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La semana pasada se puso punto final a una disputa tecnológica de vieja data. Microsoft y Apple, los dos gigantes que protagonizaron una acérrima rivalidad por el mercado en los años 80 y 90, firmaron la paz. Lo hicieron al más puro estilo de Silicon Valley: con el lanzamiento de la aplicación móvil de Office, el conjunto de programas de productividad que vende al año más de US$1.500 millones, para iPad.
Aquel logro, en realidad, comenzó a forjarse hace dos años cuando Microsoft estableció su propia división de investigación de consumo. Gracias a ella entendieron el modelo que hace 20 años los llevó a la cima, caracterizado por la comercialización de licencias y programas en los mercados activos. Ahora, el mundo gira en torno de los dispositivos móviles. Y las economías más dinámicas son las que permanecieron en la sombra: América Latina, África, Asia Pacífico, Oriente Medio y Europa Oriental.
“Hoy vemos muchos mercados con niveles similares de adopción de teléfonos inteligentes y de internet”, explica Thom Arkestål, gerente de investigación para mercados emergentes y uno de los expositores principales del Tercer Congreso Internacional de Mercadeo y Publicidad Digital que se realizará el 2 de abril en Bogotá.
Su trabajo se ha enfocado especialmente en el último año en las relaciones que los usuarios de nueve países, entre los que se encuentra Colombia, han establecido con la tecnología en la vida cotidiana, en especial en lo que tiene que ver con su información privada. De allí que su equipo haya establecido que el 80% de los colombianos prefieren las marcas que les piden permiso antes de utilizar su datos personales con fines comerciales y que el 76% manifieste haberse convertido en un cliente habitual de aquellas compañías que escogen el momento oportuno para interactuar con ellos y darles ofertas.
Gracias a su trabajo, Microsoft ha establecido ocho tendencias principales en el mundo de la tecnología, entre las que sobresalen la creación de nuevos contenidos y aplicaciones (en lugar de solamente consumirlas), las redes sociales especializadas para escapar de la avalancha informativa que producen medios como Facebook o Twitter, el control de espacios privados libres de publicidad digital y el uso de servicios que los asesoren a la hora de decidir una compra.
El objetivo de recabar toda esta información va más allá del simple hecho de conocer mejor a sus usuarios. De acuerdo con los cálculos de la multinacional, se estima que en 2030 los países emergentes generarán alrededor de un billón de nuevos consumidores. Gracias a ellos, la clase media global aumentará hasta los 5 billones de personas que tendrán la posibilidad de gastar US$55 trillones al año.
“Sabemos que la industria evolucionará hacia dispositivos cada vez más integrados y estamos trabajando muy duro para ser parte de ese futuro porque sabemos que podemos hacerlo mejor que los demás”, comenta Arkestål. De ahí que la compañía haya cambiado en años pasados su rumbo para adentrarse en el ecosistema móvil, en una primera fase, con la reingeniería de su sistema de correo electrónico en la plataforma Outlook; en una segunda, con la inclusión de nuevos servicios, como Skype, y en esta tercera —no la última—, con apuestas concretas de interactividad en el segmento de entretenimiento a partir de su consola Xbox y en las aplicaciones móviles con el sistema operativo Windows Phone.
“Nuestra apuesta por el ecosistema móvil es clave, en especial porque gran parte de los mercados emergentes está construyendo industrias digitales. Ahora las personas navegan por primera vez en internet a través de teléfonos y no de computadores de escritorio. Allí está nuestro futuro en producir servicios de calidad para estas plataformas”, señala.
Esas serán las banderas que la compañía, que hizo un nombre en los últimos 30 años licenciando su sistema Windows para computadores, tiene por delante.
dmayorga@elespectador.com