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Después de una carrera exitosa en el sector privado, Juan Guillermo Gutiérrez Toro, un emprendedor de origen antioqueño, ha decidido entregar gran parte de su tiempo activo a impulsar proyectos de nutrición autosostenibles, dirigidos a decenas de comunidades económica y socialmente marginadas del país. La consigna es sacarlas del estado crítico, antes de que sea demasiado tarde.
Gracias a su trabajo y al de sus colegas, 36.000 menores y una cantidad importante de adultos han mejorado sus posibilidades de subsistencia. Por tal razón, la causa ha recibido el apoyo de influyentes organizaciones industriales –nacionales e internacionales– como Monsanto, Éxito, Corona y Chaid Neme, entre otras. Al programa se han sumado, igualmente, numerosos empresarios y profesionales de todos los sectores y disciplinas.
“Prestar apoyo a estas comunidades es un acto de responsabilidad social obligatorio, porque nadie puede irse a la cama pensando que una familia se acuesta con el estómago vacío o mal alimentada”.
A diferencia de otros proyectos de apoyo, los que animan a Gutiérrez –y que constituyen la columna vertebral de la Fundación Pirámide y del Club Rotario Laureles, de Bogotá– buscan no sólo remediar las deficiencias alimenticias, sino apoyar a las comunidades a valerse por sí mismas. “La solución que aportamos debe perdurar en el tiempo y convertirse en un nuevo motor social y económico para los beneficiados”.
Inspirados en el trabajo de un grupo de damas antioqueñas, que crearon 100 soluciones nutricionales en su departamento hace varios años, Gutiérrez y sus colegas han diseñado un sencillo modelo de plantas de soya, que se ceden en comodato. El paquete incluye todos los implementos, más un cargamento de 400 kilos de soya y un programa de capacitación y acompañamiento. El costo total por unidad es de 12 millones de pesos.
“No somos un programa asistencial, que entrega herramientas y se marcha”, dice Gutiérrez. “Eso es perder el tiempo y la plata”. Su reto es cerciorarse de que los grupos escogidos se vuelvan autosuficientes”. Por tal motivo, exigen, como requisito, una organización comunitaria mínima y un compromiso de aprender y dominar las técnicas de producción, lo mismo que las nociones básicas de administración y costos.
En esencia, las plantas instaladas por Pirámide y el Club Rotario transforman los granos de soya en leche y masa, brindando al consumidor excelentes valores proteicos. Así ha sido desde hace 5.000 años. Los encargados de la operación cobran en especie (para su propio sustento y el de su familia) y se responsabilizan de vender y distribuir los productos entre la comunidad.
Un litro de leche de soya, por ejemplo, tiene un costo máximo de 600 pesos, es decir, la mitad de un litro de leche de vaca. La masa, por su parte, se utiliza para elaborar (dependiendo de la región colombiana) desde hamburguesas (con una mínima cantidad de carne), hasta arepas, carimañolas y tamales, entre muchas otras preparaciones. La tarea de los operarios
incluye, también, la búsqueda de nuevos canales de venta como colegios o pequeñas empresas. Los ingresos se emplean para comprar soya y mantener vivo el proceso.
De las 103 plantas instaladas gratuitamente por Pirámide y el Club Rotario, ya hay 30 autosostenibles. Entre estas últimas, además, se ha comenzado a gestar una cadena de cooperativas, cuya premisa es especializarse en productos específicos como bebidas, arepas o hamburguesas.
¿Y qué pasa con los 100 restantes? “A estos grupos los estamos asesorando y evaluando para mejorar sus índices de productividad y autogestión”, dice Gutiérrez. “Lo importante es que la gente aprende rápido y agradece que se le dé una oportunidad y no una limosna”. Hay planes futuros para financiar otro centenar de unidades.
Quién es
Nacido en Medellín, Juan Guillermo Gutiérrez Toro ha estado vinculado al sector empresarial antioqueño desde joven. Durante 17 años fue miembro de la junta directiva del Grupo Éxito 1990-2007. También ha sido miembro del consejo consultivo de Programas Especiales de la Presidencia de la República.
El menú
Gutiérrez es hincha de la comida italiana, en especial de la que sirven en el restaurante Di Lucca, donde nos reunimos. Evita las entradas para poder disfrutar del plato fuerte, que, en esta oportunidad, fue un risotto de mariscos acompañado de un Tempranillo argentino. A regañadientes se le apuntó a un postre de profiteroles con café.
El reto social
Gutiérrez está empeñado en sumar más empresas y profesionales a la causa. En sus cartas está la incorporación de prestantes empresarios y líderes de opinión para crear un movimiento a favor de los menos favorecidos. Acaba de vincularse a sus proyectos el noticiero CM&.
El concepto
La Fundación Pirámide no es un programa asistencial que entrega herramientas y se marcha. Eso es perder el tiempo y la plata. La idea es sumar más gente que pueda ayudar y que realmente se cree conciencia sobre la importancia de la responsabilidad social en el país. Un tema en el cual todos podemos aportar.