veces tienes que abrir el tema a discusión.

¿Cómo tuvo buen ojo para enganchar a los presidentes que le manejan las empresas?

Preguntaba. Supongamos que buscaba un gerente para la sucursal de Barranquilla. Le preguntaba sobre la ciudad, sobre quién era el Alcalde, el Gobernador. Trataba de ver su visión sobre la región. Si la persona no estaba bien informada, pues no era el que buscábamos. Hablábamos de familia, de los hijos, del matrimonio, de lo que le gustaba hacer cuando tenía tiempo libre.

¿Y sobre honestidad, respeto, integridad, disciplina, sus valores y principios tan consentidos?

Eso es muy difícil de ver en una entrevista.

* Periodista colombiana autora de otros libros como Mujeres que dicen verdades (Planeta). Ha trabajado para medios nacionales como la revista Cambio y es corresponsal internacional. Este fragmento se publica con autorización del Grupo Editorial Planeta.

Por Alejandra de Vengoechea * / Especial para El Espectador

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