10 Dec 2019 - 4:12 p. m.

La desigualdad tiene que ser vista más allá de la economía

La complejidad de fenómenos como el cambio climático y el acceso a tecnología plantea nuevos problemas y retos para construir a sociedades menos desiguales. Se requiere pensar en términos que van más allá de las mediciones macroeconómicas clásicas, así como redefinir los balances de poder, que pueden beneficiar la creación de nuevas brechas.

Redacción Economía.

/ Getty Images
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“Con demasiada frecuencia, los análisis de la desigualdad se limitan al terreno económico, partiendo de la idea de que el dinero es lo más importante en la vida”.

Así empieza el más reciente informe sobre desarrollo humano de las Naciones Unidas (en cabeza del PNUD), que fue presentado este lunes en Bogotá.

Una de las principales noticias del documento es que muestra una gran mejoría de Colombia en el escalafón elaborado por el PNUD, bajo un indicador conocido como Índice de Desarrollo Humano (que se mide de 0 a 1, entre más cercano a uno mejor desempeño). El país subió 11 lugares en el ranking y se ubicó en la posición número 79.

 

 
 

Un dato celebrado por prácticamente todos los sectores y especialmente por el Gobierno, más aún en tiempos de movilizaciones sociales y un amplio nivel de impopularidad de la administración de Iván Duque entre los ciudadanos.

Ahora bien, lo más interesante del informe es que, si bien le sigue la pista a indicadores económicos clásicos, buena parte de su argumentación es que la lucha contra la desigualdad se da en un terreno que trasciende la visión macroeconómica de la sociedad.

De cierta forma, esta argumentación se entiende con la popular frase de “la economía va bien, pero el país va mal”.

El interés del PNUD es entender cómo otras dinámicas están trazando los caminos hacia nuevas desigualdades y, a su vez, ensanchando las que experimentamos hoy.

En esta línea, el organismo presenta el cambio climático y el impacto de la tecnología como dos de las fuerzas que están cambiando el panorama social y que serán enormes motores de desigualdad si no se toman acciones para acomodarse socialmente a los desafíos que proponen.

Aunque suene un poco una verdad obvia, el informe resalta que no hay una fórmula mágica para adaptarse y lidiar con las tensiones que estos fenómenos provocan porque cada país tiene lógicas y modos de funcionamiento distintos. En pocas palabras, una talla no le sirve a todos.

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Y, sin embargo, el organismo traza rutas por las que bien pueden encontrarse equilibrios y formas de adaptación frente a estas dos enormes fuerzas. El documento señala asuntos como crear nuevas formas de medición y análisis que trasciendan la mirada macroeconómica clásica. “Con demasiada frecuencia el debate sobre la desigualdad se simplifica en exceso, basándose en medidas sintéticas de la desigualdad y datos incompletos que ofrecen una imagen parcial —y, en ocasiones, engañosa—, tanto en lo que se refiere a los tipos de desigualdad considera­dos como a las personas afectadas”, se lee en el documento.

El PNUD asegura que la lucha contra la desigualdad es una tarea que debe darse, claro, desde la política pública, pero con una perspectiva humana, una cierta cercanía al individuo. En últimas, el problema se ha complejizado y su respuesta requiere ir más allá del PIB, el IPC, la tasa de desempleo y las reformas tributarias: “Un enfoque de la desigualdad basado en el desarrollo humano adopta una visión centrada en las personas: lo importante son las capacidades de estas para ejercer su libertad para ser y hacer aquello a lo que aspiran en la vida”.

El documento habla de ir más allá de los ingresos, del promedio y del presente. Una visión que implica repensar los balances de poder que perpetúan desigualdades a lo largo del tiempo, los efectos futuros de las políticas públicas, la creación de nuevas métricas (como ya se dijo) y la resolución de asuntos como acceso a la tecnología, que a la larga terminan siendo factores que generan sus propias desigualdades.

Como se puede ver en los siguientes gráficos, la desigualdad entre grupos poblacionales (que el PNUD clasifica como grupos de desarrollo humano, que van desde bajo hasta muy alto) sigue marcando diferencias drásticas en temas como salud, educación y acceso a tecnología.

 

 
 

 

 
 

 

 
 

Achim Steiner, administrador del PNUD, dijo lo siguiente en una entrevista para este diario: “En muchas partes del mundo vemos un debate político creciente, que a veces se manifiesta en polarización y otras veces en protestas, y tiene que ver con la insatisfacción por los resultados del desarrollo en los últimos 10, 20 y 30 años. Esto no se puede entender si examinamos sólo los indicadores económicos tradicionales. Normalmente, el éxito de un país se mide según el ingreso per cápita, pero hay un debate más sofisticado sobre lo que es justo, se están cuestionando las instituciones de gobierno y los modelos económicos”.

Sobre Colombia y la región, el informe asegura que “Colombia se encuentra en el puesto 79 entre 189 países, lo cual ubica al país en la categoría de Desarrollo Humano Alto.  Entre 1990 y 2018, el Índice de Desarrollo Humano del país pasó de 0.600 a 0.761, un aumento notable del 26.9%. La expectativa de vida al nacer incrementó 7.4 años, mientras los años de escolaridad aumentaron 2.9, y el promedio de escolaridad aumentó 5.5 años. Asimismo, el ingreso per cápita aumentó 74.5% (…). No obstante, cuando el Índice se ajusta por desigualdad, países como Brasil, México y Colombia registran caídas significativas de su desarrollo humano. América Latina continúa siendo la región más desigual del mundo, poniendo de manifiesto un desafío estructural acumulado por los últimos decenios". 

 

 
 

 

 
 

 

 
 

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