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“¿Qué se necesita para el consumo de heroína? Se necesita una candela, un aluminio, un tubo y la dosis”, dice Mario, un consumidor habitual de esta droga, consultado para un estudio realizado el año pasado por el Ministerio de la Protección Social y el Fondo de Población de la ONU.
“¿Estos implementos se prestan o se cambian con un amigo o un compañero?”, le pregunta una investigadora.
“Sí, más de uno presta eso a cambio de una dosis también”.
“¿En la ‘olla’ vio si es frecuente el intercambio de estos implementos?”, se le pregunta a otro paciente, de 20 años, recluido en una cárcel.
“Sí, muchas personas compartían mucho la jeringa, o sea, había personas que llegaban enfermas, pues con la abstinencia de la heroína, pidiendo jeringas prestadas, o las compraban así usadas”.
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Este tipo de testimonios son buena parte del argumento que el Ministerio de Salud utilizará para sacar adelante un proyecto que busca proveer de jeringas a los adictos a la heroína, con el objetivo de evitar la propagación de enfermedades como el VIH y la hepatitis.
Sus temores no son gratuitos. La Organización Panamericana de la Salud viene advirtiendo sobre la creciente relación entre algunos grupos de consumidores de sustancias psicoactivas —principalmente los heroinómanos— y la adquisición de infecciones de transmisión sexual (ITS), como el VIH y las hepatitis virales.
“Esto está plenamente justificado si se tiene en cuenta que se calcula que un 30% del total de estas infecciones en el mundo (por fuera del África subsahariana) se asocian directamente a este comportamiento (al consumo a través de inyecciones) y que, en la actualidad, cerca de 16 millones de personas distribuidas en 158 países se inyectan drogas (UNODC, 2010)”, reporta el estudio del ministerio.
Hay que decir que en Colombia, según el último estudio nacional sobre población general de 12 a 65 años, el consumo de heroína es bajo (con una prevalencia de 0,19% para quienes la han usado alguna vez en la vida y 0,02% en el último año), en comparación con otras sustancias como la marihuana (8% y 1,6%, respectivamente) y los estimulantes como la cocaína (2,4% y 0,43%).
Sin embargo, advierte el estudio, esa cifra “es significativa, por lo que representa en términos de posibilidad de expansión de la epidemia de VIH”. Además, el crecimiento de su uso quedó evidenciado en el último estudio nacional de consumo de sustancias psicoactivas en población escolar, entregado el pasado abril. En ese momento la ministra de Salud, Beatriz Londoño, aseguró que después de conocerse los resultados la mayor preocupación del Gobierno era el aumento de las estadísticas en el uso de esta droga y la reducción de la edad de inicio en los años escolares.
Las primeras ciudades en probar la propuesta del Gobierno serán Pereira y Cúcuta. Pero no sólo se les entregarán jeringas a ONG y fundaciones ubicadas en zonas de alto consumo para que las distribuyan, también se harán jornadas para suministrarles metadona a los heroinómanos, un medicamento utilizado mundialmente para tratar esta adicción a través del control de la ansiedad. En ciudades como Armenia, Santander de Quilichao, Medellín, Pereira y Cúcuta, principales focos de consumo de esta droga, el Gobierno ya entrega dosis de este fármaco.
Augusto Pérez Gómez, director de la Corporación Nuevos Rumbos y quien participó en el estudio mencionado, comparte la decisión del ministerio. “Para este tipo de población tan marginada, que está en el fondo del agujero, estos proyectos tienen todo el sentido”. Dice, además, que este plan dista totalmente de la propuesta del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, de crear centros de consumo controlado.