13 Jun 2021 - 2:00 a. m.

Textileros: sin tela por cortar

Los bloqueos han causado afectaciones en toda la cadena del sector textil nacional. Los gremios y empresarios mencionan desde problemas para conseguir materias primas e insumos hasta pérdidas en las ventas por falta de compradores. Piden apoyo para la reactivación de un renglón intensivo en mano de obra y en informalidad.

El paro nacional cambió el panorama y las proyecciones que tenía el sector textil-confección nacional para 2021. El dinamismo que lograron los empresarios con los tapabocas y la ropa de protección no fue suficiente para cerrar 2020 con buenos números, pero sirvió para acelerar la digitalización y la sostenibilidad en la industria de la moda, que arrancó el año con máquinas, personal y actitud, pero que por los bloqueos se quedó sin tela por cortar.

De acuerdo con Juan Fernando Loaiza, especialista en investigación económica del Observatorio de Moda de Inexmoda, entre enero y abril de 2021 el tamaño de mercado de la moda en Colombia llegó a los $8,7 billones, un 20 % más que en 2020, y alcanzó un crecimiento del 4 % respecto a 2019. Sin embargo, hace falta que salgan los resultados del segundo trimestre del año, que reflejarán las afectaciones del sector tras seis semanas de paro y que se sumarían a las millonarias pérdidas que ya han reportado otros gremios.

“Nuestras cadenas de tiendas fueron vandalizadas y los empleados tuvieron muchos inconvenientes de movilidad, pues algunos viven en Yumbo, Palmira y Jamundí (Valle del Cauca). Nos tocó parar operaciones en la tintorería y en una planta de producción. Sacar las materias primas de los contenedores del puerto de Buenaventura también ha sido muy complicado, nos llegaron cuatro contenedores de Estados Unidos e India después de 25 días. Los sobrecostos han sido enormes”, cuenta Nelson Aristizábal, fundador de El Templo de la Moda, una empresa de más de 17 años que cuenta con más de 35 tiendas a nivel nacional (15 en Cali) y tiene más de 500 empleados.

Aristizábal, quien también es presidente del grupo Aritex, dice que durante las protestas les vandalizaron cinco tiendas, ubicadas en el Valle del Cauca, unas de las zonas que más problemas de orden público, abuso policial y violencia han registrado durante las jornadas de movilizaciones. Los destrozos en la infraestructura de los locales generaron pérdidas por $1.800 millones, sin contar lo que dejaron de vender.

“El año pasado la gente respondió bien y logramos recuperar en noviembre y diciembre lo perdido en la pandemia, pero llega este paro y no se sabe qué es peor”, comenta. A pesar de los daños en las tiendas, al día siguiente, “se puso el vidrio, la reja y el producto porque hay que volver a abrir con fuerza porque la idea es convertir El templo de la moda en un H&M del mercado masivo. Somos como un Falabella criollo”.

Según los reportes de algunas empresas afiliadas a la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), presentaron afectaciones por no contar con hilaza, insumos o telas que estaban detenidas en algún punto de la cadena logística. “En Buenaventura hay 45.000 contenedores con todo tipo de mercancías y estamos viendo cómo sacarlos. Se han hecho las caravanas resguardadas por Policía y Ejército. Pero evacuar estas cargas toma por lo menos tres o cuatro meses”, señala Javier Díaz, presidente del gremio.

Juliana Calad, directora de la Cámara Textil de la Andi, asegura que las ventas de mayo disminuyeron entre el 6 y el 40 %, siendo más afectados los eslabones de hilados y textiles. Además, “las importaciones de materias primas están retrasadas. Trasladar un contenedor de Buenaventura a Bogotá hoy vale $12 millones. Con bodegajes y demoras de contenedor puede llegar a $20 millones, lo que normalmente vale $4,5 millones. Hace tres semanas había 60 contenedores en el puerto”.

