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La dulcería audiovisual

Antes de la Ley de Cine de 2003 se hacían tres películas al año y en 2012 se estrenaron 23. Sin embargo, todas las industrias culturales constituyen sólo el 0,46% del PIB nacional.

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Mariángela Urbina Castilla
18 de julio de 2014 - 04:19 a. m.
Claudia Triana, Will Massa, Mónica de Greiff, David Codling y Lindsay Croisdale-Appleby. / Cortesía
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Una tienda de dulces gigante. Eso puede parecerles el Bogotá Audiovisual Market (BAM) a los jóvenes realizadores de cine en Colombia: 19 empresarios de la industria fílmica del Reino Unido, la delegación internacional más nutrida de la historia del BAM, además de otros 101 productores de países como Francia, Canadá y Alemania, reunidos en un solo sitio. “Todos están dispuestos a escuchar nuevos proyectos e ideas, a crear sociedades, a hacer amigos, pues fueron invitados para eso: para oír”, asegura Claudia Triana, presidenta de Proimágenes.

Según el Creative Economic Report de 2013, Colombia es el segundo productor de bienes culturales en Latinoamérica y el cuarto exportador de cine de Suramérica. Ha pasado una década desde la Ley de Cine de 2003. Antes de la regulación, se producían tres películas al año en promedio y en 2012 se estrenaron 23. Ese mismo año el Gobierno estableció facilidades fiscales para nacionales y extranjeros que escogieran el país como locación de su trabajo. Y desde hace cinco años, Proimágenes y la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB) organizan este encuentro entre realizadores y administradores que, según Mónica de Greiff, presidenta de la CCB, también “fomenta el cine nacional y en especial el de Bogotá”. En la capital hay 816 empresas registradas que prestan servicios asociados a la producción de contenido audiovisual y esta es la ciudad del país que más proyectos en este sector concentra.

Todas las industrias culturales constituyen sólo el 0,46% del PIB nacional, pero, como asegura Diana Patiño, productora general del cortometraje Leidi, ganador de la Palma de Oro en Cannes, “la Ley del Cine incentivó la producción audiovisual, pero hasta ahora estamos en el proceso embrionario”.

Patiño y Simón Mesa, director de Leidi, hacen parte de la lista de invitados nacionales del BAM este año. Mesa resultó ganador de una de las becas que Colfuturo asigna a los estudiantes de audiovisuales y gracias a eso hizo su maestría en la London Film School. En palabras de Triana, “Proimágenes, como representante del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), tiene un convenio con Colfuturo. Ellos dan su crédito-beca de hasta US$50.000. Cuando vuelven al país les condonan US$25.000, y si continúan trabajando en el sector audiovisual se les entrega el 90% de la parte restante. Así es prácticamente una beca del 90%”. Mesa hace parte del grupo de 70 seleccionados por esta convocatoria.

Para Will Massa, gerente del programa de cultura del British Council, “la delegación británica está conociendo Colombia. Lo que queremos es que los productores del Reino Unido vean el país. Muchos de ellos no quieren quedarse en un solo sitio, sino que tienen productos en mente con selva o con playa. Ahora tenemos algunos conociendo Cartagena. Están descubriendo que en Colombia hay un gobierno que descubrió la utilidad de invertir en este sector. A la vez queremos ver hasta dónde se puede llegar con colaboraciones entre ambos países en el futuro”.

Es el caso de Gaia Meucci, encargada de la programación del Encounters Short Films Festival que se realiza en Bristol: “Quiero intentar hacer un intercambio entre películas cortas que se hacen aquí con lo que nosotros presentamos allá. De Colombia lamentablemente no se sabe mucho en Inglaterra en cuanto al cine. Gracias a este viaje descubrí Bogoshorts. Me pareció sorprendente que cada semana estrenen un corto nuevo. Eso dice mucho de la cantidad de contenido que se produce aquí”.

Según la Cámara de Comercio de Bogotá, el año pasado el 34% de los compradores del BAM cerró negocios de manera efectiva. A la vez, el 85% acordó reuniones con productores colombianos para avanzar en posibles negocios y el 69% solicitó propuestas para negociaciones futuras.

Hacer una película, terminarla y luego distribuirla es un proceso dispendioso, que se toma tiempo, y para materializarlo las relaciones con agentes de venta pueden ser incluso más determinantes que la contundencia de la historia o el atractivo de la narrativa. Sin embargo, dentro del marco del BAM también habrá espacio para conversar sobre lenguaje audiovisual y, en general, discutir sobre cine en términos académicos, no sólo para hablar del mercado, aunque entender cómo funciona la industria es la principal ganancia que los organizadores ofrecen a sus participantes, seleccionados por la claridad y madurez de sus proyectos.

“Este es un lugar para el intercambio de ideas, de culturas. Los internacionales vienen y se sorprenden. Usted sabe cómo son los europeos cuando les faltan cinco pesos. Aquí nos ven, con lo poco que tenemos, siempre sonrientes. Hacemos mucho con muy poquito”, afirma Triana. Si se hace mucho con poco, ¿se imagina lo que lograría el cine colombiano si se tuviera más?

 

 

mariangelauc@gmail.com

@mariangelauc

Por Mariángela Urbina Castilla

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