17 Jan 2021 - 2:00 a. m.

“Financiar al Gobierno con recursos de emisión monetaria sería perjudicial para el país”

Leonardo Villar, nueva cabeza del banco central, considera que una inflación muy baja tiene un aspecto positivo y es que le permite al banco mayor margen de acción para adoptar políticas monetarias expansivas que pueden ayudar a la recuperación económica.

Leonardo Villar Gómez volvió al Banco de la República. Es la única persona que, tras doce años de pertenecer a la junta del emisor, llega a la gerencia. Fue una elección precedida de tensión y temor de que la independencia de la institución se malograra. Al final se fortaleció la autonomía.

En entrevista con El Espectador, Villar admite que la actuación contracíclica del Banco de la República fue fundamental para que la actividad económica y el empleo empezaran a recuperarse desde 2020. Considera que los apoyos otorgados a la población y a las pequeñas empresas para enfrentar la pandemia fueron claves para evitar una crisis económica mayor.

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Desde la perspectiva del banco, ¿cómo se ve la economía para 2021?

La expectativa generalizada es que este año podamos observar un crecimiento alto, que permita recuperar una parte importante de lo que se perdió en 2020 como consecuencia de la pandemia. Sin embargo, aún si crecemos a un ritmo cercano al 5 % en el presente año, volver a los niveles de actividad económica e ingresos que se tenían antes de la pandemia podría tardar al menos un año adicional.

¿Ha revisado el banco las proyecciones de crecimiento de la economía para 2020 y 2021?

Las últimas proyecciones del equipo técnico del Banco, publicadas en el “Informe de política monetaria” de octubre, contemplan una caída del 7,6 % en 2020 y un crecimiento del 4,6 % en 2021. La incertidumbre es todavía muy grande. Estas cifras serán revisadas con la última información disponible para el informe que se publicará a comienzos de febrero, después de la próxima sesión de la junta directiva.

¿Qué tan malo o bueno es para una economía débil tener una inflación tan baja?

No es bueno que la inflación se ubique por debajo del rango que el Banco establece como meta. Ello refleja la contracción de la demanda que ha enfrentado la economía colombiana. Ahora bien, contar con una inflación muy baja tiene un aspecto positivo y es que les permite a los bancos centrales mayor margen de acción para adoptar políticas monetarias expansivas, que pueden ayudar a la recuperación económica.

¿La sola dinámica de la economía hará que repunte la inflación o se requerirá apurar una subida de tasas?

La recuperación de la demanda en 2021 debería contribuir a que la inflación se encamine hacia la meta. El Banco de la República ha ayudado en la búsqueda de ese propósito mediante una política monetaria fuertemente expansiva que, entre otras cosas, se refleja en la notable reducción de las tasas de interés de política, que bajaron del 4,25 % al inicio de la pandemia al 1,75 % en la actualidad. Esas tasas de interés están en mínimos históricos y reflejan una política abiertamente contracíclica; esto es, una política encaminada a contrarrestar, en la medida de lo posible, las fluctuaciones de la demanda agregada generadas por la crisis sanitaria y los confinamientos que se requirieron ante esta crisis.

¿Le preocupa al Banco quedarse sin espacio para nuevos recortes de tasas ante otra desaceleración?

La junta directiva evalúa permanentemente sus decisiones a la luz de los nuevos datos que se conocen y de las mejores proyecciones que se puedan hacer con base en la información disponible en cada momento.

¿Ha actuado oportunamente el Banco o le han faltado dientes para ser más agresivo con ayudas por la pandemia?

Desde la posición en que estaba el año pasado en el Fondo Monetario Internacional tuve la oportunidad de observar las reacciones de muchos bancos centrales del mundo ante la crisis inducida por el COVID-19. Con esa perspectiva, me enorgullece decir que el Banco de la República respondió de manera muy oportuna y con una mezcla apropiada de cautela y audacia, manteniéndose dentro del marco de acción que corresponde a un banco central. No solo redujo fuertemente las tasas de interés. El Banco también actuó de manera contundente adoptando medidas que en otro momento habrían podido ser calificadas de heterodoxas, como las compras de activos financieros públicos y privados, que aumentaron la liquidez de los mercados y ayudaron a mitigar la aversión al riesgo, que empezaba a generalizarse en los momentos más críticos, al comienzo de la pandemia. La actuación contracíclica del Banco de la República fue un elemento fundamental para que la actividad económica y el empleo empezaran a recuperarse desde mediados del año pasado.

