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Cuando se piensa en el costo de vida de las personas hay un aspecto que es especialmente sensible por ser el más cotidiano. También es el que afecta a toda la población, pero especialmente se concentra en los pobres y vulnerables: los alimentos.
Además, en los últimos años, los mayores repuntes que ha tenido la inflación en Colombia han estado sincronizados con el incremento en el rubro de la comida.
Esto mismo ocurre ahora, pues en agosto el Índice de Precios al Consumidor (IPC) tuvo una variación anual (esto es en comparación con el mismo mes del año pasado) de 6,24 %.
En este caso, aunque el renglón de alimentos no sea el que tiene un incremento más significativo en porcentaje, es el segundo de más peso para que se dé dicho resultado. Registra un aporte de 1,16 puntos, solo por debajo de alojamiento y servicios públicos (1,78).
Lo que más llama la atención del informe del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) es la subida de los alimentos solo en el mes de agosto.
En ese periodo la categoría superó el dato general, que es el que mide la variación mensual (o sea, frente a los datos de julio). Esta fue de 0,39 %, mientras que solo la comida se encareció 0,71 %, más del doble. Fue el renglón que más pesó en el incremento.
Se trata de un tema que despierta alarmas porque está demostrado que son los alimentos el rubro en el que más gastan las personas con menos ingresos.
¿Por qué la comida está tan cara?
Los datos muestran el tamaño de la inflación de los alimentos, pero no alcanzan para entender por qué ocurre. Son varios los factores que hacen las veces de ingredientes y le dan sabor a esta realidad amarga para los colombianos.
Algunos de los elementos en juego son esperados y cíclicos, como los tiempos de siembra y cosecha de un producto en específico. Pero también inciden coyunturas y decisiones internacionales.
Jaime Alberto Rendón, director del Centro de Estudios e Investigaciones Rurales (CEIR) de la Universidad de La Salle, considera que es el encarecimiento de los precios de los insumos lo que ahora le pasa factura a los bolsillos de los consumidores.
Rendón considera que desde algún tiempo hay un entorno de guerras, por el control de los energéticos y se relaciona con los alimentos. Así ocurrió en el conflicto entre Rusia y Ucrania desde 2022 y ahora con el estrecho de Ormuz por la disputa entre Estados Unidos e Israel frente a Irán.
El resultado ha sido agroinsumos más costosos y, como el país depende de las importaciones casi que, en su totalidad, genera un efecto. Esta situación se ha amortiguado gracias a la baja tasa de cambio, en palabras del académico.
Los alimentos que subieron y bajaron de precio
Aunque todos son productos comestibles, su proceso de cultivo puede ser muy distinto. Por eso vale la pena revisar en detalle cuáles son esos ingredientes que están encareciendo el mercado.
Para el mes de agosto, los más inflados fueron:
Rendón resalta lo ocurrido con los tubérculos, que solo en un mes superaron la inflación anual registrada hasta ahora. La razón principal es la tierra: sequías puntuales y lluvias excesivas que dañan los cultivos.
De otro lado, también hay alimentos que se presentan como contrapeso a las subidas. Para el octavo mes del año estos fueron:
De la lluvia al diluvio: un panorama oscuro
Si bien ya se han visto reflejados algunos impactos climáticos en los cultivos, el director del CEIR considera que es muy pronto para asegurar la llegada de El Niño a los mercados.
“Se va a sentir con más fuerza hacia los meses de septiembre y especialmente en octubre por las consecuencias del calentamiento, sequías, e incendios. También habrá un efecto por el terremoto, pues altera el abastecimiento en el sur del país y eso impacta en la inflación a nivel nacional”, resalta Rendón.
Además, los efectos de la sequía serán más nefastos entre más se prolongue El Niño en el tiempo. El fenómeno se proyecta como histórico y podría extenderse hasta 2027, según reconoció esta semana la Organización Meteorológica Mundial (OMM), implica mayores riesgos para el desarrollo normal del campo.
Según el Ministerio de Agricultura, el agro concentra 82 % de los daños y pérdidas por eventos de sequía.
Ya los ganaderos están resistiendo al hambre de las vacas, a los incendios y pastos secos, pero no creen poder durar mucho más.
En este momento hay productores en el Tolima, por ejemplo, se concentran en mantener vivos sus animales y cultivos, aunque no haya producción debido a las condiciones climáticas. Para ellos la muerte de una planta o un animal es una pérdida económica difícil de sobrellevar.
Ese estrés se traduce en menos oferta y ante una demanda estable, el valor solo puede subir más y más.
Si los precios de agosto son una lluvia, lo que viene es el diluvio: un fuerte fenómeno climatológico, las presiones internacionales que no se modifican y encarecen los insumos, menor oferta, más costos en transporte (peajes y energéticos) y alteraciones en los mercados por el terremoto.
“Este acumulado de hechos que nos va a llevar a un panorama inflacionario a finales de 2026, que nos puede acompañar hasta el primer trimestre de 2027″, concluye Rendón.
El panorama no es alentador, pero es solo una estimación. Para este punto, el impacto para los bolsillos de los colombianos dependerá del sol y al agua, al menos en cuanto a los precios de los alimentos.
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