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El peso colombiano cerró mayo con la corona puesta. En un mes sacudido por tensiones comerciales globales y síntomas de fatiga en la economía estadounidense, la moneda se apreció 1,7 % frente al dólar y fue, según Banco de Bogotá, la más fuerte de la región.
Aunque no hay que cantar victoria. No todavía. Los vientos políticos, fiscales y externos no dan tregua.
El tipo de cambio cerró el viernes 30 de mayo en $4.157, un nivel similar al de principios de abril ($4.140). La cotización semanal fue lateral, con una variación de apenas 0,13 %. Sin embargo, en los movimientos intradía hubo movimientos que rozaron los $4.100 por dólar y respondieron, sobre todo, a dinámicas externas. Tensiones entre el Congreso estadounidense y los tribunales por los aranceles de Trump, la reforma fiscal del gobierno de EE. UU. y las señales de cautela por parte de la Reserva Federal.
Jhon Torres, economista y docente de la Uniagustiniana, señaló: “el comportamiento del dólar en Colombia fue lateral. A pesar del repunte del viernes de 0,6 %, el movimiento semanal refleja estabilidad”. La clave, para él, estuvo en el DXY —el índice que mide el dólar frente a una canasta de monedas desarrolladas— que subió 0,3 % en la semana, anticipando presión sobre divisas emergentes como el peso.
Para Sebastián Chacón Marín, director de la Escuela de Negocios del Politécnico Grancolombiano, hay un punto ciego en la economía interna: “El cumplimiento del presupuesto 2025 —aprobado por decreto— dependerá de los ingresos del gobierno. La alta tasa de interés que todavía se mantiene (…), hace atractiva la inversión extranjera en nuestro país”, pero si la calificación de riesgo se debilita, esa presión al alza podría evaporar.
Desde Itaú, Valeria Álvarez añade un matiz crucial. El bloqueo temporal a los aranceles —admite la líder de estrategia— redujo la aversión al riesgo para los activos emergentes. “Esto hizo que el peso colombiano lograra operar por debajo de los $4.100”.
Pero el tribunal de apelaciones revirtió la decisión y reactivó las tensiones. La volatilidad fiscal en EE. UU. está generando desvalorización en los bonos del Tesoro y una demanda creciente de rentabilidad adicional por parte de los inversionistas, detalló Álvarez.
Los motores detrás del peso
En abril, el país recibió U$1.097 millones en remesas, un aumento de 18 % frente al año pasado. La cifra histórica se suma al comportamiento del petróleo, que ha alimentado el superávit externo. Si la tendencia se mantiene, Colombia cerraría el año con cerca de US$13.000 millones en remesas, equivalentes a 3,1 % del PIB, según Banco de Bogotá.
Sin embargo, el repunte tiene mecha corta, ya que a partir de diciembre de 2026, EE. UU. planea imponer un gravamen de 3,5 % a las remesas enviadas por extranjeros, lo que significaría un golpe de al menos US$250 millones anuales.
El futuro del dólar
Los analistas coinciden en que la próxima semana será decisiva, porque EE. UU. publicará cifras del mercado laboral, un indicador clave para la Reserva Federal, que cumple el doble propósito de mantener a raya la inflación y el desempleo. Mientras tanto, el Congreso estadounidense tiene previsto avanzar con la nueva reforma fiscal de Trump para el 14 de julio, con un impacto directo en el déficit estructural que ya preocupa a Moody’s (una calificadora de riesgo).
En ese contexto, el peso colombiano podría mantenerse en un rango de negociación entre $4.000 y $4.180, según proyecciones de Álvarez, de Itaú.
El dólar arranca la semana con una Tasa Representativa del Mercado (TRM) en $4.148, fijada por la Superintendencia Financiera.
La lateralidad podría extenderse si el DXY no rompe resistencia en 99 puntos. De hacerlo, la presión sobre el peso se reactivaría.
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