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Para lograrlo es preciso continuar en la tarea de celebrar acuerdos de comercio; es un ejercicio tortuoso y lento, pero la postergación indefinida de los convenios de alcance global en el seno de la OMC no deja otra alternativa. Profundizar la utilización de los que ya se han suscrito. Corregir los excesos de protección arancelaria que generan un sesgo antiexportador, perjudican a los consumidores, especialmente a los más pobres, y afectan el desarrollo de los sectores productivos con mayor potencial. Y, por último, progresar, como ha venido sucediendo, en la agenda de competitividad.
El cronograma de acuerdos de comercio que el Gobierno ha seguido desde 2002 es el correcto. Por obvias razones de complementariedad económica y tamaño del mercado al que pretendemos acceder, el acuerdo con los Estados Unidos es fundamental. Los esfuerzos del pasado gobierno para lograr su aprobación por el Congreso de Estados Unidos se basaron en la supuesta “relación especial” existente entre los dos países.
Como no tuvo éxito, la administración Santos ha cambiado de estrategia: dejar de “clamar en el desierto” y concentrase, más bien, en sacar adelante los acuerdos con los rivales comerciales de los Estados Unidos: Canadá y la Unión Europea, en lo fundamental. Tal vez así “se pellizquen”.
Lograr convenios de integración económica es, apenas, el primer peldaño de una larga escalera. La tarea siguiente es conquistar los lebrar acuerdos de comercio; es un ejercicio tortuoso y lento, pero la postergación indefinida de los convenios de alcance global en el seno de la OMC no deja otra alternativa. Profundizar la utilización de los que ya se han suscrito. Corregir los excesos de protección arancelaria que generan un sesgo antiexportador, perjudican a los consumidores, especialmente a los más pobres, y afectan el desarrollo de los sectores productivos con mayor potencial. Y, por último, progresar, como ha venido sucediendo, en la agenda de competitividad.
El cronograma de acuerdos de comercio que el Gobierno ha seguido desde 2002 es el correcto. Por obvias razones de complementariedad económica y tamaño del mercado al que pretendemos acceder, el acuerdo con los Estados Unidos es fundamental. Los esfuerzos del pasado gobierno para lograr su aprobación por el Congreso de Estados Unidos se basaron en la supuesta “relación especial” existente entre los dos países.
Como no tuvo éxito, la administración Santos ha cambiado de estrategia: dejar de “clamar en el desierto” y concentrase, más bien, en sacar adelante los acuerdos con los rivales comerciales de los Estados Unidos: Canadá y la Unión Europea, en lo fundamental. Tal vez así “se pellizquen”.
Lograr convenios de integración económica es, apenas, el primer peldaño de una larga escalera. La tarea siguiente es conquistar los mercados que, al menos en teoría, se han abierto. En este campo el trecho por recorrer es inmenso. Yo le daría especial importancia a Brasil, la economía más grande de la región, la cual, además, crece a tasas elevadas volcada sobre el sector externo: en la actualidad, sus importaciones lo hacen a tasas superiores al 40% anual.
Desde cuando la administración Gaviria realizó una reforma para reducir los aranceles, ninguno de los gobiernos siguientes se atrevió a profundizar esa política. El actual ha tenido, en buena hora, el coraje de hacerlo. Según datos del World Economic Forum, antes de la reforma Colombia ocupaba el puesto 101 entre 139 países en función de la magnitud de sus aranceles. Infortunadamente, no le alcanzó el músculo político para reducir los elevados aranceles que “protegen” al agro y que, en realidad, son una de las causas de su rezago y fuente de rentas injustificadas para unos pocos.
La informalidad es el lastre de mayor envergadura que soporta nuestro país en materia de competitividad. La reciente reforma tributaria, al estimular la bancarización, debe tener efectos positivos; la ley de formalización laboral, aunque tímida, también puede ayudar. Me parece que los grandes retos en este campo para 2011 son: justicia, infraestructura y transporte carretero. Creo que el Gobierno lo tiene claro.
* Ex ministro de Industria, Comercio y Turismo.