Felipe Arango creador de Ebano Donaire Atelier, un taller de marroquinería, se tuvo que transformar por la crisis y lanzó trajes urbanos de protección con caretas de acetato y tapabocas. Una estrategia que le sirvió, pero no por mucho tiempo, pues muchas empresas se sumaron a la ola y se saturó el mercado. Así que para 2021 decidió montar una tienda en el norte de Bogotá. “Se venían presentando inconvenientes por las cuarentenas, el pico y cédula y las demás restricciones. Con las marchas la gente no sale, no solo por cuidar su salud, sino por miedo. El centro comercial está solo”.

Arango agrega que más allá de si está de acuerdo o no con el paro, la situación está afectando la economía y el empleo de las tres personas que tiene a cargo. “Es una cadena que se vuelve grandísima que afecta a la gente que depende del día a día, los artesanos que trabajan por encargo, los retrasos, las ventas que no alcanzan para los costos fijos, los textiles agotados. Las empresas que dependen de las ventas locales son las más afectadas”.

En esa misma línea se encuentra Jackie Sasson, diseñadora y propietaria de Soreil Handmade Lingerie, una tienda de ropa interior femenina ubicada en Bogotá, pues sus ventas se han reducido en casi un 60 %. “Las primeras dos semanas de paro no vendí nada. Y aunque de ahí en adelante se empezó a reactivar un poco, he tenido problemas para producir, afectaciones en la movilidad para que las trabajadoras llegaran al taller o tenían que trabajar medio tiempo, entonces la producción se atrasó. Se les incumplió a los clientes y uno se va quedando sin stock, lo que también afecta las ventas porque si no hay tallas o determinado producto, es una venta que se pierde”.

De acuerdo con Camilo Rodríguez, presidente de la Cámara Colombiana de la Confección y Afines (CCCyA), la producción del sector textil ha caído en más del 33 %, las ventas un 18 %, los fletes se han incrementado 40 % y se ha perdido el 33 % de los empleos del sector. “Las empresas no tienen cómo producir y los pocos insumos que hay están demasiado costosos. La producción no es capaz de absorber ese costo y se traslada al consumidor final y para los ingresos de las personas una prenda de vestir no resulta ser un artículo de primera necesidad”.

En cuanto a las exportaciones, Rodríguez afirma que se han perdido muchos contratos, pues el comprador internacional necesita su mercancía y si no la consiguen en Colombia, lo hacen con otros países. Rodríguez reitera que la confección es un sector con cerca del 70 % de mano de obra femenina e informal. “Son mujeres que tienen a su cargo entre dos y tres personas. Además, las empresas del sur del país van a empezar a despedir a sus empleados porque ya no aguantan el coletazo de la crisis y el paro”.

Con el puerto de Buenaventura bloqueado tampoco puede ingresar mercancía importada. Sin embargo, el líder gremial asegura que no se han beneficiado de dicho freno, porque no puede ingresar nada, pero tampoco se puede producir. “En Colombia hay insumos que vienen de afuera, como los hilos. El paro ha sido más nefasto para el sector de las confecciones que la misma pandemia”.

Tela “tricolor”, una oportunidad en medio del caos

Jonathan Alejandro Rojas es el subgerente de Textiles El Raponazo, una empresa creada hace más de 30 años en Pitalito, Huila. Cuenta que cuando comenzó el paro tenían unos contratos para entregar telas para dotaciones de empresas, pero se perdieron porque la tela nunca llegó.

Sin embargo, las imágenes de las manifestaciones muestran cómo los colores de la bandera de Colombia cubren a las masas y ahí Rojas tuvo una oportunidad de ventas. “Con el paro pidieron la tela tricolor. Nosotros teníamos mucho metraje, unos 150 metros en tela. También para banderines. Vendimos todo, se acabó muy pronto y teníamos encargados otros 150 metros, pero por los bloqueos no se pudo vender”.

La dicha duró poco, porque por los paros y bloqueos las ventas bajaron en 40 %, pues, según cuenta Rojas, Pitalito es una estrella vial que comunica Putumayo, Caquetá y también entra gente del Cauca; es decir, la gente que viene de otras ciudades mueve sus ventas. A pesar de los problemas, asegura que los proveedores han entendido la situación.

