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Más de la mitad de los ocupados en Colombia trabajan en la informalidad.
Según el más reciente informe del DANE, la cifra ronda el 55,3 %, que corresponde al trimestre entre diciembre de 2025 y febrero de 2026, una baja frente al 56,8 % de un año atrás. También frente al 58,4 % de 2022.
En las ciudades, el panorama cambia de tono. En 23 áreas urbanas, la informalidad fue de 42,4 %. En Bogotá cayó hasta 33,8 %, mientras Sincelejo (68,3 %), Valledupar (63,4 %) y Cúcuta (62,8 %) siguen en otra liga. Dos países conviviendo bajo la misma estadística.
Y luego está el campo. Ahí la cifra sigue estancada y muy por encima del promedio nacional: 83,2 %.
La mejora existe, aunque marginal. En centros poblados y zonas rurales dispersas, la informalidad apenas cedió frente al 83,9 % del año pasado. En 2022 era 85 %. El mercado laboral rural no cambia rápido porque no está diseñado para hacerlo.
El tipo de empresa también explica el mapa. Más de ocho de cada diez (84,3 %) de quienes trabajan en microempresas lo hacen en condiciones informales. En empresas grandes, la proporción cae a 2,2 %.
“Para el total nacional, en el trimestre móvil diciembre 2025 - febrero 2026 la proporción de personas ocupadas informales fue 55,3%, lo que representó una disminución de 1,5 puntos porcentuales”, recoge el DANE.
La informalidad no es homogénea. Es estructural en unos sectores y casi inexistente en otros.
En paralelo, el mercado laboral joven ofrece otra capa del problema.
Más de cinco millones de personas entre 15 y 28 años están ocupadas en el país. Son 5,07 millones. Hace un año eran más: 5,11 millones. Se perdieron 37.000 puestos.
La tasa de desempleo juvenil bajó a 16,5 %. Venía de 16,8 % y en 2022 superaba el 21 %. La ocupación se mantiene en 46 %. La participación, en 55,2 %. Todo parece estable hasta que uno mira debajo.
El golpe más fuerte lo recibió el campo. La agricultura perdió 115.000 empleos juveniles en un año: pasó de 774.000 a 659.000. Es la mayor caída entre sectores.
Esa rama registró la mayor contribución negativa a la variación de la ocupación con 2,3 puntos porcentuales, señala el informe.
Mientras tanto, actividades como arte, entretenimiento y servicios sumaron 27.000 empleos.
¿Cuántos “ninis” hay en Colombia?
Hay otro dato que incomoda más que cualquier tasa: 2,67 millones de jóvenes no estudian ni trabajan. Representan el 24,2 % de la población en ese rango de edad. Es decir, más de dos de cada diez jóvenes.
Entre hombres, la proporción es de 8,3 %. Entre mujeres, 16 %.
Las brechas en el mercado laboral campesino
El mundo rural es amplio en el país. Este grupo poblacional registra más de 11,4 millones de personas identificadas. De ellas, más de 7 millones viven en zonas rurales.
La mayoría trabaja. La tasa de ocupación es de 56,4 %. La de desempleo, 7,7 %. Más baja que la población no campesina.
Pero el dato engaña si se mira solo. Más de la mitad, 54,6 %, trabaja por cuenta propia, según el informe del DANE. Eso significa que, si bien hay trabajo, no de las manos de empresas que inviertan en el sector, sino de latifundios en que cada uno sobrevive como puede. Sin red.
Lo que conlleva un efecto ya diagnosticado: ingresos inestables, baja protección en seguridad laboral y salud y alta exposición.
El sector dominante es evidente. Casi el 40 % de la población campesina ocupada está en agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca. Comercio aparece después, con 12 %. El resto del mapa económico apenas toca el territorio rural.
Las brechas internas son más duras que en el promedio nacional. La tasa de ocupación masculina en población campesina es de 74,6 %. La femenina, de 37,3 %. Más de 37 puntos de diferencia.
El balance del mercado laboral
El mercado laboral colombiano se mueve, y aunque disminuyó la informalidad en la mayoría de frentes, todavía más de la población está en el círculo de la informalidad, sin aportes directos a su pensión y seguridad, bajo salario, perpetuación de la condición y el bienestar y los límites al crecimiento económico general del país.
Las ciudades corrigen. El campo resiste. Los jóvenes entran y salen de sectores sin mucha estabilidad. Y millones siguen por fuera del sistema, incluso cuando están trabajando dentro de él y sostienen gran parte de los hogares de estratos medios y bajos.
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