Publicidad

La apuesta de la vida

El empresario alemán Adolf Merckle se suicidó. Era el quinto más rico de su país.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Redacción Negocios
10 de enero de 2009 - 10:00 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Cada día se hace más evidente el dicho de que “las crisis financieras son para todos”. Incluso, para aquellos que forman parte de las listas de millonarios. Fue el caso del industrial y hombre de negocios alemán Adolf Merckle, de 74 años, quien se suicidó el lunes pasado en la noche, cuando se le arrojó a un tren, en la localidad de Blaubeuren, al suroeste de su país, donde había nacido. Nunca hubo duda de que fue suicidio porque dejó una lacónica nota de despedida, en la que simplemente decía: “Lo siento”.

Su familia reconoció el suicidio en una comunicación: “La situación de crisis económica de sus empresas, ocasionada por la crisis financiera y la incertidumbre de las últimas semanas alrededor del futuro de sus negocios, así como la impotencia de no poder actuar, han derrumbado al apasionado empresario familiar que acabó con su vida”.

Merckle era el quinto hombre más rico de Alemania, detrás de los hermanos Aldi (cadena comercial) y Michael Otto (ventas por correo), con una fortuna calculada en US$9.200 millones, que lo ubicó en el puesto 94 en la clasificación mundial de millonarios de la revista Forbes de 2008.

En su vida de trabajo creó realmente un imperio farmacéutico. Sacó adelante un laboratorio con el nombre de la familia, que fundó su abuelo Adolf en 1881, y que heredó de su padre Ludwing en 1967. Le cambió el nombre por el de Ratiopharm, y lo convirtió en uno de los mayores fabricantes de medicamentos genéricos del mundo. Potenció el crecimiento a través de la compra de empresas farmacéuticas alrededor del mundo. Incorporó compañías como Phoenix Pharma AG & Co; en 1998 adquirió Fennopharm, el cual rebautizó como Ratiopharm Finlandia. En 2000 Fundó Ratiopharm en Italia, compró Technilab Pharma, que pasó a llamarse Ratiopharm Canadá y se hizo al control de Martec, en Estados Unidos.

Su conglomerado empresarial abarcaba también numerosas participaciones en empresas de diversos sectores, como el fabricante de vehículos de orugas Kässbohrer, compañías productoras de software y textileras, entre otras.

Lo cierto es que consolidó un emporio de cerca de 100 empresas, que vende alrededor de 35 mil millones de euros al año y emplea a 100 mil personas, en 24 países del mundo. Pero el veterano industrial tomó la decisión de quitarse la vida luego de perder en la bolsa y de malos resultados en otras inversiones financieras en el los últimos años.


Apuesta fallida

Pero el detonante en la decisión del patriarca alemán de acabar con su vida fue un giro inesperado. Perdió cerca de 400 millones de euros como consecuencia de su inversión especulativa en acciones de la automovilística Volkswagen (VW). Siempre fue una persona con alma de apostador.

Se la jugó a que las acciones del consorcio de Wolfsburg bajarían, pero los títulos se dispararon 146% en un solo día. Las acciones de VW vivieron un momento alcista a finales del pasado mes de octubre, tras conocerse que Porsche se había asegurado el 75% del capital de la compañía, lo que obligó a quienes apostaron a que bajaban a comprar para intentar evitar la revalorización de los títulos. Esta pérdida, sumada a otras en el mercado de capitales, llegó a 1.000 millones de euros. Las inversiones en el mercado de capitales las hacía a través del holding empresarial llamado VEM.

Ante el revés financiero, no había otra salida que la venta de la empresa Ratiopharm y sus filiales, a lo cual Merckle se resistía.

Como los males vienen juntos, otra movida que no produjo los resultados esperados fue la compra del gigante cementero HeidelbergCement y en la adquisición de su competidora británica Hanson, por varios miles de millones de euros. Si bien después de la guerra todos son generales, algunos analistas alemanes han considerado que ese negocio fue uno de sus grandes errores. Se trataba de una operación a crédito en la cual la garantía para los bancos estaba representada por las acciones de la compañía. La pérdida de valor de los papeles por la crisis financiera llevó a las instituciones bancarias a exigirle mayores garantías. Lo más preocupante era que las deudas del conglomerado superaban los 10 mil millones de euros.


El panorama de Merckle se hacía cada vez más oscuro. Los acreedores le exigían capital fresco. Aunque en los últimos días el empresario había acordado con los 30 bancos a los que debía dinero una moratoria de pagos hasta marzo de este año, así como las negociaciones para una reestructuración de la deuda y un crédito de transición cuya aprobación aparentemente era sólo cuestión de días, para Adolf Merckle no fueron suficientes.

Lo paradójico fue que dos días después de la muerte del millonario alemán, los bancos aceptaron otorgarle un crédito por 400 millones de euros, liderado por Commerzbank AG, Deutsche Bank AG, Royal Bank of Scotland Group Plc and Landesbank Baden-Wuerttemberg. Pero los herederos tendrán que vender Ratiopharm. Era un costo que Adolf Merckle no estaba dispuesto a aceptar. Los bancos también exigieron el retiro de Ludwig Merckle, quien tras el suicidio de su padre era gerente de VEM.

Pero nadie se explica su muerte, su suicidio. Había triunfado una vez más, negociando con 30 bancos que le habían otorgado nuevamente crédito, pero con un costo muy alto para él, la venta de Ratiopharm, la niña de sus ojos.

Un hombre sencillo y apegado al culto religioso

Adolf Merckle nació el 18 de marzo de 1934, en Dresden. Se graduó en artes y ciencias e hizo un doctorado en leyes. Se casó con Ruth Holland y tuvo cuatro hijos: Louis, Philip, Jane y Tobias.

Era un hombre sencillo y jovial, pero de temperamento fuerte, que iba en su viejo Mercedes a las reuniones de los empresarios farmacéuticos. Le encantaba que los hijos de sus vecinos jugaran fútbol en el jardín de su casa.

Entre sus hobbies estaba el esquí en la nieve y escalar montañas. También fue un creyente protestante practicante y muy cercano a la filosofía de su culto.


Profesaba las artes y admiraba la obra del escritor Thomas Mann. Tenía una fundación que apoya la restauración de obras de arte alrededor del mundo.

Al castillo de su finca, que Merckle había restaurado sin reparar en costos, fueron invitados los participantes en la cumbre del G-8 de Heiligendamm, en junio de 2007.

La crisis cobra más vidas de los  millonarios

El mismo día de la muerte de Adolf Merckle, Steven Good, director de Sheldon Good and Company Auctions International, una de las más grandes casas de subastas de bienes inmobiliarios de EE.UU., fue hallado muerto cerca de Chicago, Illinois. El cuerpo se encontró en el interior de su vehículo marca Jaguar. Se suicidó con arma de fuego, al parecer por problemas derivados de la crisis financiera.

Good, de 52 años, había desarrollado la empresa creada por su padre, que había vendido más de 40.000 propiedades por US$9.500 millones desde su fundación en 1965 y había hecho negocios con Donald Trump.

En otro caso, el francés Thierry de la Villehuchet, de 65 años, cofundador del fondo Acces International, se suicidó poco antes de Navidad después de verse arruinado por el fraude de la pirámide de Bernard Madoff.

Por Redacción Negocios

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.