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El CEO blindado: por qué las grandes empresas gastan millones en proteger a sus jefes

Proteger al CEO es algo necesario por su peso corporativo. Pero cuando el gasto en seguridad ejecutiva crece un 50 % en cuatro años y la aviación privada se vuelve parte estándar del contrato, ya no es solo una medida de protección. Puede ser un síntoma de algo más.

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27 de mayo de 2026 - 11:10 p. m.
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Foto: Getty Images - C.J. Burton
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La estructura corporativa en las grandes empresas está construida, de cierta forma, para aislar a los grandes ejecutivos del resto del organismo. En el lado positivo de la cuestión, se trata de ofrecerles más espacio y flexibilidad para que puedan tomar las grandes decisiones que marcan el camino para cientos o miles de empleados. Hasta ahí bien.

Pero en un mundo con un panorama geopolítico más extenso, y con compañías cuyo alcance trasciende fronteras y puede afectar el bienestar de millones de ciudadanos en varias geografías, los grandes ejecutivos parecieran siendo aislados cada vez más. Una suerte de efecto burbuja, si se quiere, tan sólo que construida a punta de guardaespaldas, carros blindados y aviación privada.

En cerca de media década, el gasto de algunas de las principales compañías a nivel global en seguridad para sus CEO ha crecido de forma sostenida y hoy forma parte intrínseca del paquete de compensación que se les ofrece a estos grandes tomadores de decisiones.

Por ejemplo, entre 2021 y 2024, el valor promedio de la aviación privada para las 100 compañías más importantes de EE.UU. (S&P 100) pasó de USD 129.000 anuales a USD 210.000, de acuerdo con datos de la firma de consultoría empresarial FW Cook.

Según sus análisis, que se centran en los datos que las grandes empresas deben proveer a reguladores del mercado, en este mismo lapso el promedio de seguridad corporativa para ejecutivos pasó de USD 75.000 a USD 111.000.

Lo que dicen las cifras

Por ejemplo, según cifras del Financial Times, Meta (la compañía detrás de Facebook, Instagram y WhatsApp) gastó más de USD 27 millones en 2024 para protección de Mark Zuckerberg, su CEO y cofundador.

Según datos del Foro de Gobernanza Corporativa de la Escuela de Derecho de Harvard, tan sólo en 2024, Lockheed Martin, uno de los principales contratistas de defensa de EE.UU. subió sus gastos de seguridad en ejecutivos en casi 800 %. Este crecimiento en gasto se va para cosas como aviación privada para todos los viajes, de negocios o personales, de su CEO. En Meta, el presupuesto de protección se va también para la familia de Zuckerberg.

De acuerdo con un análisis de la firma Aquilar, que cita el Foro de Harvard, para 2025 más de 30 % de las compañías listadas en el exclusivo S&P 500 ofrecían temas extra de seguridad, así como viajes en aviones privadas, como parte del paquete de compensación para los ejecutivos de más alto rango. Esa medida representa un crecimiento de cerca de 50 % frente a datos de 2021.

Por un lado, este crecimiento se entiende un poco. Este tipo de figuras no sólo tienen la capacidad de tomar medidas y decisiones que tienen implicaciones globales, sino que su solo bienestar es un bien corporativo: problemas en ese nivel de gerencia se terminan traduciendo rápidamente en caídas en bolsa y miedo entre inversionistas, algo que, a su vez, le termina pegando al bolsillo de miles de accionistas de todo tipo.

La seguridad de los altos ejecutivos se volvió un asunto más crítico en tiempos recientes, o al menos más visible, después del asesinato de Brian Thompson, CEO de United Healthcare en Manhattan, a plena luz del día.

Pero, por el otro lado, que el gasto en seguridad y en viajes privados sea parte de las ofertas para competir por talento habla, no tanto de necesidad de protección y cuidado del bienestar físico de los ejecutivos, sino de una especie de inflación en el menú de beneficios para algunas de las personas más adineradas en un segmento de la sociedad que ya está particularmente bien posicionado.

Por otra parte, también se puede ver como un paso más para aislar a los grandes ejecutivos, ya no tanto de los problemas del día que les impedirían tener una visión más panorámica y exacta de sus organizaciones, sino del resto de la humanidad.

Esto podría terminar por extraer más elementos humanos de las ecuaciones corporativas. A pesar de que, por definición, las empresas operan dentro de la sociedad y, bajo algunas visiones, tienen un deber frente al bienestar colectivo.

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