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Las remesas ya superan a la inversión extranjera directa en Colombia y se consolidaron como una de las principales fuentes de divisas para la economía nacional. Solo en abril entraron al país 1.102 millones, completando 23 meses consecutivos por encima de la barrera de USD 1.000 millones mensuales, según cifras del Banco de la República.
El nivel más alto se alcanzó en marzo con USD 1.225 millones, el nivel mensual más alto registrado hasta ahora.
En el acumulado de los primeros cuatro meses del año, los giros sumaron USD 4.448 millones, un aumento anual de 5,25 %.
La importancia de esos recursos también se refleja frente a otros flujos de capital. Durante abril, la inversión extranjera directa apenas alcanzó USD 921 millones, USD 181 millones menos que las remesas.
Detrás de esa cifra hay cerca de 9,6 millones de personas que dependen parcial o totalmente del dinero enviado desde el exterior. Y ahora la DIAN está poniendo la lupa sobre esos movimientos.
“El error más común es creer que, como la plata viene de la familia, es invisible para la DIAN. No lo es”, advirtió Juan Carlos Arbeláez, socio de Impuestos y Servicios Legales de Crowe Co. Según explicó, la entidad recibe automáticamente el reporte de las consignaciones internacionales y cruza la información con bancos e intermediarios cambiarios.
La obligación de declarar renta en 2026 puede activarse en cinco escenarios distintos. El primero aparece cuando las consignaciones del año superan 1.400 UVT, equivalentes a COP 69,7 millones. También aplica para quienes cierren 2025 con un patrimonio bruto igual o superior a COP 224 millones, incluyendo vivienda, CDT, vehículos o ahorros.
La DIAN también revisará consumos con tarjeta de crédito y compras totales superiores a los mismos COP 69,7 millones. Gastar la remesa termina contando tanto como recibirla.
Otro punto sensible está en el origen del dinero. Los giros enviados por padres, hijos o cónyuges pueden tratarse como donaciones no gravadas, pero cuando provienen de hermanos, tíos, amigos o terceros, la historia cambia y podrían considerarse ingreso.
Además, quien ya esté obligado a declarar por cualquier otra razón deberá incluir las remesas dentro de la declaración. Omitirlas puede abrir la puerta a sanciones por inexactitud bajo el artículo 647 del Estatuto Tributario.
Hay un factor adicional que está acelerando el problema este año: la caída del dólar. Con la divisa rondando los COP 3.700, muchas familias están monetizando remesas acumuladas y consignando montos más altos en menos tiempo.
“Con el dólar a la baja, mucha gente está monetizando y depositando en bloque. Sin darse cuenta, en pocos meses cruzan el tope de consignaciones”, señaló Arbeláez. Su recomendación es revisar extractos y movimientos antes de agosto, cuando empiece el calendario tributario para personas naturales.
El endurecimiento de los controles coincide además con la presión sobre las finanzas públicas. En abril, el recaudo tributario llegó a COP 22,8 billones y en el acumulado del año alcanzó COP 103,9 billones, con la retención sobre renta como principal fuente de ingresos para el Estado.
Cada consignación que entra al sistema financiero hoy vale más para la DIAN que hace unos años.
El plazo para declarar renta irá del 12 de agosto al 26 de octubre de 2026. Presentarla tarde implica sanciones mínimas desde COP 523.740. La DIAN insiste además en conservar soportes como comprobantes del giro, documentos de parentesco y registros del uso del dinero.
En un país donde millones viven gracias a remesas, demostrar de dónde viene la plata dejó de ser un asunto opcional y pasó a ser parte de la rutina financiera doméstica.
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