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El empresario petrolero Frank Kanayet Yepes, uno de los fundadores del grupo colombiano Petrotesting, hoy GPC, se convirtió en uno de los principales accionistas de Ecopetrol, al adquirir más de 12 millones de acciones por cerca de $25 mil millones.
Este ingeniero electrónico, hoy considerado como el nuevo magnate de la estatal petrolera, recuerda con nostalgia cómo hace más de dos décadas él y su socio, Manuel González, rompieron el paradigma de la credibilidad frente a las multinacionales, que en esa época eran las únicas llamadas a explotar el petróleo colombiano.
Frank Kanayet Yepes es hijo de un croata que después de vivir los horrores de la Segunda Guerra Mundial llegó a Bogotá, cuando apenas tenía 21 años, para convertirse en un importante comerciante de licores. El migrante se vio seducido no sólo por los buenos resultados financieros, sino por una mujer paisa que en poco tiempo se convirtió en su esposa.
Kanayet Yepes creció en medio de los negocios de su padre, una importadora de licores y un restaurante en cercanías a la sede de Ecopetrol, en Bogotá, desde donde Frank soñaba con ser un ingeniero de petróleos, pero como en esa época sólo se podía cursar esta carrera en la Universidad Industrial de Santander (UIS) en Bucaramanga, terminó estudiando ingeniería electrónica en la Universidad Javeriana.
Hasta este momento de su vida no había ningún problema que lo atormentara, pero debido a la confianza de su padre en su mejor amigo, de la noche a la mañana la familia quedó en la ruina.
Esta situación marcó la existencia de Frank, quien se vio obligado a suspender sus estudios para ayudar a su padre a sostener la familia.
De ser un hogar acomodado, los Kanayet pasaron a no tener nada. Razón por la cual tuvieron que irse a vivir cerca a Tabio, Cundinamarca, donde gracias al ingenio y la cualidades culinarias de su padre lograron cautivar a los más acaudalados de la zona, quienes preferían una cazuela de mariscos de su pequeña cafetería, a los platos de La Fragata o de otros restaurantes bogotanos, y por menos de la mitad del precio.
Durante este tiempo Frank retomó sus estudios, pero en una universidad pública, la Distrital, de la cual se graduó como ingeniero electrónico.
Hoy en una moderna y elegante oficina al norte de Bogotá, Frank Kanayet recuerda que luego de graduarse logró entrar a trabajar a Cafam, en el área de mantenimiento, donde conoció a una recreacionista, la que se convertiría en su esposa.
De ese sueldo de $8.800 mensuales, Frank C. Kanayet pasó ahora a esperar, sólo por dividendos de sus acciones, cerca de $2.500 millones por los 12 millones de títulos que adquirió tanto en la democratización de Ecopetrol como las que ha comprado en los últimos meses a través de la bolsa.
Al igual que 475 mil socios de la empresa nacional, él recibirá por cada acción $115 de dividendos ordinarios y $105 por dividendos extraordinarios, gracias al excelente precio del petróleo el año pasado. Estos valores deberán ser ratificados el próximo 26 de marzo durante la Asamblea General de Ecopetrol, la cual se realizará en Corferias (Bogotá).
Este ingeniero de 54 años, quien ama a Colombia por encima de todo, no deja sus raíces paternas y por ello tiene un club de automovilismo, con el cual ganó el año pasado las Seis Horas de Bogotá. Los carros están pintados con la bandera de Croacia y los logos de las empresas del grupo GPC.
El empresario petrolero considera que el país debe pensar en grande y adecuar las normas que en un tiempo fueron buenas, pero con el dinamismo de la economía se han quedado obsoletas.
Sostiene que es un hombre rico y que no le ha sido difícil conseguir su fortuna, pues ha aprovechado las oportunidades de negocios, siempre dentro de la legalidad.
El nuevo magnate de Ecopetrol, como se empieza a rotular en el medio petrolero, es el presidente de la junta directiva del Grupo GPC, del cual forman parte las empresas GPC Drilling, Petrofood Services, Sumprocol y Colregistros.
Esta compañía nació en 1982 en una bodega del barrio Samper Mendoza, luego de que Frank dejó la petrolera francesa Schlumberger, donde hizo su carrera al frente de Intercol en Saravena, la cual lo catapultó para que fuera nombrado gerente salvador de la empresa en el país gracias a sus buenos resultados como gerente técnico en Ecuador, Perú y Nigeria. Esa experiencia le permite afirmar una y otra vez que el país debe pensar en grande y que todo el mundo debe contribuir a buscar la paz, no quedarse en sus oficinas y en sus casas criticando las políticas de los gobiernos, sino que hay que actuar para ayudar en esta cruzada.
En 1982, él y su socio, Manuel González, vieron la oportunidad de crear una empresa de servicios petroleros colombianos. Con ese propósito arrancaron el negocio con US$6.000, dinero con el que compraron cuatro tanques para almacenar el combustible que debían utilizar los helicópteros que trabajarían en el yacimiento de Caño Limón, los cuales fueron comprados en US$12 mil y alquilados a la multinacional Oxy por US$1.500 mensuales cada uno.
Luego de este negocio vino la compra de los pozos pequeños o en desuso que las empresas grandes no seguían explotando por considerar que no eran rentables. Gracias a estos negocios poco atractivos para algunos, Frank y su socio Manuel lograron hacer la fortuna que hoy les ha permitido generar miles de empleos y crear nuevas empresas que contribuirán con la búsqueda de la paz.
Hoy, en medio de la crisis financiera y los bajos precios del petróleo, el grupo que lidera Frank Kayanet no se queda quieto y por ello, luego de vender los campos de gas y petróleo a una compañía española, están trabajando en un proyecto piloto para producir alcohol carburante en Puerto López, Meta.
Este empresario, quien considera que él y su socio han abierto la trocha en la industria petrolera, no descarta ingresar a nuevos negocios.
Uno de los mercados en los que estarán muy próximamente es el de los carros de lujo. Serán representantes de la marca Maserati, una de las más famosas del mundo.
Kanayet asegura que con los proyecto de alcohol carburante que tiene en proceso pretende desarrollar nuevas culturas que contribuyan a que Colombia salga de el estado de violencia que nos atormenta.
Frank fue comerciante desde los 10 años, cuando en el colegio San Carlos vendía refrescos y por un golpe de suerte encontró una pluma de oro, que vendió en $120 para comprar una oveja mellicera, la cual fue la base para tener un rebaño. Fueron los ovinos los que le permitieron obtener los recursos para poder comprar sus primer tiquete a los Estados Unidos, donde estuvo en un intercambio.
Es enfático al afirmar que a la gente hay que creerle y que hay que darle un gran valor a la palabra, pese a la mala experiencia de su padre, que por dejarle el negocio de la licorera al padrino de su hermano terminó dejándolos en la ruina.