Los comerciantes del producto final

El Gran San, uno de los centros mayoristas más grandes de Bogotá, también se ha visto muy afectado por los cierres y bloqueos, con bajas en las ventas que llegan al 90 %. Además, el avance en ventas virtuales se frenó, pues los transportadores no se comprometen a llevar mercancía por las afectaciones viales.

“Los paros de 2019 dañaron la temporada, nos tratamos de recuperar en diciembre, pero no se logró. Llegó la pandemia y nos adaptamos a las ventas online. Aprendimos comercio electrónico y empezamos a funcionar. Peleamos con las instituciones para que abrieran la economía, pero comenzó el paro el 28 de abril. Este comercio es mayorista, vienen de diferentes partes del país casi todos los días a hacer sus compras los pequeños negocios de barrios y pueblos. Hicimos un relanzamiento esta semana y nadie vino. La afectación es de casi el 90 % de los comerciantes. La idea era tener una asistencia masiva y que volviera a crecer. En temporada de padres esperábamos una recuperación del 40 %, pero la respuesta no fue buena”, recuerda Yansen Estupiñán, gerente del Gran San.

Estupiñán agrega que los bloqueos y la falta de insumos los perjudican también como vendedores finales. “No hay terminados de prendas, como hilos, cremalleras, botonería, porque eso viene del exterior, lo que afecta la producción, la mano de obra y la puesta de productos en vitrina”.

“Ha sido complicado porque los clientes de afuera no llegan a Bogotá porque les da miedo quedarse en un trancón y no poder regresar. Estamos trabajando a un 10 % con los bloqueos, con la pandemia estábamos en 30 o 40 %. Nos estamos quedando sin medios económicos para seguir laborando y esperando que el gobierno haga una negociación y que podamos reactivarnos”, dice Carlos Saavedra, propietario de la empresa de jeans Free Life.

Aunque en mayo de 2021 los hogares gastaron más en comparación con el mismo mes del año pasado, de acuerdo con la firma de medición de consumo Raddar, se ubicó como uno de los peores meses de dinámica de gasto a causa de los aislamientos, desempleo y bloqueos. “La dinámica acumulada hasta el momento deja ver que las expectativas que se tenían a comienzo de año, de crecimiento del gasto anual a sus niveles históricos se alejan, debido a los aislamientos, paros y bloqueos, que rompen el normal ciclo de gasto y del comercio en el país”.

En 2020, tras unos meses difíciles, las personas buscaron adquirir productos por gusto para satisfacer sus deseos y sentirse en la “nueva normalidad”. Noviembre y diciembre fueron momentos claves, pues representaron el 20 % de las ventas anuales de moda durante los últimos años. Así las cosas, los entrevistados, aunque reconocen que planear lo que va a suceder con este estallido social es complicado, tienen sus expectativas puestas en el segundo semestre de 2021.

Por ejemplo, Inexmoda planea aportar a la reactivación del sector con la realización en julio de Colombiatex y Colombiamoda en Medellín. “De acuerdo con nuestras proyecciones, 2021 cerraría con un tamaño de mercado de $27 billones, un 18 % más que en 2020 y un 2 % más que en 2019. De todo el ecosistema moda depende acelerar estas cifras de reactivación económica. Necesitamos actuar desde ya para recuperar los negocios y el empleo”, afirma Loaiza.

Aristizábal asegura que el sector textil en el Valle del Cauca está preparado para generar unos 10.000 empleos si se crea “una zona franca y nos especializamos en exportar valor agregado. Podemos hacer un trabajo muy bueno”.

A pesar de la preocupación por los paros y sus efectos a largo plazo en sus negocios, los empresarios les seguirán apostando a las ventas en línea y algunos planean abrir tiendas y expandirse en el mercado internacional, pero le piden al Gobierno que llegue a acuerdos con los manifestantes para continuar con la reactivación económica y que aprovechen que el sector textil y la industria de la moda son grandes generadores de empleo para sumar a las soluciones.

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