¿Ha quedado la sensación de que el gerente, los codirectores y técnicos del banco están casi de espaldas a la realidad de los colombianos de a pie, que no sienten que esas medidas los beneficien directamente?

Esa no es la percepción que yo tengo. Todas las instancias del Banco estuvieron durante el año pasado tomando decisiones encaminadas a mitigar y revertir los impactos perversos de un choque sanitario de dimensiones inmensas, que se manifestó en una crisis económica mundial sin precedentes y que se unió, además, con una contracción dramática en las principales fuentes de ingresos del país, incluidos los ingresos petroleros. Todos quisiéramos que los bancos centrales tuvieran la capacidad de hacer magia y fueran capaces de borrar del universo los males que nos caen en situaciones como la desencadenada por la pandemia; pero eso no es así. La parte positiva de la historia es que los bancos centrales sí pueden contribuir, mediante políticas contracíclicas, a mitigar la magnitud de las crisis y generar condiciones propicias para la recuperación, como lo viene haciendo el Banco de la República en el caso colombiano en la difícil coyuntura actual.

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¿El impacto del coronavirus ha golpeado más a la oferta, la demanda o al sistema financiero?

Todos han sido golpeados por el coronavirus, pero al menos en el corto plazo la demanda ha sido golpeada aun más fuertemente que la oferta. El sector financiero también ha enfrentado costos como consecuencia de la pandemia, pero afortunadamente se trata de un sector bien supervisado que ha logrado mantenerse sólido.

¿Qué significa para la economía tener un sistema financiero sólido?

Significa que, a pesar del deterioro predecible en la cartera vencida, el sistema financiero mantiene altos niveles de solvencia y liquidez, y ha podido mantener su actividad crediticia, ayudando a contrarrestar las fuerzas recesivas de la pandemia.

¿Está el dólar en un nivel óptimo para la economía o el banco se sentirá incómodo con un dólar por encima de $4.000?

El precio del dólar se determina en el mercado y resulta de la interacción de muchísimos factores que afectan su oferta y su demanda. Soy un convencido de los beneficios que tiene la decisión adoptada por el Banco de la República, hace más de dos décadas, de dejar que la tasa de cambio fluctúe libremente. Los movimientos en la tasa de cambio han sido la primera línea de defensa de la economía frente a los choques que reciben la oferta y la demanda de divisas.

¿Es mejor cerrar la puerta para que el Gobierno evite la tentación de pedir un préstamo al Banco?

No se trata de cerrar puertas. Simplemente, creo que financiar al Gobierno con recursos de emisión monetaria sería perjudicial para el país y para el propio Gobierno en las condiciones actuales.

¿Con qué urgencia requiere la economía una reforma tributaria para tratar de enderezar sus finanzas?

Yo coincido plenamente con los planteamientos que ha hecho el Gobierno sobre la importancia de hacer las reformas fiscales requeridas para garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas en el futuro. Es muy importante evitar que la deuda pública como proporción del PIB se siga elevando indefinidamente, tras el fuerte aumento en esa deuda, que ha sido necesario para enfrentar la crisis desatada por la pandemia.

¿No dan espera las otras reformas como la laboral y la pensional?

Son todas reformas de gran importancia, pero garantizar la sostenibilidad fiscal a mediano plazo es en este momento la primera prioridad. ¿Cómo cree que nos fue el año pasado? ¿Qué se desbordó y qué le preocupa al Banco?

En el mundo entero 2020 fue un año desolador, tanto por lo sucedido en el frente de la salud como por el grave impacto que tuvo la pandemia sobre la economía. La contracción de la economía global es de magnitudes que no se observaban en las últimas nueve décadas. La crisis, además, ha golpeado de manera particularmente fuerte a América Latina. A la economía colombiana, como a la mundial, le fue mal en 2020. Afortunadamente, las respuestas de política fueron acertadas dentro de lo posible y ello evitó que el deterioro fuera mayor y ayudó a que desde mediados del año se empezaran a observar indicios de recuperación.

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