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Durante 12 años, Reinaldo Marulanda y Noralba Velásquez vivieron, junto con sus cinco hijos, en un cambuche ubicado en medio de un potrero en el barrio Potosí de la localidad de Ciudad Bolívar, un sector de alto riesgo no mitigable por deslizamientos.
Sus vidas cambiaron cuando pasaron de vivir en la miseria a una casa de interés prioritario de 41,26 metros cuadrados, ubicada en el proyecto Bicentenario etapa I, en el barrio Porvenir, en el sector de Bosa-Santafé.
Esto gracias a la labor de la Caja de Vivienda Popular (CVP), que le otorgó a esta familia más de $10 millones en subsidio de vivienda y le reconoció otros $14 millones por el lote donde vivía en Potosí, el cual le costó a Marulanda $150.000 en esa época.
Setenta mil familias en todo el país que fueron afectadas por el invierno o que viven en zonas de alto riesgo están a la espera de una solución de vivienda como la que tienen hoy los Marulanda Velásquez.
Beatriz Uribe Botero, ministra de Vivienda, Ciudad y Territorio (MVCT), asegura que en 2012 se iniciará la ejecución de 24.000 viviendas prioritarias para esta población. Pero para avanzar en la consecución de esta meta es necesario contar con una norma urbanística que habilite suelo para la construcción de nueve macroproyectos para 80.000 ó 120.000 unidades de vivienda. “Es crucial que la viabilidad de éstos no dependa de la voluntad política de mandatarios locales. Los recursos están”.
Además de mantener la continuidad del subsidio a la tasa de interés que es otorgado por el Gobierno y que gran parte está focalizado para las familias más pobres del país. Por lo menos para el próximo año, según las proyecciones del MVCT, es urgente inyectarle $542 mil millones al programa Buen Pagador, a través del cual se otorga dicho subsidio, para asegurar como mínimo la ejecución de 63 mil casas para ese mismo número de hogares.
Cuenta Sandra Forero, presidenta de la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), que “el buen momento que pasa la vivienda en Colombia puede verse afectado por la falta de reglamentación del subsidio a la tase de interés para créditos de vivienda y esto puede desanimar al consumidor. También se debe estabilizar el precio de la vivienda y mantener la dinámica de urbanización de 2011”.
En cuanto a la vivienda de interés prioritario y de interés social, Forero cree que es necesario fomentar la dinámica de licenciamiento para que aumente la oferta de suelo y así ascienda el número de unidades en el mercado. “Los nuevos alcaldes y gobernadores deberán priorizar la vivienda para los más pobres a través de los planes de ordenamiento territorial. También tendrán que organizar el suelo de sus municipios y departamentos para que haya más oferta y así no se incremente el precio de la vivienda”.
Protagonista de todo esta movida es la familia Marulanda Velásquez, que arribó a la capital en busca de empleo y terminó haciendo parte de los 370 mil hogares con déficit de vivienda que, según el Departamento de Planeación Nacional existen en Bogotá. Cuando llegaban las lluvias, la pareja se desvelaba tratando de aparar el agua que atravesaba el techo de plástico del cambuche donde vivían. Y la ruta de acceso a la vivienda improvisada se convertía en un camino de herradura por donde, todos los santos días, Reinaldo cargaba a su hijo, Sergio Alejandro, un joven que padece parálisis en todo su cuerpo y que por su condición le era imposible desplazarse por el terreno.
Hasta que el Fondo de Prevención y Atención de Emergencias (Fopae) emitió una orden de evacuación de las familias asentadas en Potosí. La familia Marulanda Velásquez, junto con otras más, se rehusaba a abandonar su ‘hogar’ porque consideraba que las soluciones de reasentamiento no los beneficiaban o no existían proyectos de vivienda estructurados y con suelos aptos para construir, como les ocurre ahora a 397 familias bogotanas que deben ser reubicadas y aún no tienen una solución de vivienda por falta de predios.
Hoy, Reinaldo Marulanda y Noralba Velásquez ahorran lo que pueden para construir el tercer piso de la “casita”. “Yo estoy muy agradecido. Esta casa para nosotros es un palacio. Además, mi hijo puede andar en la silla de ruedas sin miedo a que se ruede ladera abajo. Esto ha sido una bendición doble para nuestras vidas. Hasta comparamos un televisor de esos planos para colgar en la pared, cosa que antes no podíamos”, comenta Marulanda mientras sonríe. Y si todo sale bien, en 2012 esta historia se repetirá en 255.000 nuevas familias que vivirán bajo su casa de ladrillo, cemento y concreto.