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El presidente electo, Abelardo De la Espriella, confirmó este martes que Jaime Andrés Beltrán será su ministro de Vivienda una vez inicie el nuevo Gobierno. Beltrán fue alcalde de Bucaramanga en 2023 y se desempeñó como el gerente nacional de regiones de la campaña a la Presidencia de De la Espriella.
La hoja de vida de Jaime Andrés Beltrán
Jaime Andrés Beltrán nació en Bucaramanga el 10 de julio de 1980. Es comunicador social egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, con especialización en Dirección de Empresas de la misma institución.
En su hoja de vida destacan los dos periodos en los que fungió como concejal de Bucaramanga, así como su periodo como alcalde de Bucaramanga, el cual culminó repentinamente el 21 de agosto de 2025 tras un fallo del Consejo de Estado que determinó que Beltrán cayó en doble militancia.
Beltrán tomará las riendas del Ministerio de Vivienda con un sector constructor aletargado y cuyas cifras en rojo todavía siguen sin encontrar fondo. A la fecha, el grueso de la actividad constructora en Colombia lleva tres años consecutivos contrayéndose, las ventas de vivienda nueva no logran despegar, y comprar casa se volvió, para buena parte de los colombianos, en un ejercicio complicado teniendo en cuenta las tasas hipotecarias actuales, lo cual repercute de manera directa en un mercado de arriendo cada vez más grande.
Si bien ninguno de estos retos son una novedad, lo que cambia es quién tiene que sentarse a resolverlo: el nuevo titular de la cartera de Vivienda del Gobierno.
Lo que dicen los números más recientes
La construcción ha venido perdiendo peso dentro de lo que produce la economía colombiana. Según el informe 'Situación Inmobiliaria 2026′ de BBVA Research, hoy la construcción representa el 4,1 % de la economía nacional y emplea a 1,6 millones de personas (más que las industrias manufactureras y más que las actividades financieras). Solo Bogotá concentra unos 250.000 trabajadores en obras, seguida del área metropolitana de Medellín con 240.000 y Cali con cerca de 140.000.
Pero esa relevancia contrasta con una tendencia que viene de lejos. El informe del banco recuerda que en 2016 la construcción llegó a representar el 7,3 % del PIB. Desde entonces no ha parado de perder peso dentro del aparato económico nacional.
Una década después, el valor de lo que produce el sector equivale a menos de lo que producía antes de la pandemia.
Solo en el primer trimestre de 2026, el Producto Interno Bruto (PIB) de las edificaciones residenciales se contrajo 8,6 % frente al mismo periodo del año anterior (según datos del DANE procesados por la Cámara Colombiana de la Construcción -Camacol-), mientras el Producto Interno Bruto nacional crecía al 2,2 %.
En los últimos 12 meses (a mayo de 2026, último dato disponible), se vendieron 173.612 unidades de vivienda nueva en el país, según Coordenada Urbana, un 5,7 % más que en el mismo periodo anterior. Esta cifra suena a repunte y hasta cierto punto lo es, aunque bastante más modesto del que se veía apenas un mes atrás: a corte de abril, las ventas crecían un 8,8 % en los últimos 12 meses.
Si solo se observa el desempeño de 2026, entre enero y mayo se vendieron 66.594 unidades en el país, 8 % menos que en igual periodo de 2025. De paso, los lanzamientos de nuevos proyectos cayeron 17,5 %, con 50.994 unidades, y las iniciaciones de obra, el indicador que anticipa cuánta vivienda va a estar disponible en el futuro, se desplomaron un 17,6 %, hasta 41.238 unidades.
Ese ritmo de lanzamientos e iniciaciones también se ve en la oferta de vivienda nueva. Al corte de mayo había 159.304 unidades disponibles para la venta, 3,5 % menos que un año atrás, con el 60 % de ese inventario concentrado en vivienda de interés social.
El informe Situación Inmobiliaria Colombia 2026 de BBVA Research, muestra que las ventas de vivienda nueva “muestran cansancio en su repunte” desde finales de 2025, especialmente en el segmento de Vivienda de Interés Social (VIS).
Las tres presiones sobre la vivienda social
El inventario acumulado de vivienda VIS es el síntoma más claro de lo que está pasando. Detrás hay tres factores que es preciso analizar.
El primero viene de los costos. Con cada comienzo de año, el alza del salario mínimo genera lo que Mauricio Hernández, economista principal de BBVA Research en Colombia, llama un “subidón” en los costos de construcción. El de 2026, señala Hernández, fue el más pronunciado de los últimos tres años. Más precisamente, los costos de edificación ya superan las tendencias históricas de los noventa y de la década del 2010, según el informe Situación Inmobiliaria 2026 de BBVA Research.
El segundo tiene que ver con los precios. Tradicionalmente, el precio de la vivienda VIS se ha fijado en salarios mínimos: 150 en cualquier ciudad, 170 en las de más de un millón de habitantes. Si bien el Gobierno Nacional contempla un proyecto de decreto para desligar el precio de este segmento del salario mínimo, mientras no se expida esta indexación, en la práctica, seguirá viéndose.
De ahí que cuando el salario mínimo sube más de lo previsto, el precio de la vivienda social sube con él.
“Usted compró hace dos años una cantidad de salarios mínimos para vivienda, eran, diga usted, COP 200 millones, pero como el salario mínimo no subió lo que todos creíamos que iba a subir, sino que subió 23 %, probablemente esos COP 200 millones subieron a COP 220 o COP 210 aproximadamente”, explica Hernández.
El tercero son los subsidios. Los apoyos para adquisición de vivienda pasaron de 86.000 en 2021 a 43.000 en 2025, según BBVA Research. Sin ese colchón, comprar vivienda social deja de ser una opción real para millones de familias.
A todo esto, se suma el costo del crédito. Al 19 de junio de 2026 (último dato disponible), la tasa promedio ponderada de los créditos de vivienda se ubicaba en 14,33 % efectivo anual, según la Superintendencia Financiera. Un nivel similar al de mediados de 2024.
Lo paradójico es que esa cifra no ha respondido a las bajas del Banco de la República: como ocurre desde finales de 2024, la tasa hipotecaria ya no sigue al Emisor sino a los TES, los títulos de deuda pública a diez años. Cuando esos papeles ofrecen mejor rentabilidad que una hipoteca, los bancos prefieren invertir allí antes que prestarle a quien quiere comprar casa. El resultado es una tasa que sube aunque el Banrep baje su tasa de referencia, y que en 2026 lleva varios meses alejándose del mínimo de 11,20 % que tocó en enero de 2025